Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Visto para sentencia el juicio seguido contra el fiscal general del Reino, el jurista Álvaro García Ortiz, un salmantino que ingresó en la carrera fiscal tras su paso por la Universidad de Valladolid y que en el desempeño de su trabajo ha dado algunas vueltas por el territorio nacional desde Mahón a Santiago de Compostela para acabar en Madrid sucediendo en la cúspide del Ministerio Público a su mentora de toda la vida, Dolores Delgado, queda por conocer cuál será el veredicto del tribunal que ha juzgado su caso cuyo resultado final es tan difícil de averiguar como el de un Real Madrid-Barcelona. Lo que sin embargo es más sencillo de analizar es la trascendencia de este inusitado suceso y las consecuencias que el procedimiento acarreará sin duda al ámbito de la jurisprudencia nacional en un futuro y, a pesar del cada vez más escaso interés advertido en los españoles por involucrarse en ámbitos políticos y administrativos cuya situación e importancia no les interesa nada a la mayoría, la influencia que este capítulo puede ejercer sobre la propia ciudadanía, sea cual sea el significado de la sentencia que los magistrados determinen. Se trata por tanto de una reflexión ajena al Derecho y asumida por un amplio sector de gentes que nada tienen que ver con la práctica de la Jurisprudencia.
Para aquellos que somos analfabetos para las materias que se ventilan en este juicio recién concluido y al contrario de lo que ocurre con otras causas, no es fácil renunciar a formarse una opinión de la trascendencia de este suceso a pesar de no saber una palabra de Derecho. Al fin y al cabo y, al margen de la tarea pericial que corresponde a los expertos, la significación del hecho, sus inusuales características, la personalidad del personaje que se juzga y el ámbito en el que se ha desarrollado el suceso y en el que se ha juzgado a su principal protagonista, otorgan permiso de opinión el ciudadano de a pie al que le sigue pesando la categoría de aquel que se sienta en el banquillo –aunque no lo ha hecho nada más que al final- porque es nada menos que el jefe de los fiscales, tiene a sus subordinados involucrados enteros en el proceso, y a la abogacía del Estado en pleno a su disposición para defenderlo. Por eso puede ocurrir que la sentencia no concuerde con el pensamiento ciudadano. O a lo mejor, con el del presidente del Gobierno, que ya lo ha expresado por sí mismo.
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