Alborada atiende a 90 jóvenes por adicción a nuevas tecnologías

El 95% de los jóvenes usan las nuevas tecnologías, se calcula que el 70% abusan (jóvenes y mayores) y los que generan una dependencia o adicción son entre el 15% o el 20% del total

El 70% de los jóvenes abusan de las nuevas tecnologías.
El 70% de los jóvenes abusan de las nuevas tecnologías. | Vicente Alonso

El debate sobre la prohibición de las redes sociales a menores de 16 años es mundial desde el momento en que dueños de grandes plataformas como Elon Musk (X) o Pavel Durov (Telegram) atacaron la propuesta realizada por el presidente español, Pedro Sánchez, ante el temor de perder ingresos.

Sin embargo, la preocupación ya estaba instalada desde hace años entre las familias y también entre los profesionales que tratan las adicciones a las nuevas tecnologías. Es el caso de la unidad de conductas adictivas Alborada, que atendió en un año a 90 jóvenes con dependencia a las nuevas tecnologías y también al juego patológico. Es un trabajo que realizan a través del programa gratuito “Teseo”, en alusión al héroe que mató al minotauro en el laberinto de Creta, y que financia la Consellería de Sanidade.

En el caso de las apuestas online, que requieren dinero y son más minoritarias, se calcula que para una población como Vigo puede afectar a unos 1.350 jóvenes de 15 a 20 años. En Alborada atienden a personas con estos problemas, pero el grueso de la atención es para las adicciones que son “secretas” porque se producen en la intimidad (es una persona con su móvil) y de las que muchas familias no tienen conocimiento.

A día de hoy, el 70% de la gente joven está constantemente conectada al mundo virtual y esto tiene consecuencias para la salud mental.

El director de Alborada, Jesús Cancelo, afirma que genera ansiedad, anomia (falta de normas) y una gran soledad a pesar de estar hiperconectados, una situación que en ocasiones produce también cuadros depresivos y conductas suicidas.

Subraya la paradoja que supone vivir en un mundo que sobreprotege a los niños por temor a que les pase algo (no están solos en el parque, les acompañan al colegio, les enseñan a no hablar con extraños) pero hay una “desprotección absoluta frente a lo virtual” porque les dejamos solos con sus aparatos (móvil, tablet, ordenador, etc).

Cancelo menciona también estadísticas muy reveladoras: hace unos años los adolescentes pasaban 122 minutos presenciales con sus amigos, pero ahora se redujo a 40 minutos. En Japón se empezó a hablar hace años de los hikikomori, jóvenes permanentemente conectados en su habitación y aislados del mundo, un fenómeno que ya está instalado en nuestro entorno.

El director de Alborada se pregunta cómo esta hiperconexión está cambiando el cerebro de la gente. Apunta que hay estudios sobre el impacto de la pornografía, que hace ver menos atractivas a las parejas, a mujeres de carne y hueso, y fomenta ese aislamiento social, o sobre los bots (una aplicación que simula conversaciones humanas), a los que la gente consulta problemas o incluso acaban enamorándose como en la película “Her”. Son ejemplos que le permiten explicar cómo la adicción a las tecnologías producen una privación de lo social. Además, arrebatan tiempo de sueño, con lo que el cerebro va enfermando, y fragmentan la atención ("las redes sociales son la kriptonita de la atención, no es posible que estén atentos a algo más de 5 minutos"). “Hay quien dice que el smartphone es como la aguja hipodérmica de hoy, capaz de administrar dopamina las 24 horas del día”, afirma.

A día de hoy, el 95% de los jóvenes usan las nuevas tecnologías, se calcula que el 70% abusan (jóvenes y mayores) y los que generan una dependencia o adicción son entre el 15% o el 20% del total.

“Se puede vivir sin redes sociales, hay que volver al juego presencial”

El director de Alborada y psicólogo clínico, Jesús Cancelo, reivindica la necesidad de enseñar a la gente que se puede vivir sin redes sociales, “nos han hecho creer que son imprescindibles”, y poner sobre la mesa el hecho de que “lo que es de carne y hueso tiene más valor que lo virtual”.

Señala que había un consenso internacional por el que no se debería proporcionar un smartphone a menores de 14 años y en este contexto ve razonable impedir el acceso a redes sociales antes de los 16.

Otra medida que aplaude es la prohibición absoluta de los móviles en centros escolares, “o no llevarlos o dejarlos en la taquilla”.

Defiende la importancia de volver al juego presencial, sea a través de los deportes o de cualquier otra actividad que permita socializar y a comportarse según unas reglas.

También destaca las ventajas de recuperar el contacto con la naturaleza o de tener tiempo ("sin que estén captando mi atención a cada segundo") para pensar en qué quiero hacer con mi vida.

En su opinión, todavía es posible cambiar las cosas, pero para conseguirlo haría falta que se implicase toda la sociedad, desde la Administración con la ley para prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años o con campañas de prevención, hasta las tecnológicas para que “piensen de verdad en la gente joven y hagan una selección de contenidos además de verificar la edad, pasando por los centros educativos o las familias que son las primeras que deben dar ejemplo (”no puedo decir nada a mis hijos si yo como padre estoy todo el día con el móvil").

Los menores que llegan al programa “Teseo” vienen derivados del centro de salud o de servicios hospitalarios, de los servicios sociales, protección de menores, pero también piden consulta por iniciativa propia. Las familias los acompañan y se implican en los cambios que requiere el tratamiento.

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