Jenaro Castro
El desembarco de Simón
De la misma forma que sabe lo que hizo Hernán Cortés en México hace quinientos años, es más fácil que supiera que México es un narcoestado, que la violencia se ha apoderado de sus calles, que allí la vida no vale nada y que Cancún y la Rivera maya son un remedo de Benidorm, antes de ir allí a pecho descubierto a ponerse en peligro de muerte.
La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha podido generar un conflicto diplomático entre México y España si la presidenta mexicana no hubiera respondido con ironía a las declaraciones de la presidenta madrileña, que como representante del Estado español debía haber medido sus palabras tanto allí como al llegar aquí.
Por menos de eso cualquier gobierno llama a capítulo al embajador español y le pide explicaciones. Lo grave es que tras los incidentes que llevaron a que abortara su agenda se pasó cuatro días con su miedo a cuestas, se supone que sin salir del hotel porque el Gobierno al que no había pedido ayuda no le brindó protección. Miedo que no tiene el numeroso turismo español que va a Cancún donde seguro que también hay una calle del coño.
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