Investigan el impacto del ejercicio físico en la cirugía bariátrica

Sanidad

El servicio de Cirugía General y Digestiva del Cunqueiro crea un gimnasio y reclutará a 130 pacientes para realizar el estudio

Desde la izquierda, Borja Portabales, Marta López, Marta Iglesias, Raquel Sánchez y Javier Prieto, en el gimnasio.
Desde la izquierda, Borja Portabales, Marta López, Marta Iglesias, Raquel Sánchez y Javier Prieto, en el gimnasio. | Vicente Alonso

Investigadores del Galicia Sur estudian los beneficios que puede tener un programa de ejercicio físico adaptado en pacientes con obesidad que se someten a una cirugía bariátrica.

Consideran que el ejercicio físico es un tratamiento más que debería incluirse en la práctica habitual del sistema sanitario por los beneficios que aporta y se proponen demostrarlo científicamente en un estudio con la participación de unos 130 pacientes de la lista de espera de cirugía bariátrica del Cunqueiro.

Es un proyecto coliderado por la jefa de Cirugía General y Digestiva del Cunqueiro, Raquel Sánchez Santos, y el catedrático de Fisiología de la UVigo e investigador del Cinbio Federico Mallo, que obtuvo ayudas del Instituto de Salud Carlos III. También lograron becas de la Asociación Española de Cirujanos y de la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad, porque se prevé que de esta iniciativa salgan tres tesis doctorales.

Están en la primera fase, en la que ya crearon un pequeño gimnasio en el Cunqueiro, se hicieron los protocolos del estudio y reclutaron a los primeros 32 pacientes. El proyecto dura tres años.

El ejercicio como arma

Estudiarán el impacto del ejercicio físico a nivel molecular durante tres meses, un mes antes de la operación y dos meses después, examinando indicadores del estado metabólico, músculo e hígado de los pacientes, además de identificar patrones que permitan predecir la evolución, complicaciones y pérdida de peso en pacientes sometidos a esta cirugía.

Raquel Sánchez señala que el ejercicio físico es beneficioso de por sí para el cuerpo, pero además disminuye la inflamación, mejora la capacidad funcional física (cardiaca y pulmonar) y mejora la función hepática.

El fisioterapeuta del servicio de Cirugía General y Digestiva Borja Portabales evalúa la capacidad de los pacientes a nivel aeróbico y mide la fuerza que tienen. Lo hace antes y después del ejercicio y durante todas las fases del proyecto (en el preoperatorio y el postoperatorio). Durante el ingreso en planta también realiza un seguimiento y les ofrece pautas de ejercicio y de fisioterapia respiratoria.

Otra pieza clave del proyecto es el entrenador deportivo, Javier Prieto, que decide los ejercicios que puede realizar cada uno, según su estado físicos y sus limitaciones, como parte del tratamiento (cómo, cuándo y de qué manera). Prieto está haciendo una tesis relacionada con el proyecto bajo la dirección del catedrático Federico Mallo.

Nuevas tesis

Del proyecto surgirán otras dos tesis, dirigidas por Raquel Sánchez, de las cirujanas Marta López y Marta Iglesias. La primera se ocupó del protocolo del programa que se llama Cápsulas de Ejercicio para Obesidad, con el diseño del tratamiento que se hará, las analíticas previstas, las pruebas de laboratorio, entre otros aspectos.

Marta Iglesias trabajará en el diseño de los protocolos para llevar a cabo un subestudio posterior, en este caso para realizar un seguimiento de estos pacientes durante un año y comprobar los beneficios del ejercicio tanto en la enfermedad hepática como el síndrome metabólico, entre otros parámetros.

La cirujana Raquel Sánchez subraya que si todo sale bien y se puede demostrar que el ejercicio es un beneficio añadido, además de la cirugía, el siguiente paso sería solicitar al Sergas que incluya a entrenadores deportivos dentro del equipo multidisciplinar que se ocupa del manejo de los pacientes con obesidad.

Actualmente, el equipo de cirugía bariátrica ya no se reduce a los cirujanos, sino que participan especialistas de distinta índole. En el Cunqueiro tienen incorporada la figura del fisioterapeuta, pero no la del entrenador físico. Creen que la participación de ambos profesionales es clave para que los pacientes realicen el ejercicio adecuado, que al final es un tratamiento más.

La también cirujana Marta López añade que se trata de acercarse un poco más a estos pacientes, que tienen comorbilidades que limitan mucho su actividad diaria y que afectan a su calidad de vida. “Reforzamos el acompañamiento y la tutorización a lo largo de todo el proceso. Los pacientes lo agradecen muchísimo, vienen muy motivados a los entrenamientos que hacemos dos días a la semana”.

Colaboradores

Además de los investigadores mencionados, en el proyecto colabora el Instituto de Invetigación Sanitaria Galicia Sur, el Centro de investigación en Nanomateriales y Biomedicina de la UVigo, el equipo de la doctora Ana Belén Crujeiras del IDIS, los doctores Marta Varela y Juan Turnes del CIMUS que asesorarán en temas de hepatología, además de profesionales de distintos servicios del Cunqueiro como Cirugía General y Digestiva, Endocrino, Anatomía Patológica y Farmacia.

Buena parte de la aportación de estos servicios y centros de investigación serán las mediciones, analíticas y pruebas previstas, algunas de ellas muy costosas.

El Cunqueiro se marca el reto de llegar a 200 operaciones al año

El servicio de Cirugía General y Digestiva del Cunqueiro realiza entre 130 y 150 cirugías bariátricas al año. Los responsables de este servicio elaboraron un plan con la dirección del área sanitaria para tratar de superar las 200 operaciones al año con el objetivo de responder a la demanda y reducir la lista de espera.

La cirugía bariátrica está indicada en aquellos pacientes con obesidad mórbida en los que fracasaron los tratamientos previos. El objetivo es lograr un control de peso a largo plazo y mejorar todos los problemas asociados, como la diabetes, la hipertensión arterial, insuficiencia coronaria, síndrome de apnea del sueño, alteraciones articular, entre otros. La mayor parte de los obesos que se someten a esta intervención pesan entre 120 y 190 kilos. La operación consiste en reducir la capacidad del estómago del paciente para que la ingesta de la comida sea menor, al tiempo que se realiza una modificación en el intestino para disminuir la absorción de los alimentos. Es una operación complicada, por lo que los criterios de selección de los pacientes son muy rigurosos, con un protocolo estricto en el que se valora su estado físico y psíquico, su nivel de comprensión y el compromiso de colaborar en el seguimiento posterior y el mantenimiento de hábitos de vida saludables.

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