Rafael Torres
Por las malas
Asistimos estos días a un inesperado (por lo inesperado del suceso matriz que lo provoca) episodio para aprovechar la ocasión con dos exponentes: convertir a Zapatero en el gran mediador para resolver conflictos, empezando por el que padece Venezuela, donde según el doctor Sánchez, hay “retenidos” (y no detenidos) por el régimen chavista. La segunda consecuencia es aprovechar el lance para convertir al presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, en guía de las medidas que debe ir tomando la sociedad europea para contribuir a la resolver la crisis originada por el secuestro del presidente Maduro por parte de Trump y su insólita alianza con el resto del chavismo intacto para hacerse con el control de los recursos del país.
La figura clave es Zapatero, aquel que dijera que lo característico sea predicar y vivir la pobreza, asunto del que no es precisamente ejemplo notable. Ahora se exhuma la obra del ex presidente, entre otras cosas, como martillo de Thor del franquismo inexorable que marca un nuevo tiempo en la historia de España en todos los ámbitos. Por ello, es de imaginar que, cuando los historiadores del futuro analicen las causas de las agitadas controversias de la España de nuestros días habrán de anotar que el responsable del inicio de la “desconstrucción” de aquella nación “discutida y discutible”, es José Luis Rodríguez Zapatero. Caso que, sin embargo, exigía aplicar reglas asimétricas con respecto a otros territorios del Estado, porque Cataluña sí que es una nación indiscutible.
En 2004, en el Senado, como si fuera realmente una autoridad en Derecho, reinterpretó la Constitución con asertos que quedaron para la historia como que el concepto mismo de nación es discutido y discutible. Fue Zapatero temprano contestador de la Constitución de 1978, sus efectos, la concordia de la Transición y la plena reconciliación y olvido que conviene recordar en las palabras de Marcelino Camacho, cuando la defendió en el Congreso la amnistía del 77. En plena crisis económica, que colocó a España al borde del rescate, llegó a decir que el país estaba en la “Champions league” de la economía, para seguidamente tener que tomar drásticas medidas, como rebajar el 5 por ciento de su sueldo a todos los funcionarios del país. Y eso, pese a que, el ahora contestatario, Jordi Sevilla le enseñó de economía en dos tardes. El discurso donde lo anuncia desde la tribuna del Congreso fue memorable. Desde el primer momento tuvo como objetivo lo que se calificó de medida de aproximación a ETA, a favor de la paz. Pero cuando la organización terrorista volvió a asesinar (atentados de Barajas), siguieron las negociaciones, pese a decir lo contrario, aparte de los incidentes del “Bar Faisán”, el soplo a la red de recaudación del impuesto revolucionaria de la acción policial. No hay duda de que es un gran mediador.
Desde 2016 coincidiendo con el acoso a la oposición y la evolución del chavismo hacia una pura y simple dictadura más, Zapatero pretendía figurar como mediador, pese a que el propio Maduro lo consideraba persona de confianza, cercano a los propios postulados populistas del chavismo (véase la cordialidad que emana de sus fotos juntos) dentro del denominado anillo del presidente usurpador, compuesto entre otros por Delcy Rodríguez, vicepresidenta y mano derecha de Maduro, a quien invitó a Madrid en el 2020 pese a tener esta la entrada prohibida a la UE. Y cuando Maduro falseó el resultado de las últimas elecciones para seguir en el poder, que la sociedad internacional denunció de modo unánime, el silencio de Zapatero fue atronador. A los pocos días, en una entrevista, se atrevía a decir que el asunto del fraude no estaba claro y que Maduro ganara muchas elecciones. El secretario general de la OEA, Luis Almagro, había recomendado al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero "que no sea imbécil" y no defienda la "dictadura"de Maduro. Eso es también historia.
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