“Es difícil aceptar que tienes bulimia, no sales sin ayuda”
Sabela apunta que lo más difícil de todo ese proceso fueron las recaídas, pero se levantaba por su afán de estar bien y de tener una relación sana con la comida
“No hubo un motivo concreto, aunque es verdad que siempre tuve bastante baja la autoestima. Un día intenté meter los dedos y vomitar. Estaba haciendo deporte, porque salía a correr todas las mañanas. No le di importancia porque me dije que era solo un día, pero al final se convirtió en un problema”. Así empieza Sabela el relato de su experiencia con la bulimia, que comenzó cuando tenía 14 años y que ahora, con 18 cumplidos, considera superada después de pasar por la Asociación de Bulimia y Anorexia de Pontevedra, con sede en Bouzas.
La bulimia es un trastorno alimentario por el que una persona tiene episodios regulares de comer una gran cantidad de alimento (atracones) durante los cuales siente una pérdida de control sobre su alimentación. La persona usa luego distintos métodos para evitar el aumento de peso como provocar el vómito o consumir laxantes.
Sabela se lo contó primero a sus amigos, porque no sabía cómo decírselo a los adultos. “Ellos me acabaron convenciendo de que tenía que contárselo a una persona mayor”, explica. Así fue como llegó a la asociación, donde comenzó una terapia con una nutricionista y una psicóloga. La nutricionista le enseñó a hacer una dieta equilibrada y a tener el cuerpo que quería “pero de una forma sana”, pero casi todo el peso de la terapia lo llevó la psicóloga porque “el problema es casi todo mental”. Dejó la asociación el año pasado cuando vio que ya no le hacía falta.
Considera que lo más complicado de todo ese proceso fueron las recaídas porque “sientes que no avanzas. Cuando parece que lo has conseguido vuelves al principio del proceso y es como una tortura mental. Pero luego vas mejorando hasta que llega un punto en el que no necesitas ayuda”. Para seguir avanzando no se quitaba de la cabeza que quería estar bien y tener una relación sana con la comida.
En su opinión, si tienes bulimia lo más fácil es pedir ayuda psicológica. “No hay que pensar en lo que digan los demás ni sentir vergüenza, todos tenemos problemas, decirlo es más valiente que normalizar la situación”. Recuerda que no es normal dejar de comer para estar más delgado o estar todo el día con hambre. “Si pasa eso tienes que cambiar algo”.
En este proceso considera que lo más difícil es aceptarlo y querer cambiar.
Sobre los factores externos que pueden influir, menciona ejemplos como el hecho de que esté "normalizado ver a todo el mundo delgado y querer estarlo", ir a tiendas y ver que cada vez hacen las tallas más pequeñas “para que te sientas mal y quieras adelgazar”, pero no se sintió presionada por ejemplo por influencers.
Ahora estudia Diseño de Moda en la Escuela Mestre Mateo de Santiago. Le gusta la moda pero también le gustaría hacer ropa para todos los cuerpos.
Por otro lado, reconoce que tener apoyo externo, de la familia y de la asociación, fue de gran ayuda porque “estás tu solo contra tu mente”.
Su madre, Eva, explica que no se dieron cuenta de la situación hasta que se lo dijo una profesora con la que habló Sabela. Ellos le pedían que vigilase a su hermana pequeña porque tenía algo de sobrepeso y temían que tuviese problemas, cuando descubrieron lo que ocurría. Considera que a Sabela le ayudó “contar los problemas a la psicóloga sin ser juzgada” y subraya que “con ayuda, hay salida”.
La asociación atiende a 120 pacientes al año y cada vez llegan más hombres
La Asociación de Bulimia y Anorexia (Abap) lleva 28 años prestando sus servicios en Vigo. Atienden a unas 120 personas al año, en su mayoría mujeres aunque cada vez hay más presencia de hombres porque también aumenta la presión sobre el cuerpo masculino (la delgadez y estar fuertes). Y vienen a edades más tempranas, desde los 10 o los 11 años, cuando antes los más pequeños tenían 16, explica la directora terapéutica, Ana Rodríguez.
Preguntada por las redes sociales, afirma que “lo que venden es imagen” y nos hacen vivir pendientes de los “likes”. Si no los tienen, piensan que es por su físico. En su opinión, se debería controlar más el acceso a las redes sociales de los menores porque entran en cosas que no controlan y no tienen capacidad crítica para saber si lo que están viendo es real o es por ejemplo una foto retocada y con filtros. ”Nos pasa también a los adultos". Con todo, piensa que la presión viene también del entorno inmediato.
En cuanto a la bulimia, señala que a veces pasa desapercibida y la persona no busca ayuda hasta que pasan años. La asociación les ofrece tratamiento nutricional y psicológico semanalmente, tanto al afectado como a su entorno (familia, amigos, pareja, hijos) para que todos remen en la misma dirección.
El primer paso, en anorexia y bulimia, es valorar si está en riesgo la vida, porque entonces los derivan al hospital. En la asociación el proceso es largo, pero Ana Rodríguez asegura que el 90% se recuperan.
Sobre la comida, critica que se “demonicen” alimentos que luego retiran de la dieta. “Hay que aprender a comer de todo pero de forma saludable, los dulces deben ser más esporádicos por ejemplo (si los prohíbes los comerán a escondidas) y los hidratos de carbono no los puedes eliminar porque tu cuerpo los necesita".
Por último, destaca que es importante la detección precoz para evitar las secuelas.
Manuel Penín: “La incidencia de estos trastornos creció tras el covid y en personas muy expuestas a redes sociales”
Unas 25.000 personas del área sanitaria de Vigo pueden estar afectadas por un trastorno del comportamiento alimentario. Los más frecuentes son el trastorno por atracón, la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa. La atención en la sanidad pública viguesa es multidisciplinar, ya que participan Atención Primaria, Salud Mental (psiquiatras y psicólogos clínicos), médicos y enfermeras de Endocrino y Nutrición, Pediatría y el personal de las plantas de hospitalización cuando se produce un ingreso. Manuel Penín es el jefe de Endocrinología y Nutrición.
¿Cuál es el perfil habitual?
Atendemos con más frecuencia a mujeres adolescentes o adultas jóvenes.
¿Están aumentando estos trastornos?
Hemos visto un aumento de la incidencia de estos trastornos tras la epidemia de covid, y en personas muy expuestas a las redes sociales.
¿Hay factores que predisponen?
Estos trastornos del comportamiento tienen un cierto componente hereditario y una influencia notable de los rasgos psicológicos de las personas que los sufren. Por ejemplo, el perfeccionismo y la necesidad de control de su entorno son rasgos de carácter frecuentes. Haber sufrido experiencias traumáticas o acoso durante la infancia, la presión estética del entorno y el uso intensivo de redes sociales son circunstancias que pueden estar presentes. Y también la práctica deportiva de alto rendimiento.
¿Qué impacto tienen estos trastornos en la salud? ¿Está en riesgo la vida?
Los trastornos del comportamiento alimentario, en sus formas más graves, pueden producir alteraciones orgánicas graves, como desnutrición, problemas hormonales (por ejemplo, relacionados con las hormonas que regulan el ciclo menstrual) y aumento de riesgo cardiovascular. En las formas más graves puede producirse un fallo multiorgánico que compromete la vida de las personas que tienen este tipo de trastornos. Estos trastornos tienen una mortalidad en torno a 5% de los casos. Es así porque el éxito en la atención a estas personas es siempre consecuencia de una atención multidisciplinar.
¿Hay muchos ingresos al año?
En nuestra área sanitaria ingresan aproximadamente 10 o 12 personas cada año con trastornos del comportamiento alimentario. Hay temporadas sin ingresos y otros meses durante los que están en la planta de hospitalización varios pacientes.
¿Acuden a consulta por iniciativa de sus padres? ¿Es difícil que acepten la enfermedad?
Algunos acuden a consulta ayudados por sus padres y otros casos lo hacen por iniciativa propia. La aceptación de la enfermedad es difícil porque los trastornos del comportamiento alimentario producen una alteración profunda en la percepción del propio cuerpo y el enfrentarse a la necesidad de alimentación y ganancia de peso generan mucho sufrimiento.
¿Forman también a los padres para que puedan abordar el problema en casa?
Sí. Intentamos formar a toda la familia para gestionar la alimentación en el domicilio de los pacientes, especialmente en el caso de menores de edad, en los que la responsabilidad de la alimentación es de los progenitores. Los padres reciben pautas de ayuda conductual y aprenden a supervisar las comidas de sus hijos menores, y la implicación familiar mejora el pronóstico de los menores con trastornos del comportamiento alimentario.
¿Influyen las redes sociales?
Sí. Sí la notamos. Las redes sociales generan miles de imágenes de cuerpos que son irreales, pero creíbles, y facilitan una comparación constante y un anhelo de conseguir metas físicas que son inalcanzables. Aunque no causan el trastorno de la conducta alimentaria, las redes facilitan su mantenimiento en el tiempo.
¿Son tratamientos largos? ¿Qué porcentaje de pacientes logran salir?
Los tratamientos duran generalmente años. Nosotros vemos un tasa de curación que está entre el 60% y el 70% de los casos, siendo especialmente alta cuando el trastorno se detecta de forma precoz y tanto mayor cuanto más jóvenes sean las personas que lo sufren. Aproximadamente el 20% de los casos mejoran sustancialmente aunque el cuadro no desaparece por completo. Y el 10% o 20% restante se cronifican.
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