Arte y creatividad en la educación
Sandra Benavides, Premio Ernestina Otero 2014, apuesta por el juego como una parte fundamental en el crecimiento dentro de un proyecto que tiene la autonomía y la experimentación libre como base
Tras realizar sus prácticas de Educación Infantil en el CRA Mestre Manuel García, Sandra Benavides recibió el Premio Ernestina Otero por su TFG. Posteriormente, realizó las prácticas del máster en el Antía Cal de Gondomar, un centro con un enfoque pedagógico activo. Allí desarrolló un proyecto de filosofía para niños, explorando obras de mujeres artistas. Su contacto con pedagogías activas y una educación integradora dan origen a su proyecto personal: “Voadoras”, talleres de actividades infantiles.
-¿Cómo llegó al mundo de los niños?
-Dejé los dos últimos años de instituto y comencé a estudiar peluquería, una profesión en la que trabajé durante varios años y que me permitió tener una experiencia muy cercana con las personas y con el mundo del cuidado. Con el tiempo, me decidí por a estudiar Educación Infantil porque sentí que unía reflexión, pensamiento crítico y acompañamiento humano en una etapa clave del desarrollo. Con los años entendí que no fue una decisión casual, sino una elección profundamente vinculada a mi forma de mirar el mundo, de observar los procesos de las personas y de acompañar con respeto y sensibilidad.
-¿Cómo definiría su proyecto actual?
-Se basa principalmente en talleres de arte creativa, los cuales están presentes en las diversas actividades que organizo. Estos talleres están diseñados para edades de entre 3 y 12 años, y ofrecen un espacio donde los participantes pueden disfrutar de total libertad creativa. En cada actividad, proporcionamos una variedad de materiales que les permite desarrollar su imaginación y crear algo único. Además de los talleres regulares, organizamos campamentos durante las vacaciones escolares, actividades complementarias escolares, celebraciones de cumpleaños, y colaboraciones. Todas las actividades tienen en común la mirada respetuosa hacia la infancia y una forma de trabajar en la que el juego, la experimentación y la autonomía tienen un papel central.
-¿Cuál es la motivación de su trabajo?
-Mi principal motivación es observar cómo los niños disfrutan, participan con entusiasmo y se sienten parte activa del proceso creativo. Dedico muchas horas a preparar las propuestas, seleccionar materiales, pensar en los detalles y valorar qué experiencias pueden resultar significativas para distintas edades y perfiles del grupo. Me interesa que cada taller ofrezca algo nuevo, que invite a explorar sin miedo a equivocarse y que permita descubrir sensaciones, texturas y formas propias. Acompañar esos procesos, observar cómo cada niño se relaciona con el espacio y cómo evoluciona su manera de expresarse, es una gran fuente de satisfacción personal y profesional. Mi trabajo tiene sentido cuando veo que las familias confían, que perciben el valor de estas experiencias y que encuentran en el proyecto un lugar donde sus hijos e hijas son mirados con respeto y autenticidad. Esa respuesta humana es, sin duda, lo que me impulsa a seguir.
-¿Valores por los qué destacas su trabajo?
-Están muy vinculados al respeto profundo por la infancia y por la singularidad de cada niño y niña. La escucha activa, la confianza y la calma son ejes fundamentales en mi manera de acompañar, ya que considero que el aprendizaje aparece cuando existe un ambiente seguro y afectivo. Defiendo la autonomía, la experimentación libre y el derecho a equivocarse como parte natural del proceso creativo. También doy mucha importancia a la cooperación frente a la competencia, al cuidado del entorno y a la relación con la naturaleza y los materiales sencillos, que ofrecen múltiples posibilidades de exploración. Mi trabajo destaca por una mirada sensible, coherente y reflexiva, que intenta huir de la presión del resultado y poner en el centro la experiencia y el bienestar emocional.
-¿Qué supone este proyecto?
-Es mucho más que una actividad profesional: es una forma de entender la educación, las relaciones humanas y mi propio lugar en el mundo. Implica compromiso, responsabilidad y una revisión constante de mi práctica, pero también ilusión, creatividad y un aprendizaje continuo que me hace crecer como persona y como educadora. Supone apostar por una manera de acompañar a la infancia más respetuosa y consciente, incluso cuando eso significa alejarse de modelos más tradicionales o de dinámicas demasiado estructuradas. A nivel personal, representa un espacio donde puedo integrar mis intereses, mi sensibilidad y mi manera de trabajar, creando un proyecto que dialoga con la comunidad y con el entorno. Para mí, este proyecto es una experiencia vital que me transforma tanto como yo a él.
-¿Proyectos futuros?
-Están muy enfocados en que “Voadoras” se convierta en un espacio no solo de educación y ocio para la infancia, sino que también llegue a incluir a todas las edades. Últimamente, he estado pensando que tal vez haya más oferta de actividades para las edades iniciales porque vivimos en una sociedad donde las familias necesitan apoyo para conciliar. Sin embargo, creo que sería muy interesante que adolescentes y personas adultas también tuvieran un lugar donde puedan experimentar, crear y dejar volar su imaginación. Actualmente, no veo muchos espacios que ofrezcan esta oportunidad, donde se pueda compartir la creatividad y disfrutar de momentos así, y me gustaría poder llenar ese vacío. me gustaría crear colaboraciones con artistas y personas creativas que puedan ofrecer talleres y actividades de los que podamos disfrutar.
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