Hacer zapatos

Publicado: 06 feb 2026 - 01:10
Opinión.
Opinión. | Atlántico

El empeño de crear doctrina y ahondar en las decisiones que se tomarán en el futuro, no solo se adueñan de los grandes imperios de la información entre los cuales es muy frecuente organizar largos encuentros en los que se analizan comportamientos y tendencias en complejas sesiones teóricas que, salvo honrosas excepciones, casi nunca sirven para nada salvo lucir palmito intelectual delante de la audiencia presente en el patio de butacas, sino que se ha ido entreverando también entre el variopinto famoseo participante en eventos radiados o televisados desde concursos, entrevistas, actuaciones a mesas de debate. Los populares de medio pelo han entrado a saco en esos foros y, como van saltando de un espacio a otro y de una cadena a otra y compareciendo en cientos de menesteres, –casi todos no relacionados explícitamente con la materia que les ha otorgado popularidad- no se recatan en emitir opinión y explayarse en su visión escenarios políticos, sociales o económicos por muy escasa que sea su alcurnia intelectual y por mucho que su opinión pueda ser apenas tenida en cuenta por la endeblez del discurso y la precaria lucidez de sus argumentaciones.

A la edad que yo tengo ya no es fácil cantarme las cuarenta en bastos ni sermonearme sobre lo que tengo que hacer. Lo malo o lo bueno que tenemos los que ya peinamos canas en los pocos pelos que ya quedan, es que hemos vivido mucho y la vida nos ha enseñado muchas cosas que, en algunos casos, podemos transmitir pacíficamente a nuestros descendientes con el cariñoso objetivo que nuestra experiencia sirva para que las jóvenes generaciones familiares no cometan nuestros mismos errores. Pero este hábito tan extendido de esta fauna cada día más amplia y presente en las redes sociales que no se cansa de adoctrinar al personal y no para de expresarnos sus pareceres y sugerirnos por qué camino tirar empieza a resultar francamente insoportable cuando no lesiva.

La sabiduría popular aconseja que el zapatero no se ocupe de otra cosa que de lo que sabe que es hacer o reparar zapatos. Y es uno de esos consejos sencillos y sensatos a los que hay que atender. Los otros, mejor no.

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