Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
A pesar de estar convencido de su propia divinidad, al presidente Sánchez no le da su opinión de sí mismo para tanto como para verse zarandeado por la izquierda de la izquierda a consecuencia de su necesaria posición en el incremento de los gastos militares. Los viejos recordamos con cierta nostalgia aquel primer juego de manos político con el que nos sorprendió el joven Felipe González para meternos a todos en la OTAN sin que nos enteráramos partiendo del discurso antimilitarista y pacifista que se gastaba el socialismo entonces. Felipe entendió muy pronto que el país no se podía quedar fuera de la alianza y puso a trabajar a todos sus benditos cerebros prácticamente sin estrenar, para tratar de buscar una fórmula que nos permitiera decir que Sí al pacto del Atlántico Norte sin traicionar una tradicional imagen anti imperialista y anti yanqui que entonces se llevaba mucho y definía de forma muy diáfana a la juventud intelectual y universitaria que nacía a la democracia.
En sus sueños de seductor, Sánchez no se veía a sí mismo cuestionado precisamente por elevar el gasto en armamento –a él no le gustan nada los términos que definen con propiedad este posicionamiento y prefiere echar mano del subterfugio que maquillan la realidad como hace siempre- pero resulta que Yone Belarra, la que fue hasta hace poco su ministra, ahora se moviliza en su contra, lo llama embustero y criminal y le monta campañas en las que utiliza la vieja casuística de aquella aulas de la Transición defendiendo hoy la idea de que Putin no es una amenaza. Los herederos de la cofradía de “la ceja”, o sea los artistas entre los que no puede faltar Javier Barden como es natural, ya están recogiendo firmas y plantándose ante el Congreso como en su momento hicieron mucho más jóvenes con Aznar y la intervención en el conflicto de Irak, una situación que supongo pone del hígado al presidente. Sospecho que ha puesto a trabajar a toda su fontanerías para que le modele una fórmula que le permita salir con bien de esta situación tan desagradable. Como ha resuelto no pasar por el Congreso para explicar con luz y taquígrafos los pormenores del gasto, y no tiene presupuestos, nadie en el mundo –salvo quizá Montero y Bolaños- sabe cómo se va a reflejar el dinero en las cuentas del Estado y, sobre todo, de dónde va a salir. La vida da muchas vueltas y nunca digas nunca jamás.
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