Martín Iglesias: “Trabajar para ser el mejor es lo que te va a llevar a tu mejor versión”
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El baloncestista vigués vuelve a Galicia tras 7 años para jugar en el Club Ourense Baloncesto, con el que debutará en Primera FEB
Ya ha llovido desde que Martín Iglesias (Vigo, 2004) dejó su ciudad para integrarse en la cantera del Barça. Siete años después, vuelve a Galicia para fichar por el Club Ourense Baloncesto de Primera FEB -antigua LEB Oro- tras dos temporadas de mucho crecimiento en Huesca. Un salto de categoría y un paso más en la incipiente carrera de un campeón de Europa sub-18 que está encantado de regresar a casa y de tener como entrenador a toda una institución como Moncho López.
¿Cómo está tras el fichaje?
Ando con ese nerviosismo de volver a Galicia después de 7 años. Desde que di el salto a Barcelona, no he vuelto a jugar un solo partido oficial aquí. Significa mucho para mí. También porque puedan venir mis amigos y mi familia a verme, que estamos a 45 minutos de coche.
Ese fue un punto a favor. Otro es el salto de categoría. ¿Hubo más?
Principalmente, una conversación con Moncho (López). Me gustó su idea de juego dinámico, divertido, bonito de ver. También porque es un entrenador que trabaja mucho la formación de jugadores jóvenes e, incluso, de los veteranos.
¿Hubo más ofertas?
Es que no dio tiempo. Fue enseguida. Sabía que Huesca me quería renovar porque me lo dijo el presidente cuando le comuniqué la oferta de Ourense. Con todo el cariño que les tengo, en parte es una putada no volver después de dos años maravillosos. Pero tocaba dar un paso adelante. Si me equivoco o no, lo veremos este año.
“Significa mucho para mí volver a Galicia y que mis amigos y mi familia puedan venir a verme jugar”
¿Espera mucha subida de nivel?
Gracias al nuevo formato de Copa, tuvimos la suerte de jugar contra dos equipos de Primera FEB: los dos de Burgos. Percibes cosas que cualquiera definiría como pequeños detalles, pero estando dentro son grandes. Se nota en la velocidad del juego y en la importancia que le otorgan a todo. Ya no es solo el talento, es que no dan por hecho nada: no dejan un rebote suelo, ni un balón muerto, ni un esfuerzo sin hacer. Nos salieron buenos partidos contra ellos, pero cuando van al máximo nivel, están dos, tres o, incluso, cuatro pasos por delante. A San Pablo le íbamos ganando de seis a tres minutos del final y acabamos perdiendo de 8.
¿Qué expectativas tiene?
La idea del equipo está clara. Es un juego que a mí me gusta mucho y tenemos que ver cómo encajan los jugadores. Pero nosotros vamos a darlo todo y a ser consistentes. Con un juego bonito, que te ayude a ganar partidos que, en principio, no ibas a ganar. Queremos dar más de lo que la gente espera y eso que la gente espera bastante.
Es un salto importante, pero ya lleva dándolos muchos años. ¿Cómo fue el paso del baloncesto formativo en el Barça al Huesca?
Era un paso 100% necesario. Por ejemplo, el que doy ahora está relacionado con una apuesta por seguir mejorando. En el Barça me veía muy superior a los interiores de la Liga EBA. Por eso, cuando llegas a LEB Plata dices: "Ea, aquí es. Aquí voy a tener que trabajar para estar por encima de esta gente".
¿Cómo es para un niño de 14 años irse de casa para entrar en un gigante como el Barça?
Depende de cada niño. En mi caso, fue una ilusión tremenda al principio. Ese miedo que tenían en mi familia, no se materializó hasta dos años después. Los primeros fueron muy sencillos porque me integré con facilidad. Tuve la suerte de que era un grupo muy bueno, que nunca consideró tener estrellas. No hubo problemas de ego. Jamás nos creímos que fuéramos los mejores y siempre pusimos por encima al equipo.
"Mi jugador favorito siempre ha sido Kevin Durant: un tío de 2.11, más largo que un día sin pan, capaz de moverse de esa forma... Es una barbaridad"
¿Y a partir del tercero?
Fue un año raro poque cuadró con la pandemia. No me entendí con el entrenador pese a que hicimos un trabajo muy bueno. El tío es un 10 y como técnico es la hostia, pero fue un malentendido. Deberíamos haberlo llevado por otro lado. Ahí me costó más porque fue duro, pero en el siguiente ya fue otra vez ir con todo.
Y por el medio, las selecciones españolas de formación y ese oro en el Eurobasket sub-18.
Creo que no habría sido lo mismo si no hubiera sido en Turquía. Lo mismo que te diría de Serbia, de España, porque lo demostró, o Grecia si es en Atenas. Porque se vive mucho el baloncesto. Tuvimos el pabellón lleno desde el primer día. Otro nivel. Encima, la final contra los anfitriones, con todo el recinto pitándote. Y ganamos. Qué mejor escenario que ése.
¿Ha tenido algún referente?
Mi jugador favorito siempre ha sido Kevin Durant. Un tío de 2.11, más largo que un día sin pan, capaz de moverse de esa forma... Es una barbaridad. En el baloncesto español siempre me han dicho que me fije en gente de la que pueda sacar cosas. Y ahí entran en juego Víctor Claver, Brandon Davis y Nicola Mirotic. Son jugadores de la leche y con los que puedo encontrar ciertas similitudes para añadirlas a mi juego. Eso es una ayuda increíble.
¿Recuerda cuándo y en qué lugar se enamoró de este juego?
Sí. Fue en el colegio San José de la Guía. Y fue antes, incluso, de empezar a entrenar. En mi familia, todos jugamos a basket. Mis padres jugaban, mi hermano también, y ahí iba yo a verlos con 3-4 años, que aunque cueste creerlo, la pelota era más grande que yo entonces. Me ponía a jugar en la pista de fuera y pasaba del partido que se estuviera jugando. Así que mi madre me metió en las escuelas con 5 años y con 6 ya pasé a benjamín gracias a un permiso. A partir de ahí, hasta alevines allí. La gente, el ambiente, el divertirte jugando fue lo que hizo que el baloncesto sea mi forma de vivir la vida.
“El ambiente y la gente del San José de la Guía fue lo que hizo que el baloncesto sea mi forma de vivir la vida”
¿Cuánto ha evolucionado su manera de jugar desde aquellos inicios en Teis?
Ha tenido muchas fases. Pasó por baches, por cambios... Es normal. Uno desarrolla su juego a la vez que su cuerpo. Cuando empiezas, te enseñan a botar, a pasar… Lo típico. Y cuando llegué a Porriño, no había jugado en el poste en mi vida. En preinfantil ya medía metro ochentaylargo y no había jugado de espaldas nunca. Pelota al suelo, subir el balón... Eso me hizo tener ese plus de agilidad y movilidad que luego me da ciertas ventajas. Después, en Barcelona intentaron mantenerme eso, pero añadiendo el juego interior, el posteo, los bloqueos... Así, hasta que se reparten las posiciones. Y al ser el más alto del equipo, acabas jugando dentro, lo que llevó mis puntos fuertes al plano de ser grande. Por eso, desde el segundo año de cadete hasta hoy, he ido mejorando la parte del rebote, el ‘pick and roll’, defensa interior y demás.
¿Y cuánto le queda por evolucionar? ¿Qué aspectos le gustaría potenciar?
Todos. Mejorarlo todo está dentro de la ambición de querer ser el mejor. Aunque luego no vayas a llegar a serlo, pero aspirar a ello y trabajar en consecuencia te va a llevar siempre a tu mejor versión.
Imagino que en esa ambición está la Liga ACB.
Siempre intento poner los objetivos a muy corto plazo. Si estás en EBA y te pones como meta jugar en la NBA es complicado. El objetivo largo no se puede definir porque es contraproducente. Pero sí que es cierto que el sueño es llegar siempre a lo más alto. Cuando estaba en la cantera del Barça, veía a los chicos del segundo equipo y esperaba ser como ellos algún día. He jugado en LEB Plata, ahora en Oro, que es otro escalón. Con pasos cortos es más fácil mantener la fe y la esperanza.
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