El acusado de una violación en un coche: “Solo discutimos”
Tribunales
El hombre reconoció durante el juicio que metió a su expareja a empujones en el vehículo, pero niega la agresión sexual
Un hombre acusado de agredir sexualmente a su expareja se sentó ayer en el banquillo de la Audiencia de Pontevedra en un juicio celebrado cinco años después de los hechos, ocurridos en Pontevedra en el interior de un vehículo.
Durante la vista oral, el encausado admitió que, a pesar de que habían dejado la relación, quedaron para tomar unas copas en un bar de Pontevedra a las 8 de la tarde del 25 de septiembre de 2021. Ante preguntas de la Fiscalía el hombre reconoció que se tomó “unas 3 o 4 copas” y que, según su versión, estuvieron discutiendo durante un buen rato por temas de trabajo. A continuación, marcharon hacia el coche de él porque, según su relato, “me pidió que la llevara a Sanxenxo”, a lo que el acusado se negó excusándose en que “daría positivo en alcoholemia”. El hombre aseguró que la relación que tenían “para mí nunca había terminado. Ella hacía lo que le daba la gana”.
El acusado reconoció también haberla empujado al coche, un hecho que no pudo negar, pues dicho comportamiento quedó reflejado en las grabaciones de las cámaras del local y que se presentaron como prueba. Así, quedó acreditado durante la vista que ambos permanecieron dentro del vehículo 47 minutos, momento en los que se habría producido la violación, si bien, no pudo ser captado por las cámaras. El acusado insistió en que “solo discutimos” y que esa noche no mantuvieron relaciones.
La mujer, que declaró a puerta cerrada, afirmó que él le arrancó violentamente el cordón del móvil, se puso encima de ella y la forzó con penetración. El informe aportado por la médica que la atendió en el Hospital Provincial confirma lesiones en cuello y muñecas, compatibles con un forcejeo, y declaró que se encontraron restos de semen coincidentes con el perfil genético del acusado.
Durante la vista oral declararon varios testigos, entre ellos una amiga de la víctima, quien aseguró que ella la llamó “llorando y nerviosa” explicando que R. la había violado, y la acompañó al hospital. También fue claro el testimonio de la psicóloga del CIM de Sanxenxo, que trató a la mujer durante 16 sesiones y ratificó en su informe que “la paciente presenta síntomas con trastorno de estrés postraumático”, causándole una vulnerabilidad de por vida.
Las tres forenses del Imelga, que la entrevistaron en 2023, confirmaron que ella les explicó que sufrió ansiedad, aunque en el momento de su valoración no presentaba síntomas agudos.
Una llamada al padre
Otro de los testificales fue el padre de la mujer, quien afirmó que el acusado lo llamó esa misma noche para pedirle perdón por lo ocurrido con su hija. Sin embargo, el acusado corroboró que se refería a las discusiones y no a ninga agresión sexual.
Finalmente, la perito forense confirmó la presencia de lesiones físicas en miembros inferiores, espalda y una erosión en el cuello compatible con el cordón de un móvil. A pesar de no haber lesiones genitales, la perito respondió a la acusación que ello no era incompatible con una penetración.
La Fiscalía solicita 10 años de prisión para el acusado por un delito de agresión sexual y 30.000 euros de indemnización por daño moral, mientras que la defensa pide la absolución alegando que no quedó probado el delito.
El juicio quedó visto para sentencia.
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