Vigueses distinguidos 2026
El IES Alexandre Boveda y el IES Álvaro Cunqueiro, Vigueses Distinguidos
Cuando el comité clínico decidió que, al superar los 500 casos de covid por cada 100.000 habitantes, Mos debía cerrarse perimetralmente obligando a los negocios de hostelería y restauración a cerrar la persiana, el sector hostelero de esta pequeña localidad no lo entendió. La razón principal reside en el origen del brote que ha provocado una regresión en la situación epidemiológica mosense: el instituto. “Fue ahí y no en bares o en cafeterías donde se contagiaron”, esgrimen los hosteleros de la zona al tratar de comprender la razón por la que deben cerrar sus puertas el próximo sábado.
El clima general en bares y cafeterías de Mos es de indignación, pues llueve sobre mojado. Hace pocos días Sanidade restringió el uso de los interiores y sus peores pesadillas se confirmaron el pasado martes: deberán volver a bajar la persiana.
Pero esta vez es diferente. Esta vez el foco del brote está perfectamente identificado y no es una terraza o un restaurante, por lo que la indignación es todavía mayor. Cuando muchos de los propietarios de este tipo de locales todavía estaban recuperándose de la última vez que Sanidade cerró a cal y canto el sector, sufrirán de nuevo un cierre que, esperan, se prolongará como mínimo 15 días.
Y es que en las últimas dos semanas, se detectaron en este municipio 76 casos, 33 de los cuales pertenecen a estudiantes del IES de Mos. A causa de esto, la incidencia a 14 días se disparó a 505, por lo que el comité clínico decidió elevar el nivel de alerta al máximo. Se trata del primer concello del área sanitaria viguesa en entrar en situación de cierre perimetral desde que Sanidade retiró esta medida en las siete grandes ciudades en la desescalada iniciada en el mes de febrero, tras la tercera ola del covid. Y los hosteleros de Mos cruzan los dedos para que se acabe lo antes posible para volver a trabajar con relativa normalidad.n
En una pequeña placita de la localidad de Mos, Nino regenta la cafetería “Casa Panadeiro”. Este hostelero está harto de que “siempre nos machaquen a nosotros”. Actualmente, abre su local con apenas dos mesas disponibles en la terraza –la situación epidemiológica del municipio impide a los bares abrir en el interior–, que no generan ingresos suficientes. “Nos tratan como si fuéramos delincuentes, no lo entiendo”, se queja este hostelero. La mayor injusticia, de acuerdo con Nino, de esta situación es que le obliguen a cerrar su establecimiento por causa de un brote que se produjo en un instituto. “Si me dicen que hay brotes en restaurantes en cafeterías, pues sí, pero todavía nadie demostró que se contagia gente en estos sitios”, explica.
Nino indica, además, que durante todo el tiempo que les dejaron abrir desde el último cierre, los casos de covid se mantuvieron en el concello hasta este preciso momento en el que surgió el foco del instituto. “La gente se contagia en sus casas, no aquí”.
La falta de alternativas a la hora de proponer restricciones para contener la pandemia es otro de los temas que enfadan a este hostelero mosense. “¿Por qué nos cierran directamente?”, se pregunta una y otra vez mientras asume que en apenas dos días tendrá que volver a cerrar las puertas de su establecimiento, pues dadas las particularidades de esta localidad, es inviable ofrecer sólo un servicio para llevar.
Pegado a la A-52, a su paso por Mos, se encuentra el “Bar Carballo”, cuyo dueño es Manuel Miranda. Este hostelero, al igual que muchos otros compañeros, no logra comprender que “siempre lo pague la hostelería. Hay brote en un colegio y cierran la hostelería, en otro sitio y lo mismo”. Reitera que en el sector “cumplimos las normas, o por lo menos la gran mayoría intentamos cumplirlas”, y advierte que “estoy esperando ver noticias de brotes en cafeterías o restaurantes. Por el momento no salió ninguna”.
Manuel está convencido de que esto durará al menos 15 días. Además, explica que no sólo los hosteleros salen perdiendo con estas medidas. “Esto es una cadena. Los distribuidores de comida no venden nada. Yo, por ejemplo, hago la compra y cojo cosas para la cafetería porque no compensa tener mercancía en el almacén. Si te hacen cerrar, tienes que tirar mucho producto a la basura".
“Los que llevamos años vamos tirando”, explica Miranda sobre las consecuencias de estos cierres, mientras se compadece de los nuevos emprendedores que tienen alquileres de grandes dimensiones: “A ver cómo se hace frente a eso”. Cuestionado por las ayudas, su respuesta es clara: “No valen de nada, lo que hay es que trabajar”.
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