Fermín Bocos
Las listas de Marlaska
La invasión de Ceuta nos produce cada día una nueva escena de vodevil: La cínica comparecencia de Sánchez, arropado por sus files del PSOE, como ajenos, distantes de las propias vicisitudes de los ceutíes, incluidos miembro de su propio advertido de aquella plaza, advertidos de que deben callar la boca y dejar de acompañar a sus vecinos y al resto de los españoles en los actos de solidaridad u rechazo de la invasión. En cuanto a nuevas sorpresas, hay una lógica: se descubre ahora que los jóvenes en edad militar que asaltaron Ceuta tenían instrucciones precisas, para evitar ser devueltos, afirmando que eran víctimas de la persecución política por parte de las autoridades del su país. La eficiencia de la inteligencia militar marroquí nos deja otra evidencia: El informe entregado por el Centro de Extranjería y Fronteras (CENIF) de la Comisaría General de la Policía Nacional a la juez María Tardón, que investiga la invasión de Ceuta del pasado día 30 de julio, en la Audiencia Nacional, revela el empleo de las redes sociales la operación, coordinada por una eficiente dirección desarrollada con éxito.
Conclusión: de las últimas manifestaciones del doctor Pedro Sánchez se deduce que matiza sus primeras versiones de que lo de Ceuta fue una violación de las fronteras del Estado español, porque las masas que lo hicieron respondían en realidad a una crisis humanitaria comprensible, al margen de su organización y origen. Que España es tierra de asilo y que serán acogidos todos los que sean susceptibles de ese derecho y, suponemos, que repartidos por la península. ¿Y el resto? Pues de quedará en Ceuta.
Decía Winston Churchill que peor de determinados hechos es el modo posterior con el que se ha tratado de justificarlos o explicarlos para salvar la cara y la responsabilidad de quienes los cometieron. Estos días, en redes y medios, los avaladores de Pedro Sánchez y su Gobierno nos ofrecen una demonstración práctica ilustrada de ese método conocido, pero con unos niveles de impudicia que rebasa todo límite. El descubrimiento de que, como suele ser habitual en todos los partidos, dicho sea de pasa, circula un argumentario para el uso de los comandos de defensa que hayan de comparecer en público, el conocimiento de listas de calificación del color de diversos periodistas o la insólita afirmación de Marlaska que lo que padece el vecindario de Ceuta es una psicosis subjetiva completan el cuadro. Por lo visto, la ocupación de la ciudad por una masa de personas que se han instalado en sus espacios públicos es una mera percepción personal en su mente de cada uno de quienes la sufren en su vida ordinaria,
Pero no es menos destacable la artillería que, en este caso, tira por elevación: ora elevando a Sánchez a una víctima del resentimiento de sus contrarios, porque ha sido, es, el mejor presidente de la historia de España, ya porque en el caso de Ceuta ha actuado, con pleno éxito, con la prudencia necesaria al caso, lo que ha desatado una campaña contra su persona de la derecha extrema, de la extrema derecha o simplemente del fascismo para simplificar. Pese a las sucesivas derrotas de su partido en sucesivas comunidades autónomas no es prueba del hartazgo de parte creciente de la sociedad española, sino de los efectos de las campañas de los medios del fango y de los jueces al servicio del PP, etc…
En esta barahúnda es especialmente notable el recorrido histórico, donde subyace una especie de duda metódica sobre si España tiene derecho consolidado para mantener su bandera en las plazas de Ceuta y Melilla. Y la conclusión es que depende. Depende de desde dónde se quiera contar. Por lo pronto, la tiene para el comité de Descolonización de las Naciones Unidas que rechazó la pretensión de Marruecos de ser considerados territorios a descolonizar, por ser territorio de plena soberanía del Reino de España.
Y a todo esto, los ataques que desde las terminales del sanchismo se lanzan contra el presidente de Ceuta Juan Jesús Vivas. Quien defiende a su pueblo rebasan todos los límites de la miseria humana y la inmundicia. Y todavía Sánchez tiene el humor de que en la próxima campaña electoral que le confirme cuatro años más en la Moncloa, contará con Zapatero.
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