Isabel Braz: "La saudade es propia de Portugal y Galicia, no tiene traducción en otros idiomas"
Escritora lusa, autora del libro “Homens de alma triste”
Vigo acogió durante dos días la “Festa do Livro em Portugués”, una cita que se celebró en el Camões, en la Plaza de Almeida del Casco Vello. Por la sede del Centro Cultural Português desfilaron autores, editores y distribuidores para poner en valor los libros en lengua portuguesa, que suelen estar muy poco representados en las librerías gallegas. Una de las autoras que participaron fue Isabel Braz, con una trayectoria profesional centrada en el mundo de la empresa en Lisboa y Cabo Verde y con numerosas publicaciones en diarios y revistas sobre temas económicos. En Vigo presentó su segunda novela, “Homens de alma triste”, en la que cuenta la historia de su abuelo materno, que emigró con solo 12 años desde una aldea gallega (A Ermida, en Pazos) a Lisboa en busca de un futuro mejor.
¿A qué se refiere con alma triste?
No es que fueran tristes, en realidad había una alegría de vivir y eso nos lo pasaron a nosotros, pero los inmigrantes siempre tienen una morriña de la tierra. Yo tenía la historia de mis abuelos en la cabeza, había oído mucho sobre su vida aquí en Galicia y después allá en Lisboa.
¿Por qué se fue?
Su madre se había quedado viuda a los 28 años con tres niños pequeños. Entonces empezó a educarlos para salir de la aldea, para tener una vida mejor, y el primero que lo hizo fue mi abuelo, que era el hermano del medio. Se fue para Lisboa con 12 años.
¿Es muy duro emigrar?
Es duro y en esa época más, porque en esa época la emigración gallega no tenía las condiciones que tenemos hoy y la gente salía muy joven, no fue solo mi abuelo. Su madre pensó que sería mejor Lisboa porque había muchos gallegos allí, gente conocida y familia, y porque tendría la oportunidad de verlo más veces. Mucha gente se fue para Argentina o Brasil y nunca más se veían. En Lisboa estaban acostumbrados a los gallegos, sabían que era gente trabajadora y que no se metía en líos.
¿Encontraban trabajo?
Sí, era fácil. La emigración gallega empezó muy temprano en Lisboa, siempre que ocurría algo difícil en la sociedad se iban para allá a trabajar. Cuando fue el terremoto de Lisboa, en 1755, fueron los gallegos los que la reconstruyeron, con su trabajo y sus conocimientos. Ahora es diferente, los que se desplazan a trabajar allí van a empresas y multinacionales. Mi abuelo empezó trabajando en ultramarinos, llevaba la compra a la casa de la gente, y cuando hizo un poco de dinero, con 19 años, montó su primer comercio.
¿Dejaron huella en Lisboa?
Hay mucha gente de Lisboa con abuelos gallegos y que tienen sus casas aquí. En mi aldea aquí en Galicia hay muchas casas vacías, pero si vienes en verano están todas abiertas y la mayoría son de Lisboa.
¿Cree que la morriña o la saudade es un sentimiento que solo sucede en Galicia o Portugal?
Es algo de esta lengua, no tiene traducción en otros países, ese sentimiento que tenemos de alma triste solo se da en Portugal y en Galicia. En Portugal dicen que empezó con la época de los Descubrimientos, cuando salían en barco y no sabían si conseguirían llegar.
Ahora se habla de emigración pero para demonizarla.
Yo no lo puedo demonizar porque mis raíces son de inmigrantes. Para mí es una barbaridad lo que se está haciendo con los inmigrantes en cualquier parte del mundo, sea Europa o Estados Unidos. Es gente y es gente que no quiere más que trabajar y vivir mejor. Además, son países que viven de la inmigración como Portugal, Estados Unidos, Canadá o Australia, y de repente aparecen unos discursos que para mí no tienen ningún valor.
En el libro habla también de la pérdida de la lengua.
Hablo de eso porque mis abuelos salen de una aldea de Galicia con pocas escuelas. La que había era una escuela en lengua castellana pero en casa se hablaba gallego y muchas veces no entendían lo que les decían. Ahora las generaciones más jóvenes ya estudian gallego y lo hablan. Mis abuelos salieron de allí para Lisboa y tuvieron que hablar portugués, pero lo hacían con su acento gallego. Mi abuela vivió en Lisboa 66 años y siempre mantuvo ese acento.
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