Aref Fahim: "En los dos años de conflicto en Gaza he llorado más que en toda mi vida adulta"
“Cuando hablamos de víctimas de un genocidio pensamos en los muertos, pero también están los supervivientes y sus secuelas, que son devastadoras”, señala el premio extraordinario fin de grado en Psicología, hijo de viguesa y palestino
Aref Fahim es hijo de una viguesa y un palestino. Logró el premio extraordinario Fin de Grado en Psicología por la Udima.
¿Cómo se logra ese resultado?
La constancia fue la clave: estudiar cada día, con disciplina y sacrificio. Pero esa entrega fue posible porque mis condiciones materiales me permitieron no trabajar durante buena parte del curso. Las notas reflejan esfuerzo, pero también condiciones socioeconómicas. Por eso cualquier logro debe leerse desde el punto de partida de cada uno.
¿Cuándo supo que quería estudiar Psicología?
Siempre sentí pasión por la ciencia; crecer en una familia cultivada hizo que la curiosidad por aprender fuera algo natural. Sin embargo, durante años fui mal estudiante y llegué a perder el rumbo. Lo que me sostuvo entonces, además de mi madre, fueron el boxeo y mi entrenador, el legendario Paco Amoedo, que me enseñaron disciplina cuando más la necesitaba. La pandemia lo cambió todo: acepté que el boxeo tenía un recorrido limitado en España y entendí que quería estudiar psicología. Entonces enderecé mi vida, dejé atrás malos hábitos y me centré en un futuro alineado con lo que realmente me movía.
¿Cómo vive la guerra en Gaza?
He visto en directo la masacre de mi pueblo durante más de dos años. En redes sociales sigo a periodistas de Gaza (muchos han sido asesinados) y he visto en tiempo real atrocidades diarias: niños sin cabeza, cuerpos mutilados, operaciones sin anestesia. Han sido dos años en los que he llorado más que en toda mi vida adulta. Pero no me he permitido apartar la mirada. Me he obligado a mirar, porque apagar el móvil es un privilegio que ellos no tienen. Lo mínimo que podemos hacer es ser conscientes de lo que pasa y denunciarlo sin descanso. No mirar hacia otro lado. Nunca.
¿Qué opina de que muchos no hablen de genocidio?
Vivimos una paradoja: la tecnología hace la verdad más visible pero también más fácil de deformar. Los datos ya no bastan; la gente cree lo que quiere creer. Da igual que ONG, ONU y expertos confirmen el genocidio: siempre habrá quien se aferre a la narrativa israelí. En psicología lo llamamos razonamiento motivado: protegemos nuestras creencias previas porque aceptar algo que las refuta amenaza nuestra identidad. Por eso cuesta tanto pronunciar la palabra genocidio: implicaría admitir que se equivocaron al apoyar a Israel. Y hay una segunda capa: términos como "genocidio" o "terrorismo" se usan con fines ideológicos. Nunca he oído a un medio occidental calificar de terrorista a Israel (es un aliado) y sí a Hamás. Pero Hamás mató a mil personas; Israel, hasta ahora, a más de ochenta mil, entre ellas veinte mil niños. La cuestión no es solo quién decide qué es terrorismo, sino con qué intereses. Si quienes informan retuercen las palabras, quienes las reciben heredan la mentira.
¿Cree que es posible un acuerdo con el gobierno de Netanyahu?
No lo creo. Israel no busca la paz, sino expulsar a los palestinos y quedarse con su tierra, como lleva haciendo desde su fundación. Pero el problema no es solo político. La sociedad israelí ha sido adoctrinada durante generaciones en una ideología supremacista. Las encuestas muestran que una mayoría ignora el sufrimiento palestino o cree que la ofensiva en Gaza no ha ido suficientemente lejos. No actúan por obediencia, sino por convicción. Por eso la maquinaria no se frena desde dentro.
¿Cuál puede ser la solución?
La presión internacional es imprescindible, como ocurrió con Sudáfrica, pero las élites occidentales están atadas a Israel. Solo la presión ciudadana puede romper esos lazos y forzar sanciones reales que obliguen a negociar un Estado palestino. Es un proceso de abajo hacia arriba. El otro pilar son los medios. Hace falta información veraz y contextualizada, que explique décadas de ocupación y apartheid. Solo una prensa que despierte conciencias y una ciudadanía movilizada forzarán a los gobiernos a actuar.
¿Qué secuelas psicológicas puede dejar el genocidio y la violencia prolongada en los supervivientes de Gaza?
Cuando hablamos de víctimas de un genocidio pensamos en los muertos, pero también están los supervivientes y sus secuelas. Físicamente, Gaza acumula la mayor cifra de amputaciones pediátricas de la historia, muchas sin anestesia. Mentalmente, las consecuencias pueden ser igual de devastadoras. Los estudios sobre trauma tras la II Guerra Mundial establecieron que alrededor de 200 días de combate bastaban para quebrar psicológicamente a cualquier soldado. En Gaza son casi mil días bajo una matanza constante. La OMS define el trastorno por estrés postraumático como la respuesta a un episodio de naturaleza extremadamente amenazante, capaz de provocar síntomas graves y alterar profundamente el funcionamiento cotidiano. Pero en Gaza no hablamos de un episodio, sino de una exposición diaria y repetida durante casi tres años. Para los niños, la realidad es aún más cruel. Autores como Bessel van der Kolk han mostrado que el trauma infantil altera el desarrollo normal del cerebro, dejando secuelas potencialmente permanentes: baja autoestima, dificultad para planificar y persistir en metas, problemas de atención, memoria, aprendizaje, sueño y alimentación. Israel no solo ha asesinado a decenas de miles de niños palestinos: le ha hipotecado el futuro a un millón más.
¿Son útiles las flotillas?
Son acciones muy útiles. No han conseguido entregar la ayuda humanitaria porque Israel las detiene ilegalmente, pero logran dos cosas importantes: exponer la impunidad israelí y la complicidad de los gobiernos, y llevar esperanza a los gazatíes. Les demuestran que una parte del mundo les apoya, que su dolor nos importa. Y eso tiene un valor psicológico incalculable. El apoyo social y el reconocimiento de la tragedia ayudan a amortiguar el trauma. Saber que en tantos lugares se alza la bandera palestina, alivia parte de su sufrimiento.
¿Cómo son los gazatíes? ¿Cómo podríamos ayudar?
Los palestinos destacan por su resiliencia, su amor por aprender, su tolerancia y su hospitalidad. Mi madre se enamoró de su gente al viajar allí; cualquiera que haya estado lo confirma. A pesar de todo, no pierden la esperanza. En Gaza, bajo apartheid y matanzas constantes, casi el 100% está alfabetizado y muchos jóvenes son universitarios, especialmente mujeres. Ayudarles está en nuestras manos: boicot a empresas vinculadas a Israel, manifestaciones, difusión de información, voto a partidos que condenen el genocidio y donaciones a la UNRWA.
Contenido patrocinado
También te puede interesar