Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Era un invitado que se esperaba y ya está aquí, cada vez más visible e irritado, decidido a hacerse notar, el movimiento abiertamente hostil hacia los visitantes. Hizo su primera gran aparición en el Morrazo, pero no sonaba raro, las risas con los fodechinchos -que somos todos, no solo los mesetarios- y todo eso. Finalmente, también ha llegado al centro de Vigo para quedarse, como otras fobias antes, como a la instalación de eólicos en tierra o mar y a las nuevas industria. O las autopistas en el pasado, quizá también ahora.
Pongamos algunas cifras. El pasado año Vigo registró cerca de un millón de alojamientos en sus hoteles, una estadística que se mantendrá en el actual período, estabilizada ligeramente al alza. Además, para este 2025 se espera la llegada de 300.000 cruceristas, la cifra más alta de la serie histórica, aunque muy lejos de otros puertos. A Coruña superará los 400.000 y muy por encima se sitúan Cádiz o Málaga, entre otros, en tanto que Barcelona está en otra liga, con millones de embarques. ¿Se puede hablar de saturación? En absoluto, aunque el Puerto, para evitarse problemas futuros, ya ha decidido que 300.000 será el tope de turismo marítimo. Lo que Vigo no quiera se irá a otras partes, por ejemplo a Oporto, que mantiene su interés por incrementar escalas en Leixoes (espera 200.000 pasajeros este año) e incluso la ciudad de Pontevedra a través del puerto de Marín, que, como anunció en Atlántico, dispondrá por fin de un muelle capaz de acoger a grandes buques con cruceristas.
A este número hay que añadir las viviendas turísticas, cuya oferta no hace sino crecer, con 2.100 pisos anotados y unas 10.000 camas disponibles, el doble de plazas que los hoteles. Pero no hay que confundirse: buena parte de estas viviendas no se utilizan para acomodar más turismo sino como arrendamiento convencional, evitando así la ley de vivienda estatal que ha sido un auténtico desastre: menos oferta y más cara. Galicia, salvo en agosto y en algunas fechas de Navidades, se encuentra muy lejos de ser un destino saturado y es probable que nunca se acerque. La turismofobia creciente no sería así sino otro tipo de xenofobia, o quizá un disparo en el pie. Otro más.
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