Flamencos y cisnes salvajes se instalan en la Ría de Vigo

Las salinas de Ulló, donde comienza el mar, se ha convertido en una reserva espectacular de aves en libertad

Cisnes salvajes en las salinas de Ulló
Cisnes salvajes en las salinas de Ulló | Atlántico

La Ría de Vigo tiene unos 33 kilómetros de longitud, con las Cíes en un extremo, algo bien conocido, pero mucho menos lo es el otro, las salinas de Ulló, en Vilaboa, donde el mar llega a meterse hasta el interior. Ahí nace la Ría. En ese espacio tan singular, se encuentra una reserva de fauna y aves espectacular, que tiene como inquilinos habituales una pareja de cisnes salvajes. No hay otro caso en las rías, salvo en ocasiones en los estuarios de los ríos. Pero en Ulló los cisnes anidan de forma permanente.

Hace unas semanas, la familia creció con la llegada de cuatro flamencos, una estampa no del todo inhabitual, ya que ya registros de la presencia de esta especie desde los años setenta del pasado siglo. Durante unos días, convivieron en aparente armonía con cisnes, garzas y cormoranes.

Antón Lois, de Amigos da Terra, una organización que sigue muy de cerca los cambios en el paisaje, el mar y la tierra, tiene una explicación sencilla sobre la llegada de las zancudas: sencillamente, por una cuestión de alimentación. “Lo que suele pasar en estas zonas, como en la Ensenada del Grove, es que son espacios con aguas someras, hay gran concentración de fitoplancton y de alevines al tratarse de agua con poca profundidad y para las aves es un auténtico restaurante, tienen acceso a comida con facilidad y es una zona de invernada, sobre todo en otoño y en invierno", explica. Señala Lois que en el caso de las aves migratorias, llegan del norte de Europa, donde las salinas en las que anidan estarían cubiertas de hielo y vienen a pasar el otoño y el invierno y cuando suben las temperaturas vuelven “Solo porque aquí tienen acceso a la comida, no es por el frío, que lo soportan bastante bien. Se está notando en los últimos años que estas aves llegan más tarde y se van antes, porque las zonas cubiertas del norte están cada vez cubiertas de hielo durante menos tiempo”. En el caso de los flamencos, un dato clave fue la sequía en verano, que se prolongó hasta mitad de octubre. “Eran juveniles que encontraron comida en un entorno muy propicio, así de sencillo”.

En cuanto a la presencia permanente de cisnes salvajes, asegura Antón Lois que a finales del pasado siglo se soltaron unas parejas de aves, no solo patos, que poco a poco se asentaron en las salinas, donde anidan. Hay un pero: “El problema es la línea genética, que es la misma, lo que provoca endogamia”.

Los flamencos se instalaron en la parte de la salina de Vilaboa en la que hay más vegetación, alimentándose sin aparentes problemas cerca de cisnes, gaviotas reidoras, cormoranes e incluso garzas. Es una de las aves acuáticas más espectaculares que pueblan los humedales en España y destaca por su gran tamaño y sus largas patas y cuello.

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