Las Ostras se quedan sin relevo en Vigo

A Pedra

De los cinco puestos que había en el mercado de A Pedra, hoy solo quedan dos, y ambos dirigidos por hombres

Alexia Collazo
Publicado: 20 ago 2024 - 06:20
Fernando, uno de los dos ostreros que quedan en la calle de las ostras, en Vigo.
Fernando, uno de los dos ostreros que quedan en la calle de las ostras, en Vigo.

La figura del ostrero, una estampa característica de la ciudad, podría estar enfrentando sus últimos años, según cuentan los propios protagonistas de esta tradición generacional. “En un principio había aquí cinco puestos de ostreras, todas mujeres. Ahora, solo quedamos dos ostreros hombres”, indica José, hijo de la última ostrera de la ciudad, Isabel. “Llevo seis años aproximadamente en el negocio, ya pertenezco a la cuarta generación. Primero mi bisabuela, luego mi abuela, mi madre, mi tía y ahora yo”, indica José, y es que hasta ahora el trabajo del ostrero ha ido pasando de generación en generación. “Llevo 25 años en el oficio. Es una tradición familiar, yo soy ya la tercera generación de ostreros”, asegura Fernando.

A pesar de la larga tradición familiar, Fernando explica que el trabajo sigue siendo sencillo y directo: “El trabajo del ostrero es sencillo: abrir ostras todo el día. Dependemos mucho de la afluencia de gente. En invierno, el trabajo disminuye, pero en los meses de verano, hay mucha gente aquí”. Y es que a día de hoy la demanda de ostras sigue siendo alta, especialmente cuando los turistas inundan las calles de Vigo. “Empezamos desde las once de la mañana hasta las tres y media de la tarde abriendo ostras sin parar”, indica Fernando, con quien coincide José. “En verano estamos muy liados. Sin embargo, en invierno la cosa cambia y es mucho más pausado. Las calles se vacían de turistas y nuestros clientes pasan a ser en su mayoría locales”

Dos visitantes de la ciudad probando sus ostras en una terraza de un restaurante de la misma calle.
Dos visitantes de la ciudad probando sus ostras en una terraza de un restaurante de la misma calle.

La incertidumbre sobre el futuro del oficio es palpable. “Es un trabajo sencillo pero muy delicado. Es un trabajo de todos los días, y la ostra es un producto muy fresco y sobre todo frágil. No es fácil, por ahora está la cosa complicada. Muchos relevo generacional no parece que haya, pero bueno. Yo creo que si no somos nosotros los ostreros, igual recogen el testigo los restaurantes de por aquí”, indica Fernando. La preocupación por la continuidad de esta tradición es compartida por José. “No parece que haya relevo generacional, no sé lo que puede pasar en un futuro”, indica. Sin embargo, a pesar de los desafíos, tanto Fernando como José continúan abriendo ostras a diario, esperando que el oficio encuentre su relevo natural. “Yo siempre tengo algún sustituto o sustituta por ahí, pero por parte de la familia no creo. Tengo dos hijas, pero las dos están estudiando otra cosa así que dudo que vengan para aquí. Pero, nunca se sabe. El puesto saben que lo tienen aquí”, concluye José.

“Si por mi madre fuera, ella vendría todos los días aquí”

Con 88 años, Isabel Seoane Amoedo es la última representante de una tradición centenaria que define la identidad del mercado de ostras de A Pedra, en Vigo. La calle de las ostras, una pieza fundamental de la gastronomía local, ha visto a esta ostrera mantener viva la herencia que su abuela inició hace más de un siglo.

Isabel, la última ostrera mujer, hace años en su puesto.
Isabel, la última ostrera mujer, hace años en su puesto.

Isabel, que comenzó a trabajar en el mercado de las ostras con tan solo 17 o 18 años, ha dedicado prácticamente toda su vida a las ostras, continuando los pasos de su abuela, quien estableció el mostrador de ostras en A Pedra cuando ni siquiera existía el hotel Bahía, y el mercado se encontraba en sus primeros años. "Cuando no cabían más dentro, montaban un puesto en la calle. Y así con el paso del tiempo se formó esta tradición de las ostras que hemos pasado de generación en generación", explica su hijo, quien se encarga del puesto en la actualidad.

La pandemia marcó un punto de inflexión para Isabel. “Durante la pandemia, le aconsejé que se quedara en casa. Ya son muchos años aquí y el invierno es bastante duro", explica su hijo. Sin embargo, Isabel no se ha querido desvincular del todo del puesto. "Aun así, mi madre sigue en activo. Viene de vez en cuando al puesto y me ayuda, lo que pasa que tampoco quiero que esté mucho tiempo aquí, es un buen tute para ella. Creo que ya se merece descansar", explica su hijo. "Pero si por ella fuera, vendría todos los días", añade José con una sonrisa, reflejando la pasión y el compromiso que a día de hoy Isabel sigue teniendo con su oficio y con la comunidad que ha servido durante más de 40 años.

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