La lava arrasa la iglesia de Todoque y 40 casas más y acelera su marcha hacia la costa
Los vecinos afirman no poder dormir por el miedo que le provoca el incesante ruido volcánico
La comarca este de La Palma amaneció ayer cubierta de la ceniza del volcán en Cumbre Vieja, nacido hace una semana en la vertiente oeste de la isla. Las principales vías se cubrieron del fino polvo volcánico que viaja llevado por el viento a kilómetros de distancia. Y aún así es la forma más amable que muchos palmeros que no están directamente en la zona afectada tienen de enfrentarse al volcán; eso y los estruendos que se perciben desde las entrañas en cada erupción.
Una semana después, vivir con el volcán comienza adquirir cierto sabor de normalidad resignada. “Por mucho que haya vivido el otro volcán, el Teneguía, no me acostumbro al rugir de este”, relata Jorge González, vecino de El Paso, que confiesa que no puede dormir por el miedo que le provoca el incesante ruido volcánico.
Caminar una mañana cualquiera por las calles de El Paso antes del volcán era descubrir una pequeña población de gente amable, viva, con sus charlas cotidianas. Era ver al animado grupo de mayores sentados en el banco próximo al hipermercado recordando felices épocas pasadas. Pero este fin de semana, se percibe la desolación de unas calles desiertas cubiertas de cenizas; se percibe un sordo silencio, solo roto por los bramidos del volcán. Pocos establecimientos están abiertos y en los que lo están el silencio es aún mayor. En los bares, apenas hablan. Se percibe cierto duelo por aquellos que lo perdieron todo bajo la lava.
"Lo han perdido todo"
“Son vecinos, amigos, desconocidos, en definitiva palmeros, de los nuestros”, comenta la camarera de una de las pocas cafeterías que están abiertas y en la que los trabajadores de los medios desplazados se apresuran a comer algo para continuar sus labores. Carmen es una de esas personas que lo han perdido todo. Quizás representa a aquellas que con la constancia de la fuerza de los palmeros seguirá adelante luchando, porque sigue trabajando en su dulcería.
Unas amigas entran al local, intentan animarla. Su casa quedó sepultada por la lava el primer día del volcán. Carmen está allí, trabajando, llena de fuerza y esperanzas por continuar con su nueva vida. Al salir de la dulcería, hay una humilde hucha para recaudar dinero para los damnificados. En la calle, tres taxistas hablan. Uno de ellos muestra en su teléfono móvil la última grabación del dron de la Unidad Militar de Emergencia. “Ya se la llevó, hace un rato”, dice. “La casa, la huerta... lo enterró todo”, repite Antonio, taxista de El Paso que ahora vive en una autocaravana.
Son muchos proyectos de vida sepultados por este volcán dañino y sin nombre. “Para los que ya conocen el triste devenir de sus fincas o viviendas no hay consuelo ni promesas que en estos momentos alivien su dolor”, dice María, una joven que junto a otras amigas colaboran como voluntarias en el Pabellón Camilo León de Los Llanos de Aridane. “He visto el rostro desencajado de estas gentes, y es muy duro”. La ceniza que trajo el viento que lo inunda todo y el caminar sobre ella es la forma más amable de enfrentarse al volcán.
Los últimos isleños desalojados pueden regresar a sus hogares
Las aproximadamente 160 personas que fueron desalojadas de sus casas en la tarde del viernes ante la intensificación eruptiva del volcán de La Palma ya pueden regresar a sus casas una vez que se estabilizaron las señales. Así lo acordó el comité director del Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico (Pevolca), donde se constató que los indicadores que el viernes hicieron prever “un escenario” peligroso para los núcleos de población de Tajuya, Tacande de Abajo y la parte previamente no desalojada de Tacande de Arriba quedan por ahora descartados.
María José Blanco, directora del Instituto Geográfico Nacional en Canarias, informó de que esos indicadores más estables son el tremor sísmico, las señales sísmicas y las deformaciones del terreno. Aun así, las personas evacuadas desde el comienzo de la erupción se acercan a las 6.000, aunque ya todos están alojados en casas de amigos o familiares, segundas residencias, centros sociosanitarios y hoteles, de manera que no queda nadie en el acuartelamiento El Fuerte.
Aunque más estabilizado, el volcán de La Palma sigue generando explosiones. Por ello las autoridades advirtieron a las personas que viven en un radio de cinco kilómetros que se mantengan alejadas de las ventanas por si pudiera producirse alguna rotura de cristales. Por este riesgo, la Consejería de Educación canaria tiene previsto mantener cerrado hoy algún centro educativo adicional en los municipios de Los Llanos de Aridane y de El Paso.
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