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Educación
Antes de que los centros escolares se vuelvan a llenar de niños el próximo 9 de septiembre, el cuerpo docente trabaja sin descanso dejando las aulas listas y cómodas para los que serán sus ‘inquilinos’ durante los próximos nueve meses. Y, a pesar de que este trabajo empezó el 1 de septiembre, el consenso es claro: “Es muy poco tiempo”. Así de tajante es Esther Fernández, directora del CEIP Pintor Laxeiro, uno de los colegios de Infantil y Primaria más grandes de Vigo, que elogia el esfuerzo de sus compañeros y compañeras a la hora de preparar la llegada de los alumnos.
El trabajo comienza ya el día 1 a primera hora de la mañana con una reunión de todo el claustro para realizar la adscripción de los cursos, es decir, organizar qué profesores serán los tutores de qué cursos. Por lo general, cada docente elige el grupo que quiere tutorizar por antigüedad, pero hay dos limitaciones: no se puede escoger el mismo grupo por tercer año consecutivo (normalmente los tutores acompañan a los mismos alumnos durante un ciclo entero de dos cursos) y antes de comenzar a elegir, el equipo directivo asigna algunas tutorías en base necesidades del centro –normalmente de horarios y/o compatibilidad–.
Una vez repartidas las clases, los nuevos tutores reciben los informes de final de curso de los que van a ser sus nuevos alumnos y mantienen reuniones de intercambio de información con su antiguo tutor –si sigue en el centro– para conocer las peculiaridades de su nuevo grupo de pupilos. Desde entonces, comienzan a ‘engrasarse’ los engranajes de la maquinaria del colegio mientras cada docente organiza el aula donde dará clase a su manera: el responsable del material informático reparte ordenadores y tablets a los compañeros, el de la biblioteca pone el sistema a punto, el equipo directivo organiza los horarios… Todo esto en menos de siete días laborables para que el 9 de septiembre esté todo listo. A este respecto, la jefa de estudios del Pintor Laxeiro, Patricia Rey, señala que confeccionar los horarios “es una tarea de encaje” sumamente complicada que hay que realizar prácticamente a contrarreloj.
Además, mientras los docentes realizan todos estos trabajos en el colegio, deben realizar otra tarea tan importante como aborrecible: hacer las programaciones. Una por cada asignatura que imparten. Esther Fernández cuenta que, desde que los centros cuentan con la plataforma Proens –hace unos tres años– “es un poco más sencillo porque tienes en la propia plataforma las referencias de otros años y es el mismo formato para todos los colegios, pero nos costó adaptarnos”. Este año, como novedad, tanto el proyecto educativo de centro como la programación general anual –dos documentos especialmente densos– también se tramitarán a través de Proens. “Está muy bien porque a partir de ahora quedará ahí en la plataforma para cualquier director que venga después y no dependerá de si lo hemos guardado nosotros o no”. Así, la reducción de la burocracia comienza a llegar a la Educación poco a poco.
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