El bar León, centro de microhistorias en la zona de Llorones
Fernando Ferreira presenta el próximo martes, en Artes e Oficios, “Entre café, espuma y confidencias. El bar León y su entorno”, editado por Instituto de Estudios Vigueses
Fundado el 29 de junio de 1953, el bar León es el local más antiguo de Vigo, aunque como explica Fernando Ferreira Priegue, “en el cartel de la fachada pone por error 1952”. El establecimiento continúa abierto en la ubicación original, en la esquina de Urzaiz con la Praza de Fernando el Católico. Ferreira vivió su niñez y adolescencia en Villa Enriqueta, en el Tercio de Fuera, justo enfrente del bar. En una publicación del Instituto de Estudios Vigueses recupera la historia de los primeros propietarios, los hermanos Suárez Balbuena, una trama que le sirve como excusa para recordar a personajes, espacios y anécdotas ya casi olvidadas de un barrio del Vigo incipiente.
“Frente al bar, donde ahora está la plaza había un descampado al que los niños llamábamos el campo de las caralladas, allí quedábamos para jugar o pegarnos pedradas, junto a vacas y otros animales que llevaban a pastar”. Recuerda el autor que era en ese lugar donde montaban el circo, espectáculo que generó más de una anécdota con los vecinos. “Tony Mínguez, el hijo de Álvaro, el tendero de El Bloque, le llevó un cartucho de azúcar a una cría de elefante, de aquella se vendía a granel. Se tomó un kilo de golpe, el niño corrió a buscar más y animal lo siguió. Al pasar por delante del bar León, allí estaba el domador que al verlo, lo llamó. El elefante entró entonces en el local, rompiendo con la puerta y todo lo que se encontró en medio”.
Los fundadores del Bar León llegaron a Vigo desde un pueblo de León, Robles de la Valcueva, en busca de una oportunidad económica. El primero en dar el salto fue Joaquín, el mediano, le siguieron Elías y Manuel. Se emplearon en el Gran Bar de Buenos Aires, que regentaba su tío Victorino Balbuena Villar en la esquina de las actuales calles Pino y Urzaiz. Aprendieron el oficio y las expresiones gallegas para instalarse en su propio local. Allí estuvieron hasta 1988, en que uno de los hermanos falleció atropellado por un coche en el paso de cebra, junto al bar. “Fue muy doloroso para ellos, no quisieron seguir con el negocio”, explica Ferreira, quien logró hablar con los dos supervivientes. El último, Joaquín, falleció en 2024 a los 101 años, sin ver el libro publicado. Aquella zona, la parte baja de los Llorones, estaba en tierra de nadie. O Calvario comenzaba más arriba y Casablanca llegaba hasta la actual Vázquez Varela. El bar León estaba en el bajo del primer bloque Concepción Arenal, conocido por Casas de Pernas, el constructor. Abarcaba seis números y también ubicaba la ya nombrada tienda bar El Bloque. En su repaso, el autor contabiliza otros negocios típicos del momento: la farmacia, la droguería y una peluquería llevada por un músico profesional que impulso la formación del primer conservatorio vigués.
En la acera contraria se encontraba la tasca El surtidor, regentada por Xulio Formigo, que debía su nombre a la gasolinera Dipesa. El cine Plata se construyó después. En el lugar se levantaba Jardín Park, un complejo de ocio, donde se organizaban bailes una vez a la semana. “Las mujeres no pagaban, pero tenían la obligación de bailar, recuerdo que lo anunciaban por megafonía que entraba por la ventana de mi dormitorio”. También se organizaban sesiones de boxeo y de lucha libre incluso partidos de baloncesto. “El Estudiantes, un equipo muy famoso de aquella, tenía su sede allí, competía en ligas contra el Teucro o el Bosco. La última sesión tuvo lugar en 1961”.
Ferreiro recuerda el Cotomodón (conocido más tarde como Coto Mondongo), la pequeña elevación de terreno que se encontraba subiendo hacia los Llorones. “Entonces solo había el edificio del colegio Alba”. Todo un paisaje del que ya apenas se conserva nada, tan solo, indica el autor, una columna con líneas rojas y blancas que indican donde estaba la gasolinera en la actual calle escultor Gregorio Fernández que entonces no existía, la mayoría de los viales eran senderos.
Por las páginas del libro circulan personajes como Raúl Soto, dueño de Radiadores Eloy, “era un taller especializado en la refigeración de los camiones que llevaban género a Madrid, era mecánico y también inventor”. Menciona a sus vecinos, los hermanos Cameselle Villar, José María y Cayetano, así como Henry Powell, su primo inglés o Pío López, “era el promotor de las fiestas de San Juán en Cotomodón, donde además de la hoguera, se hacían empanadas kilométricas de sardinas”.
El próximo martes, a las 19:30 horas, Fernando Ferreira, autor de “Crónicas de un Vigo yeyé”, presentará en la Escola Municipal de Artes e Oficios, “Entre café, espuma y confidencias. El bar León y entorno”, las memorias ya casi olvidadas de una microhistoria de un barrio vigués a mediados del siglo XX, diluido hoy en medio de la ciudad.
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