Emaús da vida al barrio con sus “encuentros improbables”

Muchos ciudadanos se vuelcan en las actividades que organiza la entidad y que comparten con personas en riesgo de exclusión

El torneo de pin pong se celebró en abril en Ronda de Don Bosco.
El torneo de pin pong se celebró en abril en Ronda de Don Bosco.

Emaús logró generar vida de barrio con sus “encuentros improbables”, una iniciativa que trata de crear espacios de convivencia en los que se mezclan personas en riesgo de exclusión social severa con los vecinos de la zona y de otros puntos de la ciudad. Hay desde torneos de pin pong hasta conciertos, talleres de dibujo, un coro, pachangas de fútbol y muchas más iniciativas.

Las actividades se realizan tanto en su sede de Ronda de Don Bosco interior como en otros espacios de la ciudad. La respuesta, tanto de voluntarios que les ayudan en las actividades como de los vecinos que se suman a esta nueva red social, es muy satisfactoria.

El colectivo llegó a esta línea de trabajo tras años de aprendizaje en materia de intervención social. Antiguamente, el objetivo era la inserción laboral de las personas en riesgo de exclusión, a las que acompañan, pero era una meta casi inalcanzable, no tanto por falta de voluntad de los interesados, sino porque sus circunstancias hacen que no puedan adaptarse a los estándares del mercado de trabajo. Así que cambiaron el foco y ahora se centran en mejorar su calidad de vida. Sin embargo, se mantiene el acompañamiento profesional que realizan para que puedan acceder a unos derechos básicos, como la subsistencia económica (a través de la renta de integración social, el ingreso mínimo vital o pensiones contributivas), apoyo para la búsqueda de empleo, acompañamiento en temas relacionados con el sistema sanitario o el acceso a la vivienda. Para esto último, que se estaba convirtiendo en un reto casi inalcanzable, llegaron a una alianza con la asociación Provivienda. “Sin un hogar no puedes construir nada”, subraya Juncal Blanco, la directora de Emaús. Lamenta los “discursos aporofóbicos” de quienes dicen que hay personas que están en la calle porque quieren y que hay albergues. Recuerda que el albergue es necesario pero es un alojamiento de corta estancia y que nadie está en la calle porque quiere. “Si están así es porque hay otro tipo de problemáticas, una de ellas está asociada al aislamiento relacional, a la falta de apoyos y vínculos que le impiden tomar decisiones adecuadas para su integridad física y mental”. Hay personas que duermen en sitios que les dieron seguridad o en los que tienen cierto apoyo de los vecinos de la zona.

El mercadillo de segunda mano que celebra Emaús los sábados.
El mercadillo de segunda mano que celebra Emaús los sábados.

La dimensión emocional

Emaús considera que la exclusión está asociada a la falta de desarrollo de las capacidades personales, que muchas veces deriva en la dificultad para autocuidarse, y sobre todo con la falta de vínculos sociales que les puedan apoyar. Muchas de estas personas vienen de situaciones duras, están solas y sienten que su vida no es importante para nadie. “Nos dimos cuenta de que nuestro trabajo era necesario pero no suficiente. Faltaba la cuestión de formar parte de un lugar y sentirte reconocido y querido por las personas que frecuentan ese lugar. La dimensión emocional y afectiva. Entonces cambiamos el chip y decidimos abrir las puertas para generar espacios de encuentro, en el que los usuarios pudieran sentirse protagonistas. Así nació el programa Participa, que obtuvo un premio estatal de la Fundación ”la Caixa” a la Innovación Social, y en el que se implican numerosos ciudadanos. “Al conocerse se caen las ideas preconcebidas que podían tener”, subraya.

El primer encuentro improbable se llamó “Reconstrucción”, un taller de collage con materiales encontrados en la calle que se hizo de la mano del artista visual Ignacio Pérez-Jofre.

También se creó el coro “Cantamañanas”, con veinte componentes que ensayan los miércoles por la tarde bajo la dirección de Su Garrido Pombo. Allí cantan personas en riesgo de exclusión junto a jubilados, profesores o funcionarios.

Desde hace un año se reúnen en una actividad de dibujo denominada “Ti que pintas”, que nació con el apoyo de Pedro Román, socio fundador de Aula D. Estos días se expuso una muestra de los trabajos en el café Uf.

Celebran pachangas de fútbol con la colaboración del colegio Salesianos que cede sus instalaciones y compiten miembros de este centro educativo, de Provivienda, de Juan Soñador y vecinos del barrio.

Las mujeres, sean o no usuarias, se reúnen en “la partida de los lunes”, un espacio en el que se habla de las situaciones que viven.

La colaboración ciudadana llegó a extremos insospechados con el Solar da Pomba, un terreno pendiente de promoción inmobiliaria que fue cedido provisionalmente por sus propietarios para que pudiesen crear un huerto urbano, a petición de un usuario, y también para crear un espacio de encuentro social para conciertos, magostos, recitales de poesía e incluso verbenas. A finales de este mes celebran la tercera edición de la “verbena da pomba”.

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