Con Vox y sin Vox

Publicado: 21 abr 2026 - 03:00
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A la vista de las encuestas previas a las elecciones andaluzas el PSOE va camino de despeñarse, mientras el PP debate puertas adentro sobre la posibilidad de verse obligado a pactar con Vox una gobernabilidad similar a la ya pactada en Extremadura con los de Abascal.

No es lo mismo gestionar la cantada victoria del PP, tan cantada como la derrota del PSOE en las urnas del 17 de mayo. Sin embargo, el aliento de la ultraderecha en el cuello de Moreno Bonilla se ve como una especie de calamidad. Hasta el punto de endosar este discurso al candidato del PP: "Nos vamos a dejar la piel para que no nos ocurra como a nuestros hermanos de Extremadura".

En ciertos medios se acompañan esas palabras con la sugerencia más o menos explícita de que en la calle Génova de Madrid, donde reside la dirección nacional del PP, ya están arrepentidos del pacto extremeño con Vox unos días después de haberlo firmado.

El debate es absurdo, interesado, promovido desde los entornos sanchistas nacionales y andaluces que silencian un dato incontestable de la realidad. Me refiero al hecho de que el pacto PP-Vox en Extremadura, como en su día fueron otros a escala autonómica, como en su día puede repetirse a escala nacional, son producto de la necesidad. No de la sintonía de un partido que juega en el centro y otro en el extrarradio.

¿O ya hemos olvidado que el reinado de Sánchez en la Moncloa se debe a una alianza con declarados enemigos de un Estado que no reconocen desde posiciones republicanas y sediciosas? Pero ni siquiera quienes reprobamos esos pactos podemos decir que respondieron a una previa sintonía política o ideológica, porque no es verdad. Respondieron a la necesidad de conquistar la Moncloa. La justificación vino después en las narrativas al uso. Las que se hacen lenguas de una "coalición progresista" como fuente inagotable de bienes sin mezcla de mal alguno.

El "mejor solos que mal acompañados" de toda la vida es el mantra dominante. Todos los líderes aspiran a mandar sin condicionamientos. Todos quieren ganar por mayoría absoluta. Todos ofrecen al electorado un programa de partido como si fuera el mejor. Y todos quieren gobiernos monocolores.

María Guardioa (PP) siempre dijo que nunca gobernaría con un partido que negaba la violencia machista. Pedro Sánchez siempre dijo que nunca gobernaría con partidos separatistas. Ambos capitularon en nombre de la "gobernabilidad". Pero solo cuando se puso sobre la mesa el mandato de las urnas. Por eso Moreno Bonilla no habla de "mayoría absoluta" sino de "mayoría de estabilidad". Por si acaso no le queda otra que seguir los pasos de su partido en Extremadura. La aritmética de las urnas es la que decidirá el 17 de mayo si con Vox o sin Vox. Lo demás son enredos.

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