Fernando Ramos
La cumbre de Corina Machado frente a la de Pedro Sánchez
La presencia de María Corina Machado en Madrid y su baño de multitudes de la Puerta del de Sol cuyo impacto la Delegación del Gobierno ha tratado de cauterizar proponiendo una concentración de once mil asistentes si bien las panorámicas advertidas durante los actos propuestos por los responsables de la Comunidad sugerían que allí se dieron cita bastantes más, ha coincidido con la llamada cumbre de la izquierda que se ha celebrado en Barcelona convocada por Pedro Sánchez. No se trata de una casualidad sino de una situación que muestra el inquietante panorama que está distinguiendo a nuestro país y que observa con gesto de preocupación la Unión Europea en la que estamos integrados. España proyecta la estampa de un país dividido que ha vuelto a su lado hostil tras una reconciliación modélica que asombró al mundo por su dignidad, responsabilidad y significado en los momentos angustiosos y sin duda difíciles tras la muerte del Franco. El país se abría a una situación de libertad casi olvidada tras casi medio siglo de dictadura, y recuperaba la dignidad perdida gracias a una población en cuyo sentido común no confiaba casi nadie y que, contra todo pronóstico, ofreció una lección de recuperación serena y eficiente a pesar de la terrible presencia de ETA matando a diestro y siniestro y de los restos del franquismo amenazando con la involución y la vuelta a las tinieblas en cada esquina. Un funeral diario, un intento de golpe de Estado, un incesante ruido de sables y sin embargo… Sin embargo triunfó la buena voluntad de los españoles, sus deseos de vivir en paz, sus ansias de elegir libremente, sus perentorias necesidades de equipararse a Europa y sentir y proclamar su júbilo por integrarse de pleno derecho al bendito club de las democracias, Constitución incluida.
España es hoy y de nuevo, un campo de batalla dialéctica con muestras inequívocas de intolerancia política, contramedidas, bronca en cada esquina, imposibilitada de encontrar un punto de convergencia, carencia de respeto mutuo, inquina resucitada y un lamentable y dañino comportamiento parlamentario. Una radiografía triste y patética que nos devuelve a tiempos pasados. Hemos luchado por nada.
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