Los vigueses ya cambian hábitos y reducen compra ante la escalada de precios

LOS PRECIOS, AL ALZA

Muchos vecinos se quejan de que solo les da para comer y pagar facturas, y critican la subida de precios “salvaje”

Hacer la compra se ha convertido en un quebradero de cabeza para muchos ciudadanos, que hacen números para llegar a fin de mes.
Hacer la compra se ha convertido en un quebradero de cabeza para muchos ciudadanos, que hacen números para llegar a fin de mes.

Los vigueses reconocen que la subida del recibo de la luz y el precio desorbitado de los carburantes está cambiando completamente sus hábitos de vida, con lavadoras nocturnas y con el coche aparcado más días en el garaje, pero ahora añaden un nuevo desafío al comprobar que muchos productos de la cesta de la compra se han encarecido, en algunos casos unos céntimos pero en otros más de medio euro.

La inflación se situó en el 9,8% interanual en marzo en España según publicó estos días el Instituto Nacional de Estadística. Es el dato más elevado desde el año 1985, derivado principalmente de la subida de la electricidad y el combustible, y los consumidores ya lo están notando en la cesta de la compra. Este era el sentir general ayer a la puerta de un supermercado de la ciudad.

Muchos ciudadanos reconocen que están tirando más de la marca blanca, renunciando a lo que consideraban “caprichos”, reduciendo cantidades y calculando sobre la marcha el gasto final de lo que se llevan. La crisis no es igual para todos, parados y jubilados se lo piensan más antes de elegir lo que meten en la cesta. Los productos básicos se siguen vendiendo a pesar de que son más caros “porque no puedes hacer otra cosa, hay que comer igual”.

Una jubilada afirmaba ayer que “la verdura subió una salvajada” y que “hay que medirse para tomar pescado porque somos cuatro”. Asegura que se va el dinero en comer y facturas. En su casa lavaplatos y lavadora están programados para funcionar de noche.

Un parado reconocía que ahora consume más marca blanca y que compra menos ropa, porque “también subió”. En su hogar, las luces solo se encienden cuando hace falta, las duchas son más rápidas y se ponen menos lavadoras.

Una madre con trabajo y un hijo a su cargo asegura que hace más trayectos andando o en bici, desde que se disparó el combustible, ya no usa el agua caliente para lavar los platos y pone menos la lavadora. En su opinión, la subida de precios podría provocar una huelga general o una protesta como los chalecos amarillos en Francia para que se tomen medidas. También apunta que la gente dedicará menos dinero al ocio y se pensará la compra de un coche nuevo.

Otro vigués, con un sueldo elevado, comparte también que al final se notará que la gente recorta en los gastos de ocio. Añade que hasta que termine la guerra en Ucrania será difícil normalizar la situación, pero que los países deberían intervenir los mercados de la energía que son los que provocan las subidas. Sobre la ayuda para reducir el precio del combustible, opina que solo se notará en un depósito y que volverá a subir.

Sobre el combustible, un jubilado subrayaba que un día antes de que se anunciase la rebaja de los 20 céntimos algunas gasolineras subieron el precio, a 15 o 20 céntimos más. “Nos toman el pelo”.

Pocos de los ciudadanos consultados ayer por la mañana en Vigo se muestran optimistas con respecto al futuro y el que más y el que menos se ha visto obligado a cambiar sus hábitos para minimizar el impacto de la inflación.

Las pymes y los autónomos afirman que solo “sobreviven”

La gran mayoría de los negocios están apretando el cinturón y más de uno asegura que se limita a “sobrevivir”. Muchos apuntan que la economía se empezaba a recuperar con el fin de la pandemia y que ahora están en crisis. Un zapatero explica que puede repercutir al cliente la subida de unos céntimos en materiales como la tapa de un zapato, pero no puede trasladar la subida del alquiler y la luz. Ellos también sufren la bajada del poder adquisitivo. Además los establecimientos no pueden tomar medidas como apagar la luz o el horno en el caso de los panaderos. En este último sector sufrieron un “hachazo” con la subida del precio de la harina, que ya venía de antes de la guerra en Ucrania. Esto les obligó a subir el pecio del pan, pero una cantidad que para nada compensa el cúmulo de gastos que tienen. “La gente se enfada cuando nosotros somos perjudicados, muchos van a cerrar”. Las cafeterías subieron entre 1,20 y 1,50 el café, con el riesgo de perder clientela. En las loterías pasaron de una Navidad de muchas ventas a una caída drástica, y así otros sectores.

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