Los jesuitas abandonan Vigo, donde estaban desde 1874
Los seis últimos de sus miembros dejarán en breve las instalaciones del Colegio Apóstol Santiago, emplazado en su actual ubicación desde hace casi un siglo
Luego de 149 años de presencia continua en la ciudad, lacomunidad jesuita abandona Vigo. Su colegio, por el que pasaron varias generaciones de vigueses, seguirá existiendo y perteneciendo a la comunidad, como centro privado, y será tutelado por miembros de la orden de Santiago, en su aspecto pastoral, y que desplazarán todas las semanas a Vigo. Pero la comunidad estable desaparece.
Al igual que otras instituciones religiosas, la crisis de vocaciones ha reducido significativamente el número de miembros de la orden de San Ignacio de Loyola, de larga tradición en Vigo. Los seis últimos jesuitas serán enviados a otros lugares o, por razones de edad, al merecido retiro. La noticia de su marcha es, sin duda, un hecho que causará pesar, por el afecto que tienen en esta ciudad y su actividad en todos los órdenes, educativo, social, pastoral y de compromiso con la sociedad que los jesuitas tienen en Vigo.
Históricamente, llegaron a tener otros núcleos: aparte del colegio, la residencia de marqués de Valladares, donde entre otros recordamos a los padres Hervada, Seixas, Villamil y Magadán, y, por otro lado, el compromiso de un conocido “cura obrero”, dirigente sindical en Ascon, Benito. Podemos reconstruir la historia de los jesuitas en Vigo gracias al padre Fernando López Combarros S.J., último superior del Colegio, natural de La Bañeza (León), amigo desde la infancia del ex diputado socialista y paisano Jesús Bahillo.
A lo largo de su presencia en Vigo y en las diversas etapas, los jesuitas estuvieron establecidos en diversos puntos de la ciudad. Inicialmente, se establecen en dos casas, la primera en la calle Reguía, donde están dos años, para luego trasladarse a la calle Real, cerca, por cierto, de la imprenta donde se editaron las primeras obras de Rosalía de Castro. Todavía no se dedican a la enseñanza, sino a la actividad pastoral. Los primeros jesuitas llegan como máximo a seis. Están inicialmente ocho años y les prestan la iglesia de la Misericordia, posteriormente derruida para abrir la calle Elduayen.
En el Archivo Diocesano de Tui hay un documento donde refleja lo poco que percibían y cuáles eran sus compromisos. Esta comunidad tiene que salir adelante con muy pocos recursos, ya que les pagaban un escaso estipendio. Inicialmente, pese a las reticencias con que eran acogidos por el clero regular, son bien recibidos por el obispado. Como ninguno de ellos llegó a tener a su cargo una parroquia propiamente, la relación con el prelado era relativa. La iglesia donde se instalan estaba regida por un patronato y era propiedad de una cofradía de mareantes, que luego será expropiada. Hubo un conflicto con el Ayuntamiento en este asunto, pero la estima que habían logrado aquellos primeros jesuitas se tradujo en el proyecto de dotarlos de una casa, pero todavía estaba lejos la idea de un colegio. Su reducida actividad y de colaboración con las parroquias se incrementa cuando llega el padre Doncel. Llegan a ser cuatro sacerdotes y un hermano. Con ellos estuvo un destacado jesuita portugués, muy perseguido en su país.
Desaparece
La comunidad de jesuitas de Vigo desparece, dice el padre Fernando López Combarros, “porque cada vez somos menos y más mayores. Es la razón fundamental”. Y sobre la suerte del colegio de Vigo, de los seis jesuitas que quedan, dos se irán a la residencia de A Coruña: otros dos a la residencia sacerdotal de A Guía, otro se va a Gijón, y el último a Alcalá de Henares.
El colegio de Vigo seguirá perteneciendo a los jesuitas. De Santiago vendrán tres días a la semana dos miembros de la orden para llevar la parte pastoral del mismo, teniendo en cuenta su nivel religioso. Vigo no puede olvidar, aparte de la labor del colegio, la impronta de la residencia de Marqués de Valladares y su papel en el final del franquismo y la transición. Su iglesia albergó numerosos actos de la oposición democrática y del movimiento obrero, y los citados jesuitas de aquel centro, antes citados, Hervada, Seixas, Magadán, Villamil y otros, aparte de su calidad humana y compromiso destacaron por sus valores culturales y papel animador en la sociedad.
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