¿Se acordará Vigo alguna vez de los liberales que fusiló Morillo en 1823?

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Alguna vez Vigo tiene que recuperar la memoria de los liberales que pagaron con su vida su defensa de la Constitución de 1812

Estatua de Pablo Morillo en la plaza de Independencia.
Estatua de Pablo Morillo en la plaza de Independencia. | Atlántico

Todos los años, cuando se empieza a hablar de las conmemoraciones del 28 de marzo siento la tentación de recordar a los olvidados, a los liberales que el traidor Morillo fusiló en Redondela, tras pasarse al absolutismo y volver a entrar en Vigo para abrogar las libertades y privarla de la condición de capital de provincia de que había disfrutado durante el Trienio Liberal. Hace años en una conferencia en la Asociación de Vecinos Casco Vello traté vanamente de llamar a la cordura y desmontar la repetida serie de mentiras, embustes y ausencias que siguen rodeando la versión enquistada. Una de las más notable fue la de las famosas banderas de las Alarmas del Fragoso, que difícilmente pudieron estar en la gloriosa jornada del 28 de marzo de 1809 por la sencilla razón de que fueron tejidas en 1810. Pero durante años se custodiaban en la concatedral como símbolo de la Reconquist.

¿Cómo es posible que organizaciones vecinales y otras instituciones sigan proclamando la memoria del traidor? Varias veces he aconsejado la consulta de obras serias, como el reconocido libro del historiador británico Ronald Fraser, titulado “La maldita guerra de España”, documentado y escrito con el rigor que el caso merece. Fraser se ocupa de analizar la historia real entre 1808 y 1814 y, sobre todo, recuperar a un personaje esencial de la historia que la patriotería local ignora, mientras se centra el relato en Cachamuiña, Pablo Morillo, el teniente Almeida, los abades de Couto y Valladares, el alcalde Vázquez Varela o el marinero Carolo. Por cierto que al pobre Cachamuiña le pagaron tarde y mal.

Fraser aclara es que los franceses no se rindieron a Morillo, como indica la versión oficial, ascendido a coronel en el campo de batalla, sino al capitán Coutts Crawford, un oficial de carrera, de la fragata británica Venus; es decir, a una de las dos enviadas para ayudar a los sitiadores y, de paso, recoger cautivos a Chalot y sus soldados. Y es el oficial inglés quien se lleva a los prisioneros. Pero es que aparte, es mentira que aquella fuera una guerra patriótica. A los abades lo que les preocupaba era que de la mochila de alguno de aquellos soldados se desprendiera alguna idea de la Revolución Francesa. Los instigadores de la revuelva, que no hacen nada cuando los franceses retornan en 1923, defendían la alianza del trono y el altar, la religión frente a las ideas de la Ilustración.

La versión oficial, contenida en el opúsculo “Los héroes de la Reconquista de Vigo”, publicada en 1891, señala que Chalot se rindió a Cachamuiña (ambos firmaron el acta, dice, lo que reduce el papel de Morillo en este asunto), y atribuye el comandante inglés el papel de mero testigo. Y sobre todos destacan los curas ultramontanos. No se olvide que las proclamas del cura de Valladares y Troncoso, el hombre del marqués de la Romana, reclutaron a su gente bajo la inmediata amenaza de fusilar a todos aquellos que no se aprestasen a la lucha voluntaria.

Alguna vez Vigo tiene que recuperar la memoria los liberales que pagaron con su vida su defensa de la Constitución de 1812. Esos eran los progresistas. El 4 de agosto de 1823 Morillo entra en Vigo. La rendición de la ciudad la recibe quizá por vergüenza en Redondela, donde es agasajado por los elementos menos comprometidos de la política liberal. Al mismo tiempo, las bandas realistas se entregan a todo tipo de excesos. Después de dos semanas de estancia en Vigo, Morillo avanza sobre A Coruña, ciudad en la que entra el día 21. Aquí tuvieron más tiempo para escapar los elementos liberales, que lograron huir a Inglaterra. A los patriotas de Vigo los fusilaron en Redondela. Por eso choca tanto que su nombre esté consagrado en una base militar moderna y su estirpe ennoblecida. La base de la BRILAT debería llevar el nombre de Espoz y Mina, que fue capitán general de Galicia.

La Reconquista de 1809 sigue exigiendo una relectura en profundidad y colocar en su sitio a sus más inamovibles personajes. A finales de junio de 1823, el general Morillo llega a Lugo al frente de Cuarto Ejército de Operaciones. Se alza contra la regencia, instalada en Sevilla y reúne en torno suyo a un escogido grupo de elementos reaccionarios, con abundancia de representantes del clero ultramontano. El general Quiroga y el coronel del Regimiento de Aragón le instan, sin éxito a mantenerse leal a la Constitución de 1812, pero el traidor tiene otros planes. Fue un eficacísimo instrumento de la represión contra los elementos liberales. Pero Vigo lo sigue representando, teatralmente, por cierto.

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