Diana Lameiro: “Quiero crear espacios donde las personas se sientan seguras, escuchadas y comprendidas"

"Soy logopeda y convivo con una tartamudez severa desde la infancia"

Diana Lameiro.
Diana Lameiro. | Vicente Alonso

Diana Lameiro se formó en Anatomía Patológica y Radioterapia y Logopedia. Esa etapa fue clave para entender el valor del sistema sanitario y el impacto que tienen los profesionales en la vida de las personas. En 2009 fundó el Centro Lingoreta, premiada Aje Vigo, Premio Ejecutivas de Galicia y Premio Femupo por su labor en el sector de la salud mental. Con la creación de una fundación y una editorial, Lingoreta sigue creciendo y transformándose, siempre con la misma esencia: acompañar y ayudar.

-¿Cómo llegó al mundo de la salud mental?

-Mi llegada al ámbito de la salud mental no fue casual, sino el resultado de un proceso vital marcado por la experiencia personal, la superación y una vocación que fue tomando forma con el tiempo. Soy logopeda y convivo con una tartamudez severa desde la infancia. Durante años, hasta los catorce, acudí de manera continuada a terapia, una etapa que influyó de forma decisiva en mi manera de verme, de sentirme y de relacionarme con los demás. Crecí con una importante carga emocional, atravesada por la vergüenza, el miedo a hablar, la inseguridad y largos silencios forzados. Durante mucho tiempo sentí que mi voz no tenía un espacio propio. Sin embargo, con el paso de los años, el acompañamiento profesional adecuado y un profundo trabajo personal, logré transformar esas experiencias en aprendizaje, sensibilidad y fortaleza. Hoy puedo afirmar que aquello que más me dolió fue también lo que me permitió desarrollar una mirada más empática y respetuosa hacia los demás. En ese camino me encontré con profesionales que supieron entenderme junto con mi familia, en los momentos más difíciles. Gracias a ellos comprendí el verdadero valor de la terapia, no solo como herramienta de intervención, sino como un espacio de acompañamiento. De forma casi natural nació en mí el deseo de ayudar a otras personas. Al ver a niños con dificultades en la comunicación, me sentía profundamente identificada y trataba de estar cerca, de acompañarlos, porque conocía de primera mano lo que estaban viviendo. Quería acompañar procesos, escuchar historias y contribuir a que las personas pudieran expresarse, comunicarse y recuperar su voz. Así fue como la logopedia se convirtió en mi proyecto de vida, tanto a nivel personal como profesional.

-¿Cómo definiría su proyecto actual?

-Hoy, el Centro Lingoreta cuenta con dos sedes: una en Vigo y otra en Gondomar. Cada mes acompañamos a más de 320 familias. Pero Lingoreta no es solo un centro terapéutico; es un espacio de crecimiento, escucha y aprendizaje continuo, donde cada historia importa. Lingoreta nació con la vocación de acompañar, y con los años se ha convertido en un proyecto vivo que evoluciona junto a las necesidades de las familias. Aquí no hablamos solo de terapias, hablamos de procesos, de vínculos, de confianza y de tiempo. Nuestro objetivo siempre ha sido estar presentes, sostener y caminar al lado de quienes lo necesitan. Desde hace años ya ayudábamos a familias que no podían asumir el coste de las terapias, pero tras la pandemia esta realidad se hizo mucho más visible y urgente. Muchas familias atravesaban momentos de gran fragilidad emocional y económica. De esa necesidad nació la Fundación Lingoreta, cuya misión es ofrecer becas a personas que necesitan una terapia y no pueden permitírsela en ese momento. La fundación no trabaja únicamente con familias en riesgo de exclusión, sino también con aquellas que atraviesan una etapa vital complicada.

-¿Cuál es la motivación de su trabajo?

-Mi mayor motivación es ayudar a las personas que conviven con alguna dificultad, acompañándolas con respeto, sensibilidad y profesionalidad. Para ello, siempre me rodeo de profesionales altamente cualificados y especializados en cada área, porque creo que el trabajo en equipo es clave para ofrecer una atención de calidad. Me mueve profundamente crear espacios donde las personas se sientan seguras, escuchadas y comprendidas. Espacios donde la atención sea cercana, personalizada y humana, y donde las familias no se sientan solas en su proceso. Para mí, la terapia no es solo una intervención técnica, sino una relación basada en la confianza y el

acompañamiento a las personas. Otra de mis motivaciones es cuidar al equipo que forma Lingoreta. Creo en el aprendizaje diario, en crecer a partir de los errores y en las buenas condiciones laborales, formación continua y un entorno saludable. La salud mental de los profesionales debe ser una prioridad, porque solo cuidando a quienes cuidan podemos acompañar de verdad. Otra de mis motivaciones es dejar un legado a mis hijos y que que vivan lo gratificante que es ayudar a los demás.

-¿Qué ha supuesto este último año?

-Intenso, transformador y profundamente revelador. He creado nuevos proyectos, me he formado en internacionalización y en coaching ejecutivo, he impulsado la Fundación Lingoreta y he publicado el primer cuento de la colección Lingoreta. Todo ello supuso un gran crecimiento, pero también un desgaste mental importante. Me vi atrapada en un ritmo acelerado y decidí delegar la dirección de las clínicas en mi compañera desde hace más de 15 años. Este paso me permitió respirar, mirar el proyecto desde otra perspectiva y tomar decisiones más conscientes y alineadas con mis valores y filosofía de vida. Ahora estoy centrada en impulsar la Fundación Lingoreta, dándole una estructura sólida que le permita crecer y sostenerse en el tiempo.

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