El Bigsound generó un impacto de 19,5 millones de euros
La segunda edición del festival musical en Pontevedra superó las expectativas de la organización, superando los 35.500 asistentes y con la contratación de 1.500 personas
El festival Bigsound Pontevedra superó todas las expectativas de los organizadores y su productora, la buenense PlayPlan, que confirmó la asistencia de más de 35.500 personas en los dos días de conciertos en el parque de Tafisa. Este aforo, sumado a la preparación de todo el montaje de dos semanas previas, supone un retorno económico estimado de 19,5 millones de euros, según la productora y teniendo en cuenta el impacto del pasado año.
Sin embargo, esta segunda edición la supera ligeramente en un millón y medio, además de la contratación de 1.500 personas en puestos directos e indirectos, que comprenden equipos técnicos, de servicios, seguridad, empleos de hostelería y apoyo logístico en un festival completamente accesible.
La organización del evento, que cuenta con el patrocinio del Concello de Pontevedra, el apoyo de la Xunta y Turismo Rías Baixas, valora que trabajadores de todo el montaje y algunos asistentes se alojan y consumen en la hostelería local, puesto que confirman que vino público de toda Galicia e incluso otras partes de España como Asturias, Castilla y León o Madrid, además de todos los equipos artísticos.
PlayPlan argumenta el atractivo de la cita en un cartel de 22 artistas con dos días de música, una oferta poco habitual en los últimos años en Pontevedra, donde el Concello apuesta por programación gratuita, una tendencia que rompió el pasado año con esta y otras apuestas de pago. Bisbal, Ana Mena y María Becerra fueron las estrellas de este año, y no defraudaron, cumpliendo las expectativas de la organización y los fans.
El balance es positivo para ambas partes aprovechando los espacios abiertos de la ciudad del Lérez. Además, no se produjeron incidencias en ninguna de las jornadas.
La empresa temporal Gi Group se encargó de hacer parte de la selección de los trabajadores, en su mayoría estudiantes o personas a las que les permite ganar un dinero extra. Ese es el caso de Diego y Lucas, dos de los veinte encargados de portar los dispensadores de cerveza a los asistentes. “Se lleva bien y es divertido. Lo peor es el peso de la mochila”, afirman. Solo en los bares trabajaron un centenar de personas.
“A pesar de ser poco tiempo, te llaman de la ETT para trabajar en otros sitios”, afirma Lucas, quien ya trabajó el pasado año, aunque, afirma, que este le gustó más.
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