El acusado de prender fuego a su ex en Valadares se enfrenta a casi 22 años de cárcel

La Fiscalía atribuye a Borja Rial tentativa de asesinato con alevosía y ensañamiento, lesión psíquica y acoso sobre la joven a la que roció con gasolina, con graves secuelas

Publicado: 21 abr 2026 - 19:47 Actualizado: 21 abr 2026 - 21:05
La casa donde ocurrieron los hechos, días después de aquel 14 de septiembre.
La casa donde ocurrieron los hechos, días después de aquel 14 de septiembre. | Atlántico

Mientras mantuvieron una relación de pareja, que comenzó cuando ella tenía 22 y él 34, ella asumía toda la carga económica del hogar y el cuidado de la casa. Él no siempre trabajaba, así que utilizaba la tarjeta de su pareja para extraer todo el dinero del que quisiera disponer, y discutía por celos consiguiendo que poco a poco ella dejara de relacionarse con sus amigos. Durante la convivencia, él la menospreciaba de forma habitual: “Eres retrasada, mongólica, cerda, vaga” y cuando se enfadaba la echaba de casa para después insistir en que regresara amenazándola incluso con suicidarse. Ese es el relato que hace la Fiscalía de los hechos previos a desencadenarse uno de los episodios de violencia de género más graves ocurridos en los últimos años en Vigo, que el ministerio público atribuye a Borja Rial, el acusado de prender fuego a su ex pareja, delante de la vivienda de sus padres en Valadares. Lo hizo, dice el fiscal, con el único propósito de acabar con su vida causando un terrible sufrimiento en la mujer, que se libró milagrosamente de la muerte. Solicita para él un total de 21 años y 11 meses de cárcel por una tentativa de asesinato con alevosía y ensañamiento, lesión psíquica, y acoso.

En mayo de 2024 ella decidió poner fin a la relación y como el acusado “ni toleraba que ella pudiera tomar esa decisión, ni aceptaba tampoco la ruptura, a través de distintas vías, buscó a partir de ese momento la atención, acercamiento y proximidad con ella, con intención de recuperarla”. Así, relata varios episodios de seguimiento hasta el 14 de septiembre de 2024. Aquella mañana se presentó en el domicilio de los padres de su expareja. Esperó a que ella saliera de casa para abordarla y mientras ella cerraba la puerta, de espaldas a él, se acercó y le dijo: “Ven aquí que ahora te vas a enterar”, mientras la agarraba por la coleta del pelo y tiraba de ella, arrastrándola unos metros. La Fiscalía sostiene que entonces él le propinó varios rodillazos en la cara para que parara y reducir sus posibilidades de defensa. A continuación, la impregnó de gasolina, la empujó al suelo y tras decirle: “Adiós, Yohanna”, encendió un mechero y le prendió fuego. En ese momento, la mujer comenzó a arder. Gritaba y pedía auxilio “mientras él permanecía a unos metros riéndose impasible, sin prestarle ayuda”.

El acusado no solo no hizo nada por ayudar a su expareja mientras veía cómo se quemaba sino que cuando vio que ella pedía auxilio, trató de agarrarla, pero la dejó porque su cuerpo todavía estaba en llamas, dice el relato fiscal. Fue ella misma quien consiguió con una manguera rociarse con agua mientras su familia salía en su ayuda. Durante un mes estuvo en coma inducido y tardó 411 días en curarse aunque las secuelas tanto psicológicas como físicas, para su vida laboral y social son consideradas como muy graves, por las quemaduras de segundo y tercer grado en el cuello y cara, el tórax, la espalda y las extremidades. Fue diagnosticada de un trastorno por estrés postraumático no solo por el episodio sufrido sino por la dinámica de control y violencia tanto física como psicológica ejercida por el procesado durante la relación sentimental.

Así, solicita cinco años de prisión por un delito de lesión psíquica, dos por el delito de acoso y 14 años, 11 meses y 29 días por la tentativa de asesinato. Además pide un total de 38 años de alejamiento con control mediante dispositivo telemático tras el cumplimiento de la condena y el pago de una responsabilidad civil de más de 670.000 euros, a los que añade los gastos de asistencia del servicio de dermatología de la clínica privada así como cualquier otro gasto médico.

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