Cuarenta años sin pisar suelo vigués

Remigio, un jubilado de 70 años, no había vuelto a la ciudad tras emigrar a Buenos Aires

Remigio Donsión, en las inmediaciones de la playa de Samil.
Remigio Donsión, en las inmediaciones de la playa de Samil.

Un jubilado camina solo por la playa de La Fuente, graba todo lo que ve con el móvil y habla sin parar con su interlocutor al otro lado de la línea. Parece muy emocionado con el paisaje. Lleva 40 años sin pisar suelo vigués. Se trata de Remigio Donsión, nacido en el Chouzo (Coia) y residente en Bouzas hasta los 24 años. “Yo trabajaba en la antigua fábrica de Refrey”, recuerda. Emigró a Argentina porque conoció a una chica de aquel país que había venido de visita a Vigo. Se enamoraron, se casaron y se fueron a vivir a Buenos Aires, donde tuvieron tres hijos y seis nietos. No había vuelto a Vigo, pero sí pasó brevemente por España a finales de los años 90 gracias a un programa de televisión que presentaba Concha Velasco y en el que se producían encuentros familiares inesperados. Gracias a eso, Remigio pudo reunirse con su hermano pequeño, Ricardo, y pasó quince días con él en Cádiz, donde sigue viviendo. Ahora se volverán a reunir, esta vez en Bouzas, donde vive su otro hermano, Camilo.

Remigio acaba de cumplir 70 años. Tenía muchas ganas de ver cómo había cambiado su ciudad natal y estará en Vigo un mes. Lo curioso es que lo quiere comprobar con un recorrido a pie y desde que llegó no para de caminar, porque “así era cómo nos desplazábamos de niños” y porque “de esta forma se ve mucho mejor la ciudad”. Fue de Montero Ríos al Castro, y fue por la Gran Vía desde Urzaiz a Travesas, además de pasar por todas las playas del litoral vigués.

Le sorprendió Bouzas porque ahora es un barrio con mucha vida, pero se entristeció al ver que casi no quedaba playa

Del Bouzas de su niñez le sorprende que ahora “está muy bien organizado” y destaca que ahora es un barrio con mucha vida mientras que hace años “estaba medio muerto”. Considera que el casco viejo está tal como lo recordaba y comprobó que se habían sustituido muchos adoquines por asfalto. Sin embargo, también se entristeció mucho al ver la playa, que quedó reducida a la mínima expresión con el relleno ("cuando me fui estaba empezando") y ya no estaban las piedras desde las que se lanzaban al mar. “Cuando vi aquello me dieron ganas de llorar”, señala. De la ciudad en general afirma que “ahora se ve que es mucho más turística que antes”.

También le llamó la atención el hecho de que “las veredas son muy chiquitas, aunque quizá es por comparación por el sitio del que vengo, Buenos Aires. Recordaba todo más grande de joven”.

Asimismo, le sorprende mucho la ausencia de policías en la calle, “casi no se ven”. En su país de adopción están mucho más presentes.

“No me pregunte de política”, dice antes que se produzca el intento. En Argentina le llegan noticias de España ("aunque procuro no ver el noticiero") y algunas le duelen, como “las peleas entre los políticos” y “lo que pasó con la inundación de Valencia, los dejaron solos”.

Estos días grababa imágenes de Vigo para sus hijos.

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