El acusado de matar a su mujer en Gondomar: "No recuerdo acuchillarla. Ese día yo estaba muerto"

El acusado de matar a su mujer en Gondomar en 2020 declaró ayer ante el jurado no recordar haber acuchillado a la víctima, de la que dijo: “Me la montaba por cualquier cosa”

Publicado: 19 jun 2023 - 17:01 Actualizado: 20 jun 2023 - 10:51
El acusado de matar a su mujer en Gondomar. // Jorge Santomé
El acusado de matar a su mujer en Gondomar. // Jorge Santomé

Valentín A.B., de 67 años, rompió su silencio ante las cinco mujeres y cuatro hombres del jurado popular que, desde ayer, le juzgan en la Audiencia en Vigo por el asesinato con alevosía y ensañamiento de su mujer Soledad en el domicilio conyugal de Gondomar en diciembre de 2020.

Con un argumento de defensa nada claro y por momentos contradictorio, el acusado aseguró no recordar haber acuchillado a su esposa, de entonces 54 años, con una incapacidad, recién operada de la cadera y obesidad mórbida. Dijo que aquel 2 de diciembre “yo no estaba vivo, estaba muerto” en referencia a que no logra recordar lo que ocurrió. Sí dijo no obstante que “yo no soy un animal, no soy capaz ni de matar una gallina” pero al mismo tiempo pidió perdón “por el suceso” y dijo frases como “que se me fue la chimenea”, “no sé, sería yo” o “si soy culpable que me condenen”.

Prisión por el crimen

La Fiscalía, la acusación particular (en representación de los dos hijos del matrimonio) y la acusación popular (Xunta) solicitan 30 años de prisión por lo que calificaron de “muerte cruel y cobarde” al recordar que Soledad recibió siete puñaladas en órganos vitales con un cuchillo de 17 centímetros y presentaba en total 21 lesiones, tanto de cortes como de golpes. Coincidieron en que fue un ataque brutal y machista provocado por la dominación hacia su mujer, mientras la fiscal recordó “tolerancia cero” a la violencia de género. Pero la defensa se mostró disconforme, “no compartimos la violencia de género, sino que fue una situación límite”.

Bajo ese argumento, Valentín se mostró como un hombre deprimido, que relató hasta cuatro intentos de suicidio, todos fallidos. Dijo que acudió a una psiquiatra privada a la que “pedía que le parara la lavadora de mi cabeza, que no me diera pastillas que me dejaban gilipollas”.

La razón de su estado se la atribuía a su mujer. Aunque dijo que su relación con ella era relativamente buena, esta empeoró al trasladarse a vivir de Vigo a Gondomar en 2014, “me compré esa finca con todo el cariño ¿para llegar a esta situación?, trabajé como un cabrón y ella no me dejó disfrutarla”.

Maltrato psicológico

Él negó humillar a su mujer por el peso, solo dijo que “genéticamente cuando la conocí era tendente a engordar y yo solo le decía que se cuidara porque iba a acabar mal”. Pero sí afirmó por el contrario que “ella me la montaba por cualquier cosa, la vida era un infierno, cada día era peor por los insultos graves, graves, hacia mí”. Aseguró que le despreciaba delante de la familia, diciéndome que era una mierda y un inútil".

La pareja tenía dos hijos, el pequeño con discapacidad por Síndrome de Down, Asperger y Epilepsia y el mayor del que dijo “me perdió el respeto e influyó en calentarle la cabeza contra mí”. “Llorando le pedí que intermediara y no me ayudó”, argumentó. Respecto a los cuidados sobre el hijo pequeño, dijo que se ocupaban ambos, tanto él como su mujer “él venía conmigo al fin del mundo”.

Tras el crimen, se encontró en la casa un convenio de divorcio, en el que le daba la patria potestad del hijo con problemas a la madre. “Yo con mi depresión no podía cuidar de él”, aseguró.

Un taxista: “Dijo que había matado a su mujer y que él se desangraba”

Uno de los testigos clave de la acusación fue el taxista que se encargaba de trasladar desde el centro donde acudía el hijo menor en Vigo a la vivienda en Gondomar. “Siempre estaba el padre esperando en la puerta, pero ese día no había nadie”, relató. “Llamé al padre y luego a la madre pero no contestaban hasta que conseguí que él descolgar el teléfono y solo me dijo que llamara a la Guardia Civil porque había matado a su mujer y que él se desangraba. Fue lo que hice”.

En ese momento, los agentes se encontraron con un “escenario dantesco”, tal y como lo describió el fiscal.

En la sala se encontraban las hermanas de las víctimas, muy afectadas, quienes lamentaron que “nadie nos llamara a declarar” a pesar de tener un contacto muy habitual con Soledad, “era ella la que cuidaba de su hijo, él no cambió ni un pañal”, explicaron antes de entrar en sala.

Quejas por el sonido de la sala

Durante la vista, los miembros del jurado interrumpieron en varias ocasiones debido a la mala acústica que impedía entender las declaraciones. La presidenta de la sala incidió en que “llevamos más de tres meses pidiendo una solución, pero no nos hacen caso y los juicios se convierten en una tortura”. Los problemas de sonido en la macrosala de la Audiencia son especialmente notables durante una vista, donde no puede haber confusiones.

El hijo dice que su padre humillaba a su madre y ella le tenía miedo

El hijo mayor del matrimonio también declaró ayer en la primera sesión del juicio. Relató que toda la vida la relación de sus padres fue “tensa”. “Mi padre humillaba a mi madre, llamándola vaca, gorda y diciéndole que se estuviera callada, no vi amenazas, ni puñetazos, pero sí cómo le tapaba la boca”, afirmó, mientras consideraba que por eso su madre no salía con su padre y cuando iban a un bar ella se quedaba en el coche.

Contestó que sabía que tenían intención de separarse, pero que “según escuché mi madre no estaba de acuerdo con las condiciones del convenio porque él se quería quedar con todo”. Negó saber que su padre tuviera depresión o que tomara algún medicamento con tal fin ni que le hubiera contada nada de los intentos de suicidio. “Le dije que se separara, pero que no la tocara”, afirmó.

“Mi madre me contó que un año atrás, en su cumpleaños había tratado de asfixiarla mientras dormía y que desde entonces tenía miedo y dormía con un cuchillo bajo la almohada, pero la verdad no me esperaba que pasara esto, si hubiera tenido un mínima sospecha no lo habría permitido”. El día de los hechos, fue con su madre de compras y luego la dejó en casa con su padre, quien le llamó poco después porque “había roto la vitrocerámica para ver qué hacía. Entonces llamé a mi madre para ver si todo iba bien, y me dijo que sí”.

Pudo comprobar tras el crimen cómo la placa de la cocina tenía marcas de tres puñetazos. Sobre el cuidado de su hermano, “era mi madre la que se encargaba de los cuidados, mi padre lo recogía porque ella andaba con muletas y no podía. De hecho, se había operado y pidió el alta antes de tiempo para cuidarle".

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