35 personas con discapacidad, en la “casa grande” de Aspanaex

La residencia, que abrió sus puertas en mayo y cuentan con 36 trabajadores, fue incorporando paulatinamente a sus usuarios para que se adaptasen a su nueva vida

El ejercicio es parte de la vida cotidiana. Usuarios con grandes necesidades, ayer en el gimnasio de Aspanaex.
El ejercicio es parte de la vida cotidiana. Usuarios con grandes necesidades, ayer en el gimnasio de Aspanaex. | J.V.Landin

35 personas con discapacidad intelectual conviven en la residencia de Aspanaex en la calle Porriño de Coia, que abrió sus puertas el 22 de mayo de este año tras una larga batalla iniciada en 2017 para conseguir una infraestructura que “cierra el círculo” porque Aspanaex nació hace 60 años con una guardería en un piso de la calle Pontevedra antes de crear un colegio de educación especial, un centro de día, un centro ocupacional y una vivienda tutelada (ahora cerrada).

La Xunta les concedió 35 plazas públicas en su primer año, que se adjudicaron por concurso público: 15 son para personas que necesitan apoyos más intensivos y otras 20 de servicio terpaútico ocupacional.

El centro fue bautizado como “la casa grande” por los residentes. Era el antiguo centro de especialidades de Coia que se transformó en una residencia de cuatro plantas, tres de ellas dedicadas dedicadas a vivienda. Cada planta tiene un color distinto para situarse: hay una planta verde con siete habitaciones individuales para personas con grandes necesidades de apoyo y de movilidad, una planta amarilla con habitaciones dobles para personas que necesitan grandes apoyos, y la planta superior, la azul, es para personas con más autonomía. Están aprendiendo a convivir y muchos descubren que compartir la vida con un igual les enriquece. Todos los miércoles se reúnen en “asamblea” y opinan sobre la casa para proponer mejoras que se tienen en cuenta.

En la residencia trabajan 36 personas, entre ellos auxiliares de enfermería, logopeda, psicólogo, fisioterapeuta y nutricionista. Se dividen en turnos fijos de mañana, tarde y noche porque es un servicio de 24 horas. Incorporaron también a una enfermera, aunque no es obligatorio, porque da tranquilidad a las familias: revisa cómo pasaron la noche, atiende incidencias y controla la medicación. En el comedor hay múltipes menús, adaptados a cada uno (disfagias, alergias, gustos), que elaboran una nutricionista, una logopeda y la enfermera. Otro objetivo es la buena forma física, por prevención. El centro creó un gimnasio con ayuda de la Once y lo usuarios siguen yendo a la piscina.

La residencia tiene sensores, wifi y registros en digital

Del edificio destacan su luminosidad y amplitud, además de tener todos sus espacios adaptados. A mayores, apostaron desde el principio por la digitalización. Cuenta por ejemplo con sensores que detectan la movilidad de los usuarios por la noche. “Sabemos si pasa algo y respetamos más su intimidad porque no hay que entrar constantemente para ver si están bien”. Los registros diarios (de alimentación, veces que van al baño, las duchas, etc) se hacen en pantallas situadas en las habitaciones y en otras salas, con lo que eliminan el papel y agilizan la tarea. Todos los profesionales tienen teléfono inalámbrico para estar localizados y los residentes disponen de wifi.

Sobre las familias, aspiran a estrechar aún más el contacto. “Para ellos también es duro. Una cosa es mandar a tu hijo a un servicio residencial porque crees que es mejor para su futuro y otra cosa es vivirlo. Les escuchamos y les informamos de todo”, subrayan.

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