Luis Del Val
Una resistencia ridícula
Como era de esperar y atendiendo las peticiones de la Fiscalía Anticorrupción, tanto Alba y Laura las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero, como Gertrudis Alcázar su fiel secretaria, han sido imputadas por el juez Calama, encargado de instruir el procedimiento judicial que se sigue contra él y sus actividades comerciales, económicas, fiscales y financieras. Calama, al que todos los mentideros del gremio consideran un juez concienzudo, eficiente y modélico en su instrucción, ha considerado que las hijas de antiguo jefe de Gobierno protegerán mejor sus derechos al considerarse investigadas porque si fueran llamadas como testigos estarían obligadas a declarar a preguntas de todas las partes y estarían obligadas a decir la verdad bajo amenaza de ser acusadas de perjurio. En cambio así, pueden negarse a responder y tienen derecho a guardar silencio. No es en verdad mucho consuelo porque ninguna de las dos situaciones está pensada para dar contentos, pero así visto, este trago tan amargo puede tener algo mejor pinta. A la secretaria, sin embargo, se le imputa en función de los hechos y la multitud de trazas de delito que baraja la investigación. Es posible que lo lleve incluso peor todavía.
Lo que sí semeja más cierto es que, tras su larga comparecencia en los juzgados y la toma de declaración llevada a cabo durante dos horas por el juez Calama, nada ha cambiado y Zapatero no ha hecho ni media por desvirtuar el núcleo duro de las acusaciones. Nadie sabe a estas alturas de dónde proceden las famosas joyas encontradas por la UCO en la caja fuerte de sus oficinas que su secretaria atribuyó al montante de una herencia de la señora del imputado, aunque sí se sabe que la tasación oficial de lo confiscado, fijada en millón y pico de euros, es muy inferior al precio real. Que hay parte del botín que no ha sido tasado, que no se ha tenido en cuenta el valor añadido del trabajo de engarce y otras muchas particularidades que pueden elevar su valor al doble de lo referido. Tampoco ha abierto la boca el acusado sobre sus negocios en Venezuela y China. Solo ha concedido un muy dudoso permiso para que el juzgado investigue cuentas a su nombre en el exterior. Si no es tonto y no parece serlo a pesar de su permanente gesto, las cuentas estarán a otros nombres. Eso se le ocurre a cualquiera.
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