Carlos Corredoira, cónsul de Ucrania: “Van a seguir viniendo refugiados"
CUATRO AÑOS DE LA INVASIÓN
En Vigo hay más de medio millar de ucranianos y continúan llegando “por el frío y los bombardeos”
La invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 provocó una diáspora forzosa de millones de personas, de las que unas 330.000 acabaron como refugiados en España, según las últimas cifras, que siguen creciendo pese al tiempo pasado porque la guerra continúa y con ello los desplazamientos. La mayoría, el 60 por ciento, son mujeres. Hace cuatro años había en Vigo una pequeña colonia formada por 110 personas, En 2025 llegaron a 514, es decir, cinco veces más que antes de la invasión, la mitad de los registrados en la provincia. Y el número sube: hace un año eran poco más de 400. La guerra continúa y con ello la llegada de ucranianos, muchos de los cuales ya integrados en la ciudad, aunque otros acaban de instalarse en Vigo, empujados también por el invierno extremadamente frío. Entre el medio millar de ucranianos hay no pocos jóvenes que llegaron con sus madres y fueron escolarizados, pese a que desconocían el idioma. En este tiempo han crecido y su presencia ya no es una rareza.
Antonio Corredoira es el primer cónsul de Ucrania en Galicia. Fue nombrado el pasado diciembre con carácter honorario y ha decidido asumir el cargo comenzando reuniones con representantes de las principales instituciones. “Mi misión es sobre todo las relaciones institucionales con las autoridades en Galicia. Para mí es un honor, pero hay muchos problemas urgentes, porque hay muchos desplazados que necesitan ayuda, y necesitamos enviar lo posible cuanto antes”, explicó a este diario. En Galicia hay 4.000 ucranianos. Ya había mil antes de la guerra, “y siguen viniendo con la ola de frío y bombardeos”, avisa. “Me piden consejo, no saben cómo hacer en temas de legislación española, y con la vivienda, tienen muchos problemas y ellos todavía más que los españoles para conseguir un piso, y también necesitan ayuda para trámites y pasaportes, que se van a poder hacer aquí, hay varias asociaciones de ucranianos que piden ayuda urgente".
Sobre la guerra, cree que “lamentablemente, va para largo”. "Se cumplen ahora cuatro años y las condiciones de Rusia son inasumibles, incluso reivindica quedarse con un territorio que no conquistó, esperemos que pueda resolverse, no va a ser fácil", dice Corredoira. Y añade una crítica: “Con las barbaridades de Rusia en Ucrania, yo habría renunciado hace tiempo si fuera cónsul de Rusia”.
Marta Skyba: "A dónde van a volver, ya no tienen nada"
La ucraniana Marta Skyba ya estaba en España antes de la invasión rusa, como traductora, y desde entonces se ha convertido en portavoz habitual de su comunidad y las asociaciones que se han constituido en Vigo. No es optimista. Al contrario, coincide con el cónsul en que no solo no ha disminuido la llegada de sus compatriotas, sino que hay otra ola de refugiados, desde Polonia en este invierno muy duro, “con temperaturas a menos 15 grados”. Ve muy lejos el retorno de los desplazados. “¿A dónde van a volver, muchos tienen que empezar de cero. La esperanza es lo último que se muere, pero hay que realistas”, reconoce.
Skyba advierte de que ahora mismo hay una creciente preocupación por lo que puede hacer el Gobierno de España con los refugiados ucranianos, ya que en un año termina la protección “y pueden cambiar las condiciones”. “En la última semana, ayudamos a tres familias, 14 personas que llegaron nuevos de la zona ocupada por los rusos, dejaron toda su casa, sus zapatos, ropas, todo lo que tenían”, explica. De ahí el temor de la comunidad ucraniana ante lo que pueda pasar en España con su situación. “Hemos visto otros países donde no prolongan la protección provisional, hay 350.000 ucranianos en España preocupados porque puedan perder la condición de refugiados”, indica, y mantiene sobre un próximo final de la guerra que es poco optimista. “No podemos serlo, Europa habla y no hace nada, podían hacer mucho más para evitar que muera gente”, zanja. En cambio, se muestra muy orgullosa de que la mayoría de los refugiados de su país trabaja, el 65 por ciento. “Es bueno, algunos estudian, hay muchos niños que ya se han acostumbrado, es difícil que quieran volver”.
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