Adictos al juego en Vigo: “Me pasaba los días jugando al poker online y fumando porros”

Adicciones

Adictos al juego analizan la posible desaparición de Agaja en Vigo: “Es una pena porque quiero que siga cambiando mi vida”

Un jugador anónimo juega a las máquinas tragaperras en una cafetería de Vigo.
Un jugador anónimo juega a las máquinas tragaperras en una cafetería de Vigo.

Las adicciones pueden llegar a romper familias, amistades, rutinas. Lo que inocentemente puede ser un juego de niños, pronto se puede convertir en un vicio sin autocontrol. Prevenir y detectar estas situaciones es la clave, aunque no siempre es fácil reconocerlas. La historia del vigués Alberto (nombre ficticio para preservar su identidad) comenzó con una diversión online y pasó a ser una condena. Sin darse cuenta, se vio envuelto en una espiral de tensión, apuestas y soledad nada aconsejable. Hasta que abrió los ojos gracias a Agaja (Asociación Gallega de Jugadores Anónimos).

“Cuando tenía 21 o 22 años descubrí el poker online por unos amigos y me enganché”, afirmó el protagonista de la historia. La depresión que estaba pasando no ayudó a detectar esa alerta. “Podía pasarme días enteros en mi habitación jugando al póker y fumando porros; igual hacía ejercicio y cosas con mi pareja, pero luego recaía”, aseguró. Pero eso no sería lo peor. También descubrió las apuestas deportivas, como por azar, también con amigos. “Aposté un euro a muchos partidos y me quedé solo a uno de ganar mucho dinero, eso me volvió a enganchar”.

Ya había descubierto un mundo difícil de salir. Uno que absorbe y que te aleja de tus seres queridos: “Empecé a investigar mucho sobre cómo apostar y lo hacía a tarjetas, córners, faltas…si uno no me iba bien, iba a otro”. Todo eso sin contar con que “por muy listo que te creas, la banca siempre gana y en esa espiral me vi un día apostando 4.000 euros a la victoria del Valencia”. No solo era fútbol. Baloncesto, tenis, béisbol…cualquier deporte era bueno para ‘ganar’ dinero, aunque cuando la moneda salía cruz “empiezas a pedir créditos, microcréditos a los bancos o incluso a falsificar nóminas para conseguirlos”.

Alberto no contaba con familiares cercanos, por tanto, no llegó como otros usuarios de Agaja también adictos a robar grandes cantidades de dinero a su círculo cercano, pero reconoce que cuando cobraba la nómina “empezaba a alterarme mucho, como cuando era pequeño y jugaba compulsivamente a los videojuegos”. Una enfermedad que en cuanto entras, ya no puedes parar: “haces de todo por seguir jugando, tienes esa necesidad e incluso algunos meses puede ser que ganes, pero nunca es constante”.

El punto de inflexión lo vivió con su anterior pareja, la misma que lo llevó a ingresar en el programa de ludopatía de Agaja: “Era Reyes, había cobrado la nómina y le tuve que decir a mi pareja que no tenía regalo porque me había quedado sin dinero un 5 de enero”. Un golpe duro pero, según Alberto, “sabes que tienes ese gasto pero estás en otro mundo, no eres capaz de guardar dinero”. El encerrarse en el juego también le privó de disfrutar de sus amistades, hasta tal punto que “me avisaron de que era el cumpleaños de un colega, pero me quedé en casa jugando y apostando toda la tarde”.

Una vez dentro del programa de rehabilitación para adictos al juego de Agaja, Alberto le costó adaptarse un mes (no entró de forma voluntaria, como la mayoría de usuarios) pero una vez pasado ese periodo “te hace poner los pies en la tierra. Al principio no sabes dónde estás, quien eres, pero llega un momento donde notas alivio al ver que eres comprendido”. Asegura que cuando entras “tienes un porcentaje muy bajo de ti mismo”, y poco a poco fue consiguiendo independencia, apoyo de sus amigos y normalizar el problema después de ocho meses de terapia.

Sin embargo, las noticias del posible cese de la actividad de Agaja por falta de financiación apena a Alberto, quien tiene por delante el reto de “seguir cambiando mi vida”, aunque lo verdaderamente importante son “las personas que más lo necesitan y todavía no han llegado al programa”. Sin alternativas cercanas, Alberto buscará como sea su independencia del juego si definitivamente Agaja echa el cierre.

Agaja ya recaudó más de 11.000 euros para seguir con su labor

La Asociación Gallega de Jugadores Anónimos (Agaja) ya recaudó a través de un crowdfunding más de 11.000 euros de donaciones para continuar con su labor y no echar el cierre. Para ello necesita alrededor de 50.000 euros. Tras 34 años de trabajo ofreciendo tratamiento de rehabilitación a personas con trastornos por juego u otras adicciones comportamentales, se encuentran en una situación financiera insostenible debido a la no concesión de las subvenciones con las que contaban desde hace años. Esta circunstancia hace que desde su dirección se planteen el cierre.

La dirección de Agaja, en las oficinas de su sede en Vigo.
La dirección de Agaja, en las oficinas de su sede en Vigo.

Con un centenar de usuarios actualmente dentro de las tres fases de las que consiste el programa, las alternativas serán la propia Seguridad Social y psicólogos privados, menos efectivos según la asociación. El perfil del adicto, cambiante en los últimos años, hace que su labor en la sociedad sea en la actualidad vital para seguir sacando a jóvenes de las garras de las adicciones.

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