Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Contábamos ayer las historias de personas que hasta hace tres años probablemente tenían una vaga idea de qué era España y por supuesto, desconocían todo sobre Galicia en general y Vigo en particular. En estos tres años, con la invasión rusa, sus vidas dieron un giro brutal y pasaron de estar asentadas en su país, Ucrania, a tener que reinventarse en otro lugar muy alejado en todo. Ayer iba por la calle y me encontré a un grupo de ucranianas, casi siempre mujeres porque los hombres están en la guerra, que conversaban animadamente. Entre ellas había una niña que en un momento se dirigió a su madre y la llamó “pesada”, en español. No se me ocurre mayor integración y tan rápida. ¿Quieren quedarse aquí? Cuando llegaron hace tres años solo pensaban en el momento de recuperar lo perdido y volver a su tierra, en la esperanza de una guerra corta. Pero tres años es mucho tiempo. Una de las ucranianas con las que pudimos hablar, en un español más que bueno, contaba que era médico y estaba a la espera de que le convalidaran su título para poder ejercer, un trámite largo por estar fuera Ucrania de la UE, y mientras tanto se ha montado una tienda de ropa, porque de algo hay que vivir. Ya sabe que su estancia se va a prolongar y comienza a asumirlo. Son algo más de 400, entre ellos niños que llegaron con seis o siete años y que ya se están haciendo mayores en Vigo. Su vuelta depende entre otras cosas de que la UE sea capaz de poner su mejor cara y ofrecer seguridad a Ucrania (incluyendo su ingreso en la UE y la OTAN), y eso pasa también por incrementar el gasto militar en España. Lo que de rebote supondrá tener que renunciar a proyectos y actuaciones comprometidos. Es el precio a pagar. O eso o dejar en mundo en manos de Trump y Putin, los dos hombres fuertes, uno al frente de una democracia tomada por un club de lunáticos, el otro en una autocracia.
En Vigo hay ahora mismo 42.000 personas que han nacido en el extranjero, de las que casi la mitad ya cuentan con nacionalidad española por naturalización o por orígenes familiares. En su mayoría llegan desde Sudamérica, en una emigración forzada por las circunstancias, en Colombia sociales y en Venezuela, también políticas y económicas. Llegaron para probablemente no regresar a su país, salvo que se haga cumplir a Maduro con el resultado de las elecciones, ganadas ampliamente por la oposición, lo que parece improbable. Viento del Este y del Oeste.
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