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El título de Especialista en Traducción para la Industria del Videojuego de la UVigo presume de su ‘colocación’

Izquierda, Ainhoa García, traductora afincada en Varsovia. Derecha, Eloy Martínez, que ahora trabaja en Braga.
Izquierda, Ainhoa García, traductora afincada en Varsovia. Derecha, Eloy Martínez, que ahora trabaja en Braga. | Atlántico

En los tiempos que corren, el acceso rápido al mercado laboral es uno de los principales factores que los potenciales estudiantes de una titulación usan a la hora de elegir qué hacer. Muy pocos títulos –especialmente en la universidad– pueden asegurar que, si uno trabaja con esfuerzo y dedicación, puede acceder a un puesto de trabajo muy poco después de graduarse, ya que eso es algo que se asocia más a los ciclos profesionalizantes de la FP hoy en día. Con todo, siempre han habido pequeños nichos de mercado en los que se necesitan constantemente profesionales con títulos superiores.

Ahí es donde la Universidad de Vigo, y más concretamente la Facultad de Filología y Traducción, encontró hace ya 8 años un ‘filón’: el título de Especialista en Traducción para la Industria del Videojuego (ETIV). Este título propio llena cada año sus 20 plazas y los jóvenes que se gradúan y quieren incorporarse al mercado laboral, logran hacerlo en pocas semanas, cuenta uno de los responsables del ETIV, Ramón Méndez, a este periódico.

Uno de los últimos ejemplos que respaldan el éxito de ‘colocación’ de este título es el de la joven ferrolana Ainhoa García, que terminó la octava edición del ETIV este mismo mes de junio y en julio ya se encontraba aceptando una oferta de trabajo en una empresa de Varsovia, donde lleva viviendo desde entonces. “Todavía no me lo creo. Me puse a buscar trabajo a través de Linkedin, lo normal, y me salió la oferta al poco tiempo”, explica Ainhoa. Tuvo, además, la suerte de poder embarcarse en esta aventura con su pareja, que también fue alumno del ETIV.

A Ainhoa siempre le apasionó el mundillo de las letras y confiesa que fue mientras hacía la carrera, a través de Ramón Méndez, que descubrió la localización de videojuegos como su gran vocación. Una vocación que ahora le paga un salario cada mes. “El ETIV fue una gran experiencia que me ayudó a asegurarme de que esto es lo que realmente me gusta”, indica.

Su trabajo es el de ‘tester’ de localización. En sus propias palabras: “Me dedico a comprobar lo que no ha podido ver el localizador viendo un excel. Que todo el texto se vea bien cuando aparece en pantalla y todo tenga sentido”. Para Ainhoa, su labor es “más o menos como me la imaginaba”, pero con lo que sí que no contaba “es con lo rico que es todo esto a nivel cultural y la de experiencia que ganas conociendo a gente de diversos países”.

Eloy Martínez es otro de los exalumnos de este título propio de la UVigo, concretamente de la séptima edición que terminó en junio de 2025. Al igual que Ainhoa, no había pasado todo el verano cuando le llegó una oferta de trabajo y se mudó a la localidad portuguesa de Braga para incorporarse también como ‘tester’. Natural de Alicante, este joven siempre quiso especializarse en localización de videojuegos, de los que siempre ha sido un gran aficionado. Mientras buscaba cómo complementar su formación, gracias a una charla se enteró de la existencia del ETIV: “En cuanto supe que Ramón era uno de los impulsores, sabía que tenía que ir ahí. Ya conocía su trabajo y tenía confianza plena en él”.

Este traductor alicantino admite que su labor como ‘tester’ lingüístico no era “para nada como me lo imaginaba”, sobre todo porque “no tenía una imagen en mi cabeza de lo que podía ser”. Eso sí, reconoce que la clase del ETIV en el que se abordaba esta profesión “no me gustaba nada” y ha acabado gustándole mucho su trabajo.

“Me siento muy afortunado por haberlo conseguido”, confiesa Eloy, que estuvo algo menos de tres meses mandando currículums “y no puedo imaginarme la incertidumbre y el agobio de haberme pasado más, porque a mí me cogieron enseguida”.

Tanto él como Ainhoa son conscientes de la amenaza que supone la inteligencia artificial para la profesión de los traductores. Pero también aseguran que no lo ven como un peligro inminente: “Nunca van a poder sustituir la mano humana. Siempre que una empresa quiera priorizar la calidad antes de la cantidad siempre va a ser muchísimo mejor utilizar humanos”, coinciden ambos.

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