Fermín Bocos
Las listas de Marlaska
Si el toro de la realidad embiste contra el sino declinante de un Sánchez acorralado por la corrupción y la soledad parlamentaria, nada mejor que el burladero de la ultraderecha. De ahí la notable pobreza argumental de un manido discurso sólo compensado por el anuncio de que volverá a contar con Zapatero en la próxima campaña electoral, así como una próxima visita de Felipe VI a Ceuta, aunque no dio fechas.
Lo demás fue la reiterada descalificación de Feijóo como alternativa de poder por afinidad con las tesis de Vox. Así, no perdió la oportunidad de recordar el pasado como concejal del PP de la jueza Tardón que impulsa la judicialización de la crisis de Ceuta para investigar responsabilidades contraídas tanto fuera (Marruecos) como dentro de España.
El paso de Sánchez por la sesión de control parlamentario del miércoles y, casi sin solución de continuidad, por una TVE que ha externaliza la imagen del personaje en una productora externa (empresa privada con ánimo de lucro) sirvió para confirmar que el presidente del Gobierno se ha aferrado a la alerta antifascista como palanca para seguir cuatro años más en el palacio de la Moncloa.
"No hay alternativa", dice.
Si se le sugiere el dictamen de las encuestas de que el "somos más" ha cambiado de bando, lo catalogará como "una amenaza de involución", aunque está seguro de que "volveremos a ganar" en las próximas elecciones generales, a celebrar "cuando convenga a lo largo de 2027". Se lo espetó a Feijóo en sede parlamentaria y, cinco minutos después, jugando en casa, también ante las cámaras de TVE (no ante entrevistadores adscritos a los Servicios Informativos del ente público).
Y eso ocurrió cuando, poco antes, en el Congreso, el diputado Rufián (ERC), le acababa de decir que, a él, nada sospechoso de veleidades ultraderechistas, no le salían las cuentas de la admonición que habla de seguir en el poder "todo el año 2027 y cuatro más".
Si se le mencionan los casos de David Sánchez y Begoña Gómez, los encajará en una operación de la ultraderecha "solo por ser mi hermano y mujer". Y si Feijóo se opone a la ampliación del censo electoral a hijos y nietos de los exiliados de la guerra civil y el franquismo, en línea con las medidas cautelares del Tribunal Supremo, es porque el líder del PP se ha contagiado de la xenofobia de la ultraderecha, que es la máxima culpable de la degradación del del debate público.
Y, en fin, si se le pregunta por una presión inconfesable de Marruecos para rendir la voluntad del Gobierno español, dirá que son cosas de Feijóo y Abascal. No sin antes referirse a su enfrentamiento con Donald Trump como prueba de que "el Gobierno no admite chantajes de nadie.
Qué pereza, oiga.
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