Manuel Orío
De susto en susto
Un observador que no conozca a fondo el grado de surrealismo político en este país nuestro se quedaría hondamente sorprendido ante la magnitud de las divergencias entre dos socios de gobernación como el PSOE y Sumar. Las discrepancias públicas, notorias y graves se multiplican, tanto en lo referente a la reacción española ante la crisis venezolana como ante el plan de la vivienda alumbrado por Pedro Sánchez el pasado lunes. O, ya que estamos, las divergencias se extienden también a la 'solución territorial' en cuanto a repartos para la financiación autonómica: no a todos les ha gustado que se beneficien hasta tal punto las expectativas de Esquerra Republicana de Catalunya.
Se ha llegado a un punto en el que se ha escuchado privadamente a algunos responsables socialistas afirmar que la coalición con Sumar ha llegado a su fin: "Yolanda Díaz tiene que entrar en el PSOE o... salir de una vez del Gobierno", llegó a afirmar un conocido dirigente socialista madrileño, cuyas relaciones con Más Madrid no parecen pasar por su mejor momento.
Resulta, en efecto, bastante difícil poder seguir afirmando que el Gobierno tiene un funcionamiento homogéneo y eficaz, como hizo Pedro Sánchez en su comparecencia ante los medios a finales de diciembre, cuando se observan, y es imposible no hacerlo, las disensiones entre los 'socios'. Estas disensiones, tanto en política exterior como autonómica o económica -los encontronazos entre la vicepresidenta Díaz y el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, son ya casi cotidianos-, dificultan más aún el normal funcionamiento de un Ejecutivo que tiene que caminar por terrenos muy ajenos a la normalidad y algunos de cuyos integrantes mantienen relaciones de tensión con otros.
No faltan quienes culpen en parte a las fricciones con los ministros de Sumar de algunos de los lapsus que han caracterizado la acción gubernamental, desde el 'caos de las balizas' en Interior hasta la precipitación en lanzar un 'plan de vivienda' que no había sido consultado con los los socios (ni con nadie) y que, tras haber sido anunciado a bombo y platillo por Sánchez, espectacularmente rodeado de varios ministros, hubo de ser matizado: se trata, dijeron desde La Moncloa, de un plan que hay que aquilatar en sus detalles. Sobre todo cuando es casi segura su no aprobación en el Congreso de los Diputados.
Las relaciones con la patronal, la regulación del salario mínimo, la reducción de la jornada laboral, que son cuestiones que se quiere 'apuntar' una muy debilitada Yolanda Díaz como tantos en su haber, son otras tantas cuestiones que enervan al 'otro sector' gubernamental, no tanto por el fondo del asunto, cuanto por cómo se van presentando a la ciudadanía, o sea, a los votantes. Hasta el punto de que no faltan voces autorizadas, que, todavía con sordina, dicen que lo mejor que podría hacer Yolanda Díaz sería disolver su movimiento hasta donde ella pueda hacerlo e integrarse como un 'ala izquierda' en el PSOE, dado que, con el nacimiento de un proyecto de 'corriente', la de 'Socialdemocracia 21'de Jordi Sevilla, ya parece estar fraguando un ala derecha en el partido fundado por Pablo Iglesias Posse en 1889.
Por supuesto, no parece que vayan por ahí los tiros, aunque se observa un creciente nerviosismo entre los ministros de Sumar acerca del porvenir político de esta formación, que ha perdido a algunos de sus aliados y que "no puede seguir siendo cómplice ante esta deriva del PSOE", según una fuente que afirma ser cercana a una de las ministras de Sumar. Por otro lado, también cunde la inquietud en el mismo seno del PSOE, donde se confiaba en un más rápido y mayor trasvase de votos desde Sumar al Partido Socialista, comprobándose, por el contrario, que este trasvase bneficia más a Podemos, ya urreconciliable tantocon laformación que un día encabezó Yolanda Díaz como con la que tiene a Pedro Sánchez como secretario general.
Todo lo que aquí se afirma tiene mucho que ver con esa siempre aplazada recomposición a fondo de la izquierda española, hoy fragmentada en demasiadas formaciones minúsculas, algunas de carácter regional, y, para colmo, mal avenidas. Pero, por lo que voy comprobando, puedo afirmar que en el seno del PSOE está naciendo una corriente que nada tiene que ver con más a la izquierda o más a la derecha: está naciendo una corriente, quizá pronto mayoritaria, que piensa que así el partido no puede seguir. Y que hay que hacer cosas radicalmente nuevas, quizá, incluso -incluso- con caras nuevas.
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