Aquellas Fiestas de San Francisco de Sales de otro tiempo
Episodios vigueses
Era un gran acontecimiento cívico y social: primero, misa en la iglesia de los salesianos, y luego recepción y ágape
Cada 24 de enero los viejos periodistas recordamos aquellos tiempos en que la fiesta de nuestro patrono San Francisco de Sales era un gran acontecimiento cívico y social: primero, misa en la iglesia de los salesianos, y luego recepción y ágape en nuestro local social en la calle marqués de Valladares y homenaje a los veteranos, con la asistencia de las autoridades locales y representaciones de todos los órdenes sociales, culturales, representativos, económicos y sindicales. A partir de que perdimos la Hoja del Lunes en 1981, que era nuestro medio de financiación, pudimos mantener la fiesta con decoro gracias a las cuotas de los asociados. En mi etapa como presidente de la Asociación (1992-2010) la fiesta se mantuvo para luego desaparecer tras mi cese. Pero todavía en 2009 celebramos el centenario de la asociación y editamos un denso libro con su historia. En cambio, en Galicia, otras asociaciones, como la de Lugo y A Coruña mantiene su presencia y actividad. La de Lugo tiene una licencia de radio, y la de A Coruña tiene una ayuda histórica del propio Ayuntamiento. El de Vigo nunca tuvo esa sensibilidad, a pesar de que le entregamos la colección de “Hoja del Lunes”.
La Asociación de la Prensa de Vigo es una de las más antiguas de España, y hermana cronológicamente de la de Sevilla. En su libro “Historia del Periodismo en España. El Siglo XX: 1898-1936”, María Cruz Seoane y María Dolores Sáiz, precisan que entre las funciones que asumieron las diferentes asociaciones de la prensa que se fueron creando en los primeros años del siglo XX no figuraban la defensa de los intereses profesionales y económicos de los periodistas. “Las funciones de estas asociaciones eran meramente asistenciales, de ayuda a los asociados en caso de enfermedad, a sus familias, en el de muerte. Fuera de esa labor, tan importante, dada la situación de desamparo económico de la profesión, la acción, o la falta de ella, de las asociaciones, fue muy discutida por los propios periodistas. Ya en el momento de su fundación hubo voces discrepantes. Julio Burrrel decía muy francamente a sus promotores que no merece la pena una asociación que era “mucho menos” que una tienda asilo, o un comedor de caridad o un refugio de la noche”.
Luego, las asociaciones, sin dejar la labor asistencial, se transformaron en baluartes de la defensa profesional que hoy es su función específica. Cuando la Asociación de la Prensa de Vigo hubo de abandonar su local histórico, parte de su mobiliario fue entregado a la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de Pontevedra y sus archivos y fondos depositados en el Archivo histórico provincial, donde con frecuencia son consultados por investigadores. Lo que sucesivamente sería Federación de la Prensa de España, más tarde Federación Nacional de Asociaciones de la Prensa de España, luego la F.A.P.E. (Federación de Asociaciones de la Prensa de España, y ahora Federación de Asociaciones de Periodistas de España) nace en Santander el 9 de agosto de 1922. A la asamblea fundacional asistieron las asociaciones de la prensa de Ciudad Real, Barcelona, Valencia, Granada, Córdoba, Badajoz, Huesca, Zaragoza, Avilés, Madrid, Valladolid, León, Bilbao, Burgos, Sevilla y Santander. Asimismo, se sumaron el Sindicato de Periodistas y las Asociaciones de la Prensa Diaria de Barcelona y la Asociación de Periodistas de Granada. Las asociaciones de la Prensa de Córdoba y Santander ostentaban la representación de las de Baleares, Ceuta, Pamplona, Ourense, Zamora, Castellón, La Coruña y Alicante. La Asociación de la Prensa de Vigo se sumaría más tarde.
La Federación ingresó en la Federación Internacional de Periodistas en mayo de 1927, lo que abrió nuevos horizontes no solamente en orden a la relación de los periodistas españoles con sus colegas de todo el mundo, sino hacia la dignificación y la homologación internacional de los profesionales. En contra de lo que comúnmente se cree, el carné de periodista no fue creado por el Franquismo. Existía antes. Por Real Orden de 9 de septiembre de 1924, publicada en la Gaceta de Madrid número 225, el 11 del mismo mes, se crea el carné o la tarjeta de identidad para los periodistas. Ese carné para todos los profesionales que realmente lo fueran es el primer logro concreto de la nacida Federación de la Prensa Española,
El hoy cotizado libro del centenario es una parte viva de la historia de la ciudad, de sus sucedidos y acontecimientos y de quienes los contaron. Por eso, el valor de esta obra radica no sólo en la calidad y contenidos de sus textos, como en la rotunda elocuencia de las imágenes que contiene entre las que sobresalen los fondos de los archivos de la familia Llanos y de otros periodistas gráficos, cuyo trabajo cotidiano incrementa su valor a medida que pasa el tiempo.
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