La ciudad que cabe en un pequeño imán para la nevera

Los recuerdos más vendidos en A Pedra revelan cómo ha cambiado el turismo y qué imagen se llevan hoy quienes la visitan

El Mercado de A Pedra, ligado a su comercio popular especialmente entre quienes visitan la ciudad
El Mercado de A Pedra, ligado a su comercio popular especialmente entre quienes visitan la ciudad | Vicente Alonso

Antes de subir al coche o regresar al crucero de vuelta a casa, hay una parada casi obligatoria que son las tiendas de recuerdos de A Pedra, allí se decide qué imagen de Vigo viajará en la maleta. Entre imanes de un euro, camisetas del Sireno, postales de gaviotas o artesanía gallega, los souvenirs se han convertido en un reflejo de cómo la ciudad quiere ser recordada. En las tiendas, los comerciantes observan cómo las modas cambian, lo que lleva a que los visitantes gasten menos pero también cómo Vigo empieza a venderse, cada vez más, como una marca propia.

Entre escaparates repletos de recuerdos y el ir y venir de turistas, los propietarios coinciden en que la forma de comprar souvenirs ha cambiado. Carolina Rodríguez, de Regalos La Piedra, conoce esa evolución de primera mano. Su familia lleva más de tres décadas al frente del negocio y ha visto cómo las costumbres de los visitantes han cambiado, asegura que hoy los visitantes adquieren menos recuerdos que hace unas décadas. “Antes se llevaban bolsas llenas de recuerdos, ahora la gente compra muy poco”, explica. Aun así, los productos más económicos siguen siendo los grandes protagonistas, los famosos imanes, pequeños detalles, cuyo precio oscila entre uno a tres euros son los artículos que más salen de la tienda.

Carolina Rodríguez, propietaria de Regalos La Piedra
Carolina Rodríguez, propietaria de Regalos La Piedra | Vicente Alonso

Si hace años el verano concentraba la mayor parte de las ventas, la Navidad ha ganado protagonismo gracias al atractivo turístico de las luces de Vigo, mientras que los cruceros mantienen el flujo de visitantes durante los meses de verano. Con ello, menciona cómo eso ha llevado a que cambie el perfil del comprador. “El turista nacional suele elegir recuerdos sencillos y baratos, mientras que el visitante extranjero está dispuesto a gastar algo más en productos relacionados con Galicia, como vinos o artículos más elaborados”. Entre los símbolos que mejor representan Vigo menciona el Sireno, Celta, la calle de las Ostras y la Basílica de Santa María. En cambio, objetos tradicionales como los juegos para preparar la queimada, antaño muy populares hace unos años, apenas encuentra compradores hoy en día. Señala que el momento de mayor afluencia es el la hora de comer, pues los turistas aprovechan que comen por esa zona para acercarse a echar un vistazo.

A pocos metros, Pablo Otero, propietario de Morriña Shop, ha observado otra transformación, Vigo ha dejado de venderse únicamente como parte de Galicia para convertirse en una marca propia. “Ahora vendo mucho más lo de Vigo que lo de Galicia”, afirma. Destaca que se ha visto afectado por la modificación de compradores, antes acudían también los locales. “La típica abuela que venía en busca de recuerdos para la familia entera, ese tipo de clientes los he perdido”.

Pablo Otero, propietario de la tienda Morriña Shop.
Pablo Otero, propietario de la tienda Morriña Shop. | Vicente Alonso

Los símbolos de la ciudad también evolucionan con el paso del tiempo. El Sireno continúa siendo uno de los recuerdos más vendidos, pero en los últimos meses las gaviotas se han convertido en un atractivo muy deseado, impulsado por su popularidad en redes sociales. A ellos se suman antiguos lemas vinculados a la ciudad y animales típicos de Vigo que siguen teniendo una gran demanda. Aunque buena parte de los productos se fabrican en serie, Otero mantiene una línea de artículos artesanales, especialmente imanes hechos a mano. Para él, el valor de de estos objetos no está tanto en su precio, si no en lo que representan. “Un recuerdo que marca el recorrrido por el que pasaste”, señala.

Las respuestas de los turistas confirman que, pese a los cambios, el souvenir conserva su función principal, que coniste en mantener vivo el recuerdo del viaje. Ángela, llegada desde Cantabria, buscaba un imán para seguir completando la colección familiar de la nevera de su casa.

En una ciudad donde converge el comercio con el turismo, los recuerdos siguen cambiando con el paso del tiempo. A pesar de que los objetos más vendidos ya no son los mismos que hace unos años, muchos turistas se llevan alguno antes de marchar. Convirtiendo así una vivencia en objeto, y mediante esta práctica poder llevar un pedazo de Vigo de vuelta a casa.

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