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Una mujer acusada de dejar tuerto al que fuera su novio al golpearle con el cargador del móvil en el ojo defendió este jueves la ausencia de intencionalidad en su accción. Durante el juicio, celebrado en la Audiencia en Vigo, afirmó que “fue un accidente, no quería hacerle daño”, mientras relató que se encontraba en medio de una situación tensa en la que él la tenía agarrada por el cuello, “solo quería defenderme, nunca pensé que un cargador de un móvil pudiera causar ese daño”.
El relato realizado por la joven, que se enfrenta a una pena de 9 años de prisión, no coincidió con la versión de la víctima. Ella aseguró que aquel día de abril de 2021 tuvo una discusión con su pareja porque “un compañero de trabajo me llevó a casa y a él le pareció una falta de respeto, que era una asquerosa y comenzó con el daño psicológico por whatsapp”. Así, ambos salieron por separado a tomar algo con los amigos. “Yo llegué a casa antes y cuando él apareció, ya dio un portazo. Había bebido o tomado sustancias y me dijo que era una puta, así que empecé a hacer las maletas, pero entonces me tiró toda la ropa”, afirmó. La joven declaró que él la empujó contra la pared y la arrastró por el pasillo y cuando le llamó ‘yonki’ “me puso las manos en el cuello, tenía el cable con el cargador colgado y le di con él, pero fue un accidente”. Insistió en que “fue acción-reacción, no dirigí el cargador al ojo y quiero reparar el daño que he hecho", mientras al finalizar la sesión pidió perdón.
Por su parte, su expareja contó que tuvieron una discusión porque “ella quería traer alguien a casa y entonces yo le dije que se marchara de casa. Le quité el móvil de las manos y cuando salí a la terraza y levanté la cara, sin razón aparente, me atacó, me clavó el cargador en el ojo, me apuñaló con él”, mientras negó que la tuviera agarrada por el cuello o que hubieran forcejeado.
De hecho, aseguró que no era la primera vez que ella le atacaba, “me llegó a clavar unas tijeras en el cuello y hasta me encerró en el cuarto de la lavadora". Señaló que además de perder el ojo “tuve que cambiarme de casa, porque ella venía e intentaba entrar, y se paseaba por allí riéndose a carcajadas. Nunca me pidió perdón, solo se ha reído de mí y de mi familia”.
Los policías que testificaron negaron que la mujer tuviera marcas o lesiones en el cuello visibles y coincidieron en que ella se encontraba normal, no estaba alterada o nerviosa. Uno de ellos aseguró que el cargador tenía un saliente doblado, si bien no recordaba si tenía el cable o no.
Por su parte, la forense que examinó a la víctima, incidió en la gravedad de la lesión, por la que el joven perdió la total visión del ojo y tuvo que ser intervenido en varias ocasiones, la última para colocarse una prótesis. Los magistrados fueron los que le preguntaron sobre el mecanismo de dicha lesión. A este respecto la médica del Imelga señaló que para causar la pérdida del ojo se requirió “una intensidad moderada” y apostó como más probable “el impacto directo sobre el ojo frente a un lanzamiento”.
La acusación particular fue implacable y rechazó las atenuantes de confesión, reparación del daño y dilaciones indebidas, al entender que mintió y que solo abonó unos 2.000 de una indemnización que oscila entre los 85.000 y los 120.000 euros. La defensa alegó que se trató de un delito de lesiones imprudentes. “Fue mala suerte, si hubiera querido hacerle daño podía haber utilizado otro instrumento y no un cargador aparentemente inofensivo”.
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