Crece el diagnóstico de TDHA en personas de 30 a 50 años

La asociación ofrece terapia individual y grupal a usuarios y familiares, pero también dan charlas gratuitas en centros educativos sobre el trastorno de déficit de atención e hiperactividad

Una jornada de trabajo en la sede de Anhida, situada en Torrecedeira 99.
Una jornada de trabajo en la sede de Anhida, situada en Torrecedeira 99. | J.V. Landín

La asociación de niños con hiperactividad y déficit de atención (Anhida) de Vigo está detectando un incremento de los diagnósticos entre la población de 30 a 50 años.

Según explican, cada vez hay más personas adultas que acuden a la entidad para pedir una consulta e informarse sobre las pruebas diagnósticas que identifican este trastorno porque se ven reflejados en casos que encuentran en las redes sociales o porque tienen hijos con TDHA y recuerdan que a ellos de pequeños les pasaba lo mismo.

Anhida tiene unos 250 asociados, de los que el 90% acuden a terapia en su sede de Torrecedeira. Es un local de 800 metros cuadrados,que fue cedido por la Xunta con las correspondientes ayudas para realizar la reforma. Funcionan sobre todo gracias a las cuotas de los socios, que son las que les permiten mantener una estabilidad, aunque también reciben aportaciones puntuales de Concello y la Diputación.

En la asociación viguesa trabajan 12 personas, de las que 8 son psicólogas, una psicopedagoga, un profesor de apoyo, una administrativa y la gerente. Para acceder a sus servicios, se necesitan dos requisitos: tener un diagnóstico de TDHA y hacerse socio.

Trabajan de puertas a dentro, con la terapia a usuarios y familiares, pero también dan charlas gratuitas en centros educativos para dar a conocer este trastorno y ofrecer las herramientas para abordarlo de la mejor forma. Anhida siempre tiene en cuenta a los niños, a las familias y a los profesores porque lo ve imprescindible para lograr mejores resultados.

Ahora han retomado actividades que habían quedado en suspenso en la pandemia como las terapias grupales para familias, en las que cada mes abordan un tema distinto, desde la forma de tratar a sus hijos a las pautas para su autocuidado, para “ayudarles en el día a día y sobrellevar mejor el TDHA". Impulsaron también un grupo de jóvenes, que lleva cuatro meses funcionando, para enseñar a gestionar este trastorno y también para que tengan un sitio donde se sienten comprendidos.

La coordinadora de las psicólogas, Estela Portillo, señala que hay tres subtipos de trastorno: el inatento, el hiperactivo impulsivo y el que mezcla ambas cosas. Los profesores y los padres son los que detectan los síntomas de hiperactividad, porque tienen necesidad de levantarse y de moverse, de cambiar de estímulo y hablan mucho. A partir de los 10 años la hiperactividad se va reduciendo. El déficit de atención también se puede ver en el aula, porque son niños que no están centrados en la tarea, tienen despistes, parece que están atentos pero están pensando en otra cosa ("cuesta más detectarlo, porque no hay un comportamiento disruptivo").

Si no reciben un diagnóstico temprano tienen problemas y fracasan, sobre todo en la ESO. Paradójicamente, la mayoría de personas con trastorno de TDHA tienen un coeficiente intelectual por encima de la media, pero la falta de atención y de motivación les perjudica, les cuesta el doble.

“Las becas para pagar la terapia se han vuelto casi inalcanzables”

Una de las grandes preocupaciones del colectivo es la dificultad para acceder a las becas educativas que permiten costear la totalidad de las terapias de los escolares y evitar así que fracasen en los estudios.

Explica que hace cinco años cambiaron las bases para solicitar las becas. Antes bastaba con tener un diagnóstico de TDHA y los niños que la pedían tenían apoyo psicoeducativo. Sin embargo, ahora no es suficiente el diagnóstico, sino que uno de los requisitos es tener asociada la discapacidad o un trastorno grave de conducta. Esta situación obliga a los padres a realizar los trámites que conlleva la discapacidad. El primer paso es que el pediatra considere que hay base suficiente para derivarlo al neurólogo, que emite el informe necesario. “Hoy en día conseguir cita con el neurólogo es casi como que te toque la lotería”, subrayan.

Otro problema es que a los TDHA les están reconociendo mayoritariamente un 24% de discapacidad, pero el mínimo para conseguir la beca es justo un 25%. Sin beca, muchas familias no pueden pagar la terapia. “Si quieren mantener el requisito de la discapacidad, al menos no deberían exigir un porcentaje porque las citas en la Seguridad Social tardan mucho y en los colegios hay cada vez menos apoyos, no hay recursos para estos niños”.

En cuanto a los colegios, reconocen que se están recortando profesores de apoyo. “Si en un aula con 25 niños tienes 4 o 5 con necesidades educativas especiales, el de TDHA saltando, el de TEA con su situación, no puedes tú solo por mucho que quieras y es frustrante. Son niños que necesitan que alguien esté pendiente de ellos, que les expliquen cuando lo necesitan o les bajen a la tierra cuando hace falta”, explica la gerente de la asociación, Raquel Felipe.

Afecta al 5,6% de los menores y al 4% de los adultos

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es conocido desde 1902, año en que el pediatra británico George Still describió sus síntomas en una revista científica. A día de hoy está incluido en los principales manuales internacionales de salud mental como un trastorno neurobiológico. Tiene una prevalencia aproximada de 5,6% en la población infantil y del 4% en adultos. Por otro lado, se sabe que se hereda en un 75% de los casos.

En cuanto a los tratamientos, explican que en adultos suele ser farmacológico, pero hay un porcentaje de niños no la necesitan y basta con proporcionarles apoyo escolar y psicológico. Los profesionales de Anhida les enseñan estrategias para centrarse, para organizarse ("suelen ser bastante caóticos"), establecer prioridades y para gestionar sus emociones y aprender a controlar la impulsividad. “Trabajamos también con los padres y los profesores, les damos pautas para poder ayudarles, y se nota la mejoría”, explica la psicóloga.

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