Vicepresidenta fin de ciclo

Publicado: 26 feb 2026 - 01:10
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En este teatro de lo absurdo en el que se ha convertido el país tras un contumaz y decidido ejercicio de chifladura permanente, el asunto que más destacaba en el día de ayer era la renuncia definitiva de la vicepresidenta Yolanda Díaz a seguir liderando la formación política Sumar que ella misma se había sacado de la chistera en 2.023, como solución aglutinadora al conjunto de agrupaciones atomizadas en un mismo espacio político a la izquierda del PSOE, y como herramienta electoral para los comicios generales convocados ese año. La gallega utilizaba como armazón para esta nueva propuesta su anterior idea, Unidas Podemos, para construir sobre esa base una alternativa capaz de aunar voluntades y pretensiones en torno a un difuso conjunto de ideas más o menos banales pero suficientes para despertar algún interés. Consiguió liar a veinte formaciones echando mano de un discurso inflamado y palpitante que en realidad estaba por completo en blanco pero que, mediante los acentos dramáticos con que lo dotó su promotora y la imagen progre y falsamente casual de ella misma, acabó concitando un número de adhesiones que acabó sorprendiendo a ella misma.

De hecho, Yolanda Díaz, que tiene fama de ambiciosa irrefrenable capaz de cualquier cosa con tal de salirse con la suya, se comió vivo a Pablo Iglesias y acabó siendo vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo utilizando una dialéctica de mucho empuje que en el fondo de su ampuloso y a veces ininteligible parlamento, no dice nada y sigue sin decir nada. Famosas son algunas de sus efervescentes e incomprensible intervenciones que se han convertido en virales y huéspedes con todo merecimiento de una posible antología del disparate.

Lo que pasa es que, como dijo Abraham Lincoln, uno puede engañar a muchos durante mucho tiempo pero no puede engañar a todos y todo el tiempo. El periodo de gracia otorgado a Yolanda Díaz se ha agotado y ella misma ha comprendido que usando la táctica del encantamiento no se puede mantener eternamente sin que se vean resultados. Por eso, y cumpliendo los augurios que ya lo cantaban a coro desde hace mucho tiempo, ha resuelto ir preparando la marcha. Se despide con un torrente de palabras vacuas como siempre ha sido. Pero se despide que ya va siendo hora.

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