Fermín Bocos
Vuelve 'la pinza'
Antes de vernos obligados a confinarnos en casa, hace por tanto un par de años, mi única hermana que vive en Madrid me pidió durante una de sus visitas a Vigo, que la llevara hasta la renovada tasca de “Eligio” para darse el gustazo de tomar una cerveza en la misma mesa donde, según su autor, solía sentarse el inspector Leo Caldas. Acababa de leer “El último barco” y se propuso aprovechar la feliz casualidad de que su hermano residiera en la misma ciudad que el policía de ficción para recorrerla tomando la novela de Domingo Villar como guía del viaje. Lo pasamos muy bien recorriendo los paisajes urbanos que enriquecen una novela estupenda, y que en la pluma de Villar adquirieron capital importancia.
Por mi parte, yo había logrado gracias a mi nuera que el autor de la novela me la dedicara después de algunos intentos vanos para encontrarnos, y ayer me emocioné leyendo sus cariñosas frases trazadas a bolígrafo azul en la primera hoja del libro que ahora son un auténtico tesoro para mí. Domingo Villar me atrapó desde las primeras líneas de la primera novela de su saga, y siempre me pareció una inmensa suerte y siempre me produjo una profunda satisfacción saber que uno de los grandes autores de novela negra del panorama literario nacional era también uno de nosotros.
Domingo, vigués distinguido no solo porque lo quiera el Ayuntamiento sino porque lo es por merecimientos propios, imperativo categórico y consenso popular, nos ha dejado de la manera más dolorosa e injusta a los cincuenta y un años que es el momento en que un novelista está en sazón y con todas sus potencias a pleno rendimiento para dar el salto final a la gloria. Domingo preparaba según me dijeron personas cercanas, una nueva entrega de su aventura literaria lo que equivale a decir que estaba dando rienda suelta a otro relato de Leo Caldas y yo, en mi modestia y en mi creciente entusiasmo, ya me estaba relamiendo esperando su llegada. Para nuestra honda desesperanza, Leo Caldas no volverá a resolver casos con su habilidad de gallego de esos que los foráneos suelen situar en una escalera de sube y baja. A Domingo Villar nos lo han robado a mano armada y aquí nos hemos quedado todos los demás. Desolados porque se nos va uno de nosotros. Un vigués de los que hacen que ser de Vigo sea un privilegio.
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