Durao Barroso: “No quiero que mis nietos vayan a la guerra y para evitarla hay que prepararse”
El expresidente de la CE y exprimer ministro de Portugal, que recogió el Nobel de la Paz para la Unión Europea en 2012, rechaza la austeridad y desvela que propuso eurobonos en la crisis: “Ningún político normal quiere imponer sacrificios a su gente”
Jose Manuel Durao Barroso (Lisboa, 1956), exprimer ministro de Portugal (2002-2004) y expresidente de la Comisión Europea en dos ocasiones (2004 a 2014), en una de las etapas con más retos para el euro, estuvo esta semana en Vigo Global Summit de Zona Franca.
Tiene usted ascendencia gallega. Sus bisabuelos eran de Tui, ¿no?
Exactamente, tengo mucho orgullo de mi ascendencia gallega. Tengo raíces profundas aquí en Galicia. Una parte de mi familia, la familia Durao, realmente es Durán, y vivieron en Tui, provincia de Pontevedra.
En algún momento dijo que la UE es el proyecto más visionario de la historia reciente. ¿Cómo definiría el momento?
Continúo pensando lo mismo. Claro que hay dificultades. El mundo está muy difícil, muy polarizado, fragmentado, incluso peligroso. Pero tenemos que pensar cuál sería la alternativa. Por eso yo pregunto ¿Estaríamos mejor si no hubiera Unión Europea? Cuando fue la pandemia, comprar las vacunas, ¿sería mejor que hubiera una lucha entre España y Alemania, o entre Francia, Italia o Portugal para ver quién va a comprar más vacunas?
En un artículo decía que la Unión Europea es un caso de reforma permanente o de revolución permanente. ¿Qué reformas ven más urgentes?
Sobre todo en materia de competitividad. Europa está perdiendo productividad y competitividad. Cuando comparamos con Estados Unidos y China en la parte tecnológica y científica. Estamos viviendo un momento de revolución tecnológica, no solo la inteligencia artificial. Sigo ese asunto hace muchos años, antes de que estuviera de moda. La inteligencia artificial va a transformar todo, economía, producción y distribución de bienes y servicios, y también en la sociedad. Por eso tenemos que estar listos y en Europa vamos por detrás, tenemos que hacer más.
Pero tiene alguna preocupación más.
Estoy preocupado con la cuestión demográfica. Somos cada vez más viejos y cuando la población envejece el nivel de innovación se queda atrás. Fui profesor en Estados Unidos, en las universidades de Princeton y Georgetown, y vi ahí un dinamismo de los jóvenes más evidente que en Europa. Cuando voy a Asia, la población es muy joven, y puedo constatar que hay un dinamismo, una curiosidad, una voluntad de crecer, un espíritu para el crecimiento, que en Europa no hay. En Europa hay gente que dice que es mejor decrecer. Es un error, porque es necesario para mantener el sistema social europeo, que es muy bueno, mucho mejor que el americano.
También tenemos un reto en la defensa.
Europa debería dejar de ser un adolescente geopolítico. Tenemos que ser adultos y asumir la responsabilidad de nuestra propia defensa. Estoy a favor de continuar una buena relación con Estados Unidos, por razones evidentes, pero la verdad es que deberíamos hacer más. Hubo dos llamadas de atención muy fuertes. En primer lugar, la invasión de Ucrania por Rusia. Ahí Europa perdió un poco su inocencia. También cuando el presidente Trump dijo a Europa que si quiere defensa tiene que pagar. Ahí estamos haciendo alguna cosa. Yo mismo formo parte de un grupo informal de antiguos primeros ministros y presidentes de las instituciones europeas, que está aconsejando a la comisión en defensa. La población dice, pero hay cosas más importantes, la salud, la educación o la vivienda. Claro que sí, pero si hay una guerra generalizada con Rusia, ahí nos va a costar mucho más caro. Y la mejor manera de evitar la guerra es estar preparado para ella. Era el antiguo lema de Roma, “Si vis pacem, para bellum”, si quieres la paz prepárate para la guerra. No porque queramos la guerra. El día más feliz de mi vida pública fue cuando recibí, en nombre de la Unión Europea, el Premio Nobel de la Paz, que el presidente Trump quiere tanto. Pero ¿cómo garantizar la paz? Mostrando a nuestros adversarios que para ellos no es una buena idea una agresión contra nosotros.
La defensa no es sólo equipamiento militar.
Es la innovación, la tecnología, la industria de defensa. Porque son tecnologías de uso doble, para fines militares y civiles. Y está más que demostrado que esos clusters, esos sectores de inversión en la defensa, pueden tener un valor económico muy importante, por la innovación que pueden traer a otros sectores.
¿Pensó que la guerra de Ucrania iba a durar tanto?
Cuando el presidente Trump decía que la iba a resolver en 24 horas, yo dije que no era posible. Conozco a Putin. Fue el líder mundial con quien estuve más veces cuando estaba en la UE y pienso que ahora está en una situación en que tiene necesidad de mantener la guerra. Si hubiera un alto al fuego, sería una tregua. Conozco muy bien a Ucrania, porque fue mi Comisión (Europea) la que hizo la negociación para el Acuerdo de Asociación, y en esta generación o la próxima es imposible una verdadera reconciliación. Lo que quiere decir que nosotros tendríamos que continuar con nuestras inversiones en defensa. Estuve hace dos semanas en Polonia y Hungría y se están preparando activamente para una guerra inminente. Aquí en España, en Galicia, en Portugal, estamos más lejos y no hay la misma percepción. No quiero que mis nietos vayan a la guerra y para evitarlo es importante que Europa muestre que está lista para defenderse.
Hay un crecimiento de tendencias populistas y de ultraderecha. ¿No hemos aprendido?
Ultraderecha y ultraizquierda. Si miras lo que pasa en España o en Francia, hay una ultraderecha muy fuerte ahora, pero la ultraizquierda disminuyó el espacio del centroizquierda. No es bueno. La gente moderada tiene que ser más afirmativa, porque parece que solo los extremos tienen entusiasmo. La mayoría de nuestra gente, gallegos, españoles o portugueses, no es gente extremista. Es moderada, con sensatez y prudencia. Tal vez los políticos no lo hicieron bien y dejaron espacio a esas tendencias. Necesitamos también autocrítica. Un líder no es líder si mira detrás y no hay nadie que lo siga. Por eso, ser popular sin ser populista. Popular en el sentido de estar con el pueblo, con sus preocupaciones.
Angela Merkel cuenta en sus memorias que “Barroso y yo aspirábamos a una UE eficaz y por eso necesitábamos que las finanzas europeas fueran un éxito. Nos pusimos manos a la obra”.
Sigo siendo amigo de Ángela Merkel. Soy profesor de la Universidad Católica en Lisboa y la he invitado a un doctorado honoris causa. Hablamos muchas veces. Pero la verdad es que no teníamos la misma posición. Alemania era el país que tenía que poner más dinero. Intenté crear eurobonos y ella dijo que no era posible, Alemania no podía hacer ese esfuerzo. Al final fue constructiva. Acabó por hacer una ayuda muy importante y estoy agradecido. Después de la pandemia Alemania aceptó lo que antes no, el Next Generation. Cuando Angela Merkel hizo una cena de despedida de la cancillería, me invitó y me dijo: “¿Ves ahora? ¡Hice aquello que tú querías!”. Fue muy difícil. Hubo mucho dolor.
Entiendo que no era partidario de la austeridad.
Claro que no. No hay ningún político normal al que le guste imponer sacrificios a su gente.
¿Cuál fue su peor momento en la UE?
Tal vez noviembre de 2011, cuando algunos países querían plantear a Italia un programa. Si Italia caía podía ser el fin del euro. Fue posible evitar el “default” (quiebra) de Italia, que hubiera sido una tragedia para Europa.
Contenido patrocinado
También te puede interesar