La 'casa de las brujas' cumple 100 años
El chalet de El Pilar, en López Mora, pasó de residencia particular a albergar a la Concellería de Xuventude
La 'casa de las brujas' era como se conocía popularmente el chalet de El Pilar, actualmente Casa da Xuventude, dependiente de la concejalía dirigida por Chus Lago. Este año se cumplió el primer siglo de su construcción. A sus instalaciones llegan de vez en cuando curiosos añorando otras época, tal y como señala Pilar Carneiro, jefa del Servicio de Xuventude, que lleva trabajando en el inmueble desde 1987: 'Aparece muchísima gente que conoce a alguien que trabajo en la casa o con alguna historia que los vincula al chalet; se nota que es edificio peculiar, que muchos lo recuerdan de sus viajes en tranvía', afirma.
Su estilo arquitectónico es una peculiar interpretación del modernismo por el arquitecto José Franco Torres. Es uno de las pocas aplicaciones de esta estética en viviendas unifamiliares que se conservan en la ciudad, junto a la casa de Rosendo Silva, diseñada por Michel Pacewicz a escasos metros, y el palacete de As Torres, en Chapela. Antes de convertirse en un inmueble de titularidad pública, fue construida como residencia unifamiliar. Su primer propietario, un comerciante de la ciudad, se vio obligado a vender poco después de su construcción por problemas económicos. La adquirieron los propietarios del monasterio de Oia, que vendieron los terrenos para la urbanización de la zona. El Concello se hizo con la titularidad de la casa que por su singularidad fue rescatada de la especulación, quedando como uno de los pocos testigos de la 'ciudad jardín', en la salida de Vigo hacia Baiona.
Hoy, la totalidad de su espacio está al servicio de los más jóvenes. Las modificaciones corresponden a la adecuación de las habituaciones a los nuevos usos, sin afectar a la estructura. En el interior, las cuatro plantas acogen en el sótano, la que fue la primera ludoteca municipal de la ciudad, que sigue funcionando para niños de entre 7 y 12 años; en la planta baja, cuatro servicios de información, ocho puestos de acceso a internet y conexión wifi; en el primer piso, se acondicionó una sala de exposiciones para dar cabida a propuestas de artistas emergentes en muestras quincenales, y en el segundo piso hay una sala de reuniones para colectivos que la demanden y una laboratorio de fotografía también abierta a solicitudes.
En el exterior se encuentra la primer huerta urbana de la red municipal. Funciona desde hace tres años después de reconvertir el jardín para dar respuesta a las demandas de los usuarios. Se organiza en ciclos rotativos de tres meses, que incluye formación de cultivo y el cuidado del huerto.
Por último, en la parte trasera del patio, la Casa da Xuventude volvió a ser pionera en la instalación del primer local de ensayo para grupos locales de jóvenes músicos. Por orden de inscripción, las bandas se reparten los estudios en horario de mañana y tarde. La buena acogida que tuvo esta iniciativa entre las más de 400 agrupaciones viguesas llevó a la creación de otros espacios similares primero en O Castro y después, más especializado, en Vigo Sónico.
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