La ONU advierte al mundo de una bancarrota hídrica global
Los glaciares han perdido más del 30% de su masa desde 1970, según datos de Naciones Unidas
El mundo ha entrado en una era de “quiebra hídrica global”, según un informe de la ONU dirigido por Kaveh Madani, profesor de investigación del Instituto CREST en el City College de Nueva York, que describe un fallo sistémico permanente en el que la humanidad ha agotado el capital natural necesario para la recuperación de los recursos hídricos.
A diferencia de una crisis temporal, la bancarrota hídrica implica que el uso prolongado del agua supera los flujos renovables y los límites de agotamiento seguro, causando daños irreversibles a ríos, lagos y acuíferos.
El informe -que se titula ‘Bancarrota mundial del agua: Vivir por encima de nuestras posibilidades hidrológicas en la era poscrisis’- utiliza una analogía financiera: mientras antes vivíamos del “interés” del ciclo del agua, ahora consumimos el “capital” o reservas de agua.
Madani advierte que esta situación ya no puede tratarse como emergencias temporales y que reconocer la bancarrota hídrica es el primer paso hacia un manejo sostenible del agua. La evidencia de esta quiebra es clara en la disminución del almacenamiento global de agua. Los glaciares han perdido más del 30 % de su masa desde 1970, afectando la seguridad hídrica estacional de miles de millones de personas. La extracción excesiva de acuíferos ha provocado el hundimiento de más del 5 % de la superficie terrestre, con suelos que en algunas regiones descienden hasta 25 centímetros por año, alterando estructuras geológicas vitales.
Además, en los últimos 50 años se han destruido aproximadamente 410 millones de hectáreas de humedales, equivalentes a la superficie de la Unión Europea, cuyos servicios ecosistémicos se valoran en más de 5,1 billones de dólares. La quiebra hídrica tiene profundas implicaciones humanas y económicas. Cerca del 70 % del agua dulce mundial se destina a la agricultura, y más de la mitad de la producción global de alimentos depende de zonas donde el almacenamiento de agua disminuye o es críticamente inestable.
Actualmente, el 75 % de la población mundial vive en países con inseguridad hídrica, 4 mil millones de personas sufren escasez grave de agua al menos un mes al año, y 1 de cada 4 carece de acceso a agua potable gestionada de manera segura. La sobreextracción ha provocado que el 70 % de los principales acuíferos del mundo muestren tendencias decrecientes a largo plazo.
Los impactos económicos son igualmente alarmantes: además del valor perdido de los humedales, el costo mundial anual de los daños relacionados con sequías inducidas por el hombre alcanza 260 mil millones de euros, y el 50 % de la producción mundial de alimentos está en riesgo debido a la inestabilidad o disminución del agua almacenada.
El informe insta a un reinicio global de la gobernanza del agua, pasando de la gestión de crisis, que busca restaurar el pasado, a la gestión de la quiebra, que priorice la adaptación a las nuevas realidades hidrológicas, la protección del capital natural restante y la justicia hídrica. Así, propone recortar los derechos de extracción para ajustarlos a la oferta real y transformar sectores intensivos en agua -como la agricultura y la industria- mediante cultivos menos sedientos, riego más eficiente y sistemas urbanos que resulten menos derrochadores.
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