El presunto asesino de Porriño atacó a la víctima con un hacha y una azada
Crimen en Porriño
La mujer tenía heridas por el cuerpo además del golpe mortal en la cabeza y él, arañazos en la cara y en el costado. Ayer, continuaba ingresado en Psiquiatría a la espera de pasar a disposición judicial
Teresa de Jesús González, de 48 años, empleada del Servicio de Axuda no Fogar de Porriño, murió tras un ataque brutal. Su cadáver presentaba heridas cortantes repartidas por diversas partes del cuerpo además de un golpe en la cabeza, que fue mortal. Su presunto asesino, Enrique, de 70 años, también tenía marcas que hacen sospechar que hubo un acercamiento previo del que ella se defendió. Él se encontraba en la vivienda de Atios donde ocurrieron los hechos y donde la víctima había acudido en la mañana del martes para atender a la mujer del detenido. Lo hacía solo unas horas después de haber notificado un incidente de acoso sexual el día anterior en ese inmueble informando a la empresa de su deseo de no volver a dicha casa.
Enrique fue encontrado sentado y ensangrentado. Tenía arañazos en la cara y también en el costado, bajo su camisa. Estaba desorientado y decía incoherencias, por lo que, tras ser detenido, fue trasladado al Hospital Álvaro Cunqueiro para una valoración psiquiátrica y ayer continuaba ingresado bajo custodia policial.
La Guardia Civil halló el cuerpo de la mujer bajo una viña en el exterior de la casa. En el suelo frente a la entrada de la vivienda, se encontró un hacha y una azada, que habrían sido utilizados para atacar a la víctima.
En el inmueble también se encontraba la mujer del detenido, afectada por una enfermedad incapacitante tras sufrir un ictus que le impidió dar un testimonio coherente de lo que había ocurrido.
Enrique, carnicero jubilado, había estado en el Cunqueiro días atras por problemas de salud mental, pero volvió a casa. La pulsera hospitalaria estaba tirada junto a la vivienda.
Según informó el delegado del Gobierno, todo apunta a que hoy pueda pasar a disposición judicial y que el atestado sea remitido al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 1 de Porriño, en funciones de guardia.
Mientras, la mujer del detenido, de 72 años, fue primero al centro de día donde acude habitualmente y después a una residencia que le ha conseguido el Concello para estos días mientras tramita el servicio de emergencia para que pueda quedarse de forma definitiva.
Otra cuidadora que cubrió a Teresa: “Él a veces se alteraba”
La vivienda de Atios donde Teresa perdió la vida de forma violenta era “difícil”. Así lo relataba ayer Nieves Castro, una compañera de la fallecida a la que cubrió en este trabajo durante unos quince días entre mayo y junio pasado. Según explicó en declaraciones a este periódico, el detenido “tenía sus altos y bajos, porque su mujer era difícil de llevar, ella seguía pensando que estaba bien y cuando íbamos allí no le gustaba porque pensaba que íbamos a gobernar su casa. A veces estaba mejor pero otras, se ponía agresiva y no colaboraba". Enrique, el marido y ahora presunto asesino, “se comportó bien, pero a veces se alteraba y me decía que estaba un poco deprimido que no podía con la siutación de su mujer. Es más yo le llegué a decir que pidiera ayuda cuando no estuviéramos nosotras".
Respecto a Teresa, solo le comentó que la casa era complicada pero “no me dijo nada más. Era una muy buena chica, trabajadora y muy respetuosa".
Quienes conocían a la fallecida coincidían ayer en destacar su discreción. “No era de esas personas que protestara por el trabajo ni que se quejara, era reservada y muy cumplidora”, explicaba otra compañera que ayer se concentró en la plaza del Concello en repulsa por este crimen.
En la zona donde vívía Teresa, la recuerdan como una mujer amable, “cuidaba a una mujer mayor y la veíamos con ella tomando café o paseando. También con su madre”.
La víctima comenzó a trabajar en el SAF en 2017 por lo que era una de las veteranas y llevaba unos dos años acudiendo a la casa de Enrique y su mujer en Atios, donde acudía diariamente tres veces al día, por la mañana, a mediodía y por la tarde.
Los recursos psiquiátricos, de nuevo objeto de polémica
Enrique había ido al hospital, su familia había solicitado una cita psiquiátrica. Sus vecinos aseguraban que lo veían retraído y que él mismo había comentado estar deprimido. Solo unos días después de haber acudido al Cunqueiro era detenido por el crimen. Fuentes cercanas al servicio de Psiquiatría aseguraban la falta de medios en esta unidad, algo que el propio subdelegado del Gobierno volvió a poner ayer sobre la mesa. No es la primera vez, ya que en el último año se han registrado varios casos violentos vinculados a la salud mental. Según afirmó, lo que demuestra es que las largas listas de espera en Psiquiatría y las carencias que existen en la atención pueden conducir a situaciones graves. “Un año de espera en una cita para un paciente psiquiátrico que puede tener momentos de situación aguda es una bomba de relojería”, afirmó.
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